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El metalúrgico que participó del primer vuelo en el país y creó una empresa centenaria

Fabricación de cocinas en la planta de Longvie
Fabricación de cocinas en la planta de Longvie
Carlos Manzoni
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12 de abril de 2018  • 00:44

Raúl Zimmermann juntó algunos fierros y herramientas en el jardín de su casa, y se enfrascó largas horas hasta darle forma al invento que daría origen a una compañía centenaria: un termotanque eléctrico con encendido automático. Corría el año 1918 y nacía Longvie, una empresa familiar de electrodomésticos por la que ya pasaron cuatro generaciones y que hoy factura $1236 millones por año.

Muchos asocian su marca con "Larga vida", ya que "long" en inglés significa larga y "vie" en francés significa vida. Pero la elección del nombre fue tan simple como lo era aquel joven empleado en Talleres Metalúrgicos San Martín: abrevió Longeville, que significa villa grande, y que era el cartel que designaba en aquel tiempo a su casa (así se estilaba a principios de siglo).

Antes de ese logro, Zimmermann se había ganado cierta fama debido a un curioso incidente: se puede decir que gracias a él se hizo el primer vuelo mecánico en Sudamérica, en 1910. El francés Henri Brégi, que haría ese viaje, rompió biela y acudió desesperado a Jorge Newbery, que le dijo: "El único que puede solucionar esto es Raúl Zimmermann". El primero le preguntó: "Pero, ¿es ingeniero?". Y Newbery contestó: "No, pero es el único que puede solucionarlo".

Efectivamente, Zimmermann arregló el problema. El 6 de febrero de 1910, después de un carreteo de 120 metros, la aeronave cubrió seis kilómetros y volvió a tierra en un aterrizaje perfecto. Poco después, el 15 de marzo, Zimmerman se convirtió en el primer civil en volar en avión en Sudamérica (antes incluso que el propio Newbery).

Eduardo Zimmermann, bisnieto de Raúl y actual director general de Longvie, cuenta que ese afán de servicio fue transmitido a la siguiente generación. "Un día llamaron después de hora a la fábrica por un problema con un calefón. No quedaba nadie, solo mi abuelo Marcos, que prácticamente vivía ahí. En el acto, sin decir nada, mi abuelo tomó el portafolio con un par de herramientas y fue él mismo a hacer la reparación. El cliente nunca se enteró que él era el dueño de la compañía", recuerda Eduardo.

Longvie es una de las pocas empresas familiares que llegaron al siglo de vida en la Argentina (en octubre cumple 100 años). "Una generación la fundó, la segunda desarrolló nuevos productos, la tercera la ordenó comercialmente y la cuarta (actual) tiene el desafío de regionalizar la compañía. En vez de expulsar a la familia, la tratamos de incorporar, porque todos quisimos seguir con esto", explica Eduardo.

Marcos Zimmermann la empezó a dirigir a mediados del siglo XX y le dio tinte industrial y de desarrollo. "Cuando mi abuelo fue muy mayor, mi padre, Raúl, tomó las riendas de la compañía. Ordenó la empresa junto con mi tío, Rafael, porque le dieron impulso comercial para desarrollar productos de importación: hemos comercializado lavavajillas, heladeras, microondas y hornos", detalla el empresario.

La empresa tiene otra cucarda para colgarse: cotiza en Bolsa desde 1962. Por eso es fácil saber que en 2017 facturó $1236 millones de pesos. Hoy tiene 780 empleados y fabrica 300.000 unidades por año (en 2015 tuvieron récord de 390.000 unidades) distribuidas entre todas sus líneas.

Inversiones y expansión regional

En 2008, la familia hizo la inversión más grande de su historia. Desembolsaron US$10 millones en la fábrica que tienen en Catamarca para renovar todas las instalaciones de lavarropas. "Hicimos un convenio con la italiana Candy para que nos aportara tecnología y know how en lavarropas, mientras que nosotros le brindábamos una planta puesta a nueva. Gracias a eso, tenemos una planta de un nivel tecnológico muy interesante para la Argentina y hoy seguimos con este acuerdo", dice Eduardo.

A nivel global, Longvie tiene una participación de 8% y compite con marcas como Whirlpool, Drean, Orbis, Domec y Volcán, entre otras. El mercado total mueve entre todas las líneas que comercializa la compañía unas cuatro millones de unidades. "Tenemos 1000 clientes activos (desde uno chico que vende una cocina por mes hasta grandes como Garbarino, Frávega, Ribeiro, Musimundo y Rodó, entre otros). Estamos en todo el país, con más de 330 services oficiales", detalla el ejecutivo.

En cuanto a la marcha del negocio en la actualidad, Zimmermann afirma que hoy todos los segmentos crecen, aunque sea un poco. Dentro de esos mercados, aclara, Longvie se mueve en precios altos, con lo que dependiendo de la billetera del consumidor, les puede ir mejor en época de bonanza y peor cuando a la gente le cuesta llegar a fin de mes. "Los años 2016 y 2017 fueron inestables en ese sentido, con lo que los que más se vendieron fueron productos más baratos que los nuestros", concluye.

Como referencia de lo que ocurrirá en el futuro, Eduardo comenta que hace dos años abrieron una filial en Colombia, la primera de la empresa fuera de la Argentina. Ese es el puntapié inicial de un proceso de regionalización que empezó en el jardín de un empleado de taller, se expandió por todo el país y ahora quiere trascender las fronteras nacionales. Algo que nunca imaginó Cristian Zimmermann, el primero de la familia que, en 1816, llegó a estas tierras desde su Alemania natal.

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