Harta de los juegos de Putin, la OTAN lanza un mensaje de unidad

Luisa Corradini
Luisa Corradini LA NACION
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27 de marzo de 2018  

PARÍS.- El mundo entró ayer resueltamente en la segunda guerra fría de su historia. Con la masiva expulsión de diplomáticos rusos -decidida por Estados Unidos, Canadá y 20 países europeos en solidaridad con Gran Bretaña-, las capitales occidentales enviaron un fuerte mensaje de advertencia al presidente Vladimir Putin : los miembros de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) están sólidamente unidos y no permitirán que Rusia siga "utilizando métodos de gánsteres", como dijo la primera ministra británica, Theresa May , la semana pasada ante la Cámara de los Comunes.

Los asesinatos de espías en Gran Bretaña y en otros países no son un episodio banal. En política y en derecho internacional constituyen "una agresión a la soberanía", recordó ayer el presidente francés, Emmanuel Macron . Aun así, no son la única razón de la cólera occidental.

A ese comportamiento se agregan los ciberataques, las injerencias e intentos de desestabilización en las elecciones norteamericanas de 2016 y en varios países europeos en 2017, los vuelos agresivos efectuados por la aviación rusa cerca de buques de Estados Unidos, la presencia de submarinos cerca de las costas occidentales o la carrera armamentista emprendida por Putin en los últimos años.

A ese espeso dosier, además de la intervención en Siria, se agregan la guerra expansionista en Georgia, la anexión de Crimea, la estrategia de desestabilización y los intentos separatistas desplegados en Ucrania, temas que -contrariamente a lo que piensa el Kremlin- Occidente no olvidó ni perdonó.

Esta nueva escalada refleja con claridad el agotamiento de la paciencia occidental tras el envenenamiento del exespía Sergei Skripal y la serie de 14 asesinatos -aún sin confirmar- atribuidos a los servicios de espionaje de Moscú que operan fuera de las fronteras rusas: el FSB (Servicio Federal de Seguridad, heredero de la siniestra KGB) y el SVR (Servicio de Inteligencia Exterior), similar al MI-6 británico y a la CIA, que -al menos en teoría- solo pueden operar afuera de las fronteras.

Aliados unidos

Reafirmar la unidad de la OTAN es un gesto clave después de la política errática desarrollada por Donald Trump desde su llegada al poder con respecto a la alianza occidental.

En el último año, Moscú dio la impresión en algunas ocasiones de estar dispuesto a explotar las fisuras que aparecen en esa organización, en particular debido a la equívoca actitud de Turquía, que el Kremlin se esfuerza en aprovechar.

Con su mensaje de ayer, los aliados demostraron que el artículo 5 de la Carta de la OTAN conserva su plena vigencia: con la expulsión masiva de diplomáticos -en su mayor parte espías- "le dijimos al gobierno ruso que, cuando ustedes atacan a un amigo, deben asumir las consecuencias".

En la cumbre de la OTAN de Bruselas, en junio pasado, Trump había rehusado reafirmar el compromiso de Estados Unidos con ese punto esencial de la doctrina occidental. Pero su gesto de ayer muestra que, a pesar de sus incoherencias, Washington respeta el dogma fundamental que permitió a los aliados ganar la Guerra Fría (1946-1991).

Ese mensaje representa también una forma de señalarle a Putin la imprudencia que significa lanzarse a una nueva guerra fría, entre otras cosas porque -al igual que en aquellos años- la frágil economía rusa es incapaz de resistir la sangría financiera que exige una carrera armamentista.

Convertida en "potencia regional", como la definió Barack Obama con el obvio objetivo de menospreciarla, Rusia parecería estar dirigida por un presidente que sigue pensando con los parámetros de Nikita Kruschev o Leonid Brezhnev.

Pero a diferencia de esa época, Rusia no tiene el apoyo del "bloque del Este", carece de países proxies que defiendan sus intereses en otros continentes -como era el caso de Cuba o Angola-, está cada vez más aislada a nivel internacional y -elemento aún más significativo- un nuevo jugador en los últimos años se incorporó al tablero geopolítico internacional: China es ahora una superpotencia que defiende sus propios intereses.

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