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Los hermanos sean unidos

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27 de marzo de 2018  

En su Martín Fierro, José Hernández inmortalizó la frase "los hermanos sean unidos, porque esa es la ley primera". Esa ley no es otra que la de la naturaleza, la ley natural, la más asemejable a lo que surge del sentido común.

Siempre con el elevado objetivo de proteger a los niños y hacer efectivo su derecho a vivir y desarrollarse en una familia, siguiendo el mandato de la ley civil para procurarles los cuidados tendientes a satisfacer sus necesidades afectivas y materiales, cuando no esté en su familia de origen el brindárselos, se ha regulado el instituto de la adopción.

Cada vez hay mayor conciencia sobre lo mucho que resta hacer para perfeccionar una institución cuyo valor para la sociedad nadie pone en duda. Bajo su manto se cobijan los derechos de la niñez desamparada, a la vez que se abre un cauce para todos aquellos que tengan amor para brindar, con generosidad y sin condiciones.

No hace mucho, la Justicia tuvo que resolver un caso de guarda, previa a la adopción, de un grupo de cinco hermanos que ya habían sufrido mucho con su familia de origen y que habían pasado, además, cuatro años de institucionalización, lapso por demás excesivo. En primera instancia se otorgó la guarda separada de los hermanos, y el defensor de menores apeló.

La Sala B de la Cámara Civil de la Capital, en noviembre del año pasado, revocó la resolución que separó a los niños apoyándose en la norma del Código Civil y Comercial que establece que deberá tenerse en cuenta, en materia de adopción, la importancia de la preservación de los vínculos fraternos, priorizándose la adopción de grupos de hermanos en la misma familia adoptiva.

La Cámara instó a extremar los esfuerzos para evitar la separación de los hermanos y fijó un plazo de 60 días para intentar localizar a eventuales adoptantes. Para el caso de que se compruebe imposible, propuso incluso separar a los hermanos en subgrupos, como una suerte de mal menor que preserve en alguna medida la unidad fraternal.

Destacamos la sentencia, por su humanidad y sensibilidad, basada en un sólido sentido común, y por su afán de buscar la mejor solución. De lograrse el fin buscado, habría una familia en la que dos padres habrán ahijado a cinco hermanos unidos. Nada mejor se podría pedir.

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