Músico clave en Catupecu Machu, ahora, Macabre busca ampliar sus horizontes

"Mis ídolos fueron personas multidisciplinarias, como Henry Rollins o Glenn Danzig", remarca Macabre
"Mis ídolos fueron personas multidisciplinarias, como Henry Rollins o Glenn Danzig", remarca Macabre Fuente: LA NACION - Crédito: Daniel Jayo
Nuevos espacios. Tras la disolución de su exbanda, el artista amplía su horizonte con una flamante grupo, Maleboux, mientras produce otros talentos para su proyecto digital Brabacam
Sebastián Ramos
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28 de marzo de 2018  

Flaco, alto y vestido con ropa de mujer que por esos días le prestaba su novia bisexual, Martín Ariel González se convertía en DJ Macabre en las noches del ya mítico Ave Porco, a mediados de la década del 90. "En esa época tocaba en Totus Toss y flasheaba con mezclar la electrónica con el rock, algo que todavía era una rareza para la escena. Me empecé a comprar teclados y a bajarme programas precarios, y conocí a un pibe que tenía una caja de ritmos y un teclado. Armamos un dueto y le ofrecimos a la gente de Ave Porco tocar a cambio de que nos dejara entrar gratis, de jueves a domingo. A partir de ahí dejé de ser Martín Ariel González y fui Macabre para siempre", cuenta quien hoy, más de veinte años después, reparte su visión creativa en partes iguales como músico, DJ, productor y director de su propio sello digital.

Reconocido en los últimos años por timonear la dirección musical de Catupecu Machu, Macabre acaba de armar un nuevo grupo, Maleboux, luego de que Fernando Ruiz Díaz decidiera impulsar su proyecto Vanthra, para dejar descansar, al menos por un tiempo, su nave insignia. "Maleboux era una idea que estaba dando vueltas desde hace tiempo, ligada en cierto punto también a mis sets como DJ", asegura Macabre sobre el trío que comparte con sus amigos Agustín Rocino (baterista también de Catupecu) y Leandro Spatola (bajista de Sick Porky). "Ellos siempre me acompañaban adonde ponía música y eran medio como los bailarines del DJ. Entonces pensamos que estaría bueno que Agus suba a tocar percusión y Lean algunos bajos y remixar temas en vivo. Nunca lo terminamos de concretar, pero cuando decidimos hacer el parate con Catupecu fue algo que surgió de manera natural".

Con un EP ya editado digitalmente ( Perfume solar) y otro listo para salir en estos días, Maleboux hará su debut oficial en el festival Wine Rock, que se realiza anualmente en la bodega Monteviejo, en Valle de Uco, Mendoza. "Queremos descentralizar el concepto de banda, que si bien somos nosotros tres los que componemos y tocamos, la idea es que pasen cantantes, de diferentes estilos y amigos, y se sumen a la propuesta. Algo parecido a lo que pasó en los shows de la última gira de Gorillaz, donde por más que Damon Albarn sea el líder del grupo hay temas que está tirado atrás y ni lo ves; que si el cantante que grabó originalmente no está, va por pantalla, grabado, y listo. Hoy no se puede cuestionar si el cantante está grabado o la batería es electrónica. Ese formato de show me parece increíble, un show más allá de los creadores y de los instrumentistas, con el único objetivo que la gente la pase bien y con la premisa que haya un beat bailable. Siempre mover la pata, ya sea desde el hip hop o el funk o la electrónica".

Pero las inquietudes de este artista atraviesan todo el arco productivo relacionado con la música y, además de producir a diferentes bandas, el mes próximo celebrará los dos años de su propio sello digital, Brabacam. "Mis ídolos fueron personas multidisciplinarias. Me alucinó que Henry Rollins pudiera escribir libros, grabar spoken words y que tenga su sello. Como Glenn Danzig, que tenía su editorial y al mismo tiempo hacía cómics. Dentro de la música me alucina todo, no solo la parte de instrumentista. Me gusta disparar los temas como DJ, tocarlos, producirlos, grabarlos y también editarlos como sello. Una cosa me hace crecer en la otra. El estar en la pista como DJ me dio lecciones para producir música con sonidos nuevos y al armar el sello, eso me dio pautas para saber cómo difundir lo que produzco".

Para Macabre, crear el sello fue la respuesta que encontró para que los discos que producía no terminaran cajoneados por las discográficas o dando vueltas al azar. "Desde hacía un tiempo venía investigando los sellos digitales, el streaming y empecé a ver una luz donde antes para mí había algo muy oscuro. Entonces decidimos con Sebastián Barbui, que hoy es mi socio en Brabacam, encarar un sello donde la única premisa fuese que tuviera determinada vara de calidad, sin la necesidad de agrupar artistas de un solo género".

Así las cosas, en Brabacam se puede encontrar al guitarrista flamenco Mariano Manzella, a una leyenda del tango como Amelita Baltar (Barbui produjo el álbum El nuevo rumbo, donde la cantante grabó con Luis Alberto Spinetta, Pedro Aznar y Ruiz Díaz, entre otros), noveles raperos como Zero o cantautores por fuera de cualquier tipo de etiqueta como el bandoneonista y guitarrista Mariano Godoy. "Nosotros tenemos una estructura muy chica, pero los músicos me llaman un domingo a la noche y yo quiero solucionar su problema. El compromiso que tenemos con los que están es real. No firmamos cosas que no nos gustan", concluye para remarcar el espíritu bohemio de Brabacam.

Catupecu: ¿final o parate?

"Lo que pasó, como todo lo que tiene que ver con Catupecu, fue largo y complicado", arranca Macabre para explicar la decisión tomada por la banda el año pasado. "Pero fundamentalmente creo que después del accidente de Gaby (Gabriel Ruiz Díaz, compositor, arreglador y alma musical de Catupecu desde su formación, hasta 2006, cuando sufrió un accidente automovilístico en el que perdió parte de su masa encefálica) estuvimos con el pie en el acelerador sin parar. En el intermedio hubo muchos cambios, no solo de músicos, sino de estructura, y por el ADN que tiene Catupecu todo eso nos afectó mucho".

Macabre señala que la analogía futbolera de lo que sucedió tras el accidente sería como haber seguido jugando desgarrado. "Seguimos jugando por amor a la camiseta. Fue algo terrible, que uno nunca termina de entender. Gaby no era un músico más, fue mi amigo y mi mentor. Y bueno, decidimos seguir, y hacer un disco y otro, y una gira tras otra. Surgieron proyectos buenos y después vino toda la movida de los 20 años y seguimos para adelante. Pero llega un momento en que te explota el músculo".

-¿Creés que en el futuro habrá más discos de Catupecu?

-No sé, habrá que ver hacia dónde nos llevan nuestros proyectos. Pero es bastante probable y cuando sea, vamos a estar con la energía necesaria para eso. El amor está intacto y todas estas cosas que golpearon la estructura fortalecen los nexos. Nos conocemos desde que tenemos 15 años. Ahora está bueno poder experimentar otra cosa, dedicarnos a producir bandas, terminar nuestro estudio de grabación. A futuro, seguramente nutrirá más lo otro.

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