Spielberg y los videojuegos, una obsesión que suma la ruina de Atari y otros fracasos

Los avatares de los protagonistas de Ready Player One
Los avatares de los protagonistas de Ready Player One Crédito: Warner
El director hizo muchos intentos de llevar sus creaciones al mundo de las consolas, desde E.T. en los ochenta, pero nunca funcionaron como en el cine
Pablo Planovsky
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28 de marzo de 2018  

En 2009, Steven Spielberg sorprendía a la audiencia en la E3 -el evento anual más importante de la industria de los videojuegos- al subir al escenario para promocionar una nueva tecnología para Xbox 360. Se trataba de Kinect, un dispositivo que permite controlar e interactuar con la pantalla sin necesidad de un control. "Esto hace posible cambiar el paradigma de la narración. No se trata de reinventar la rueda: se trata de no necesitar la rueda en absoluto", aseguraba Spielberg junto a Don Mattrick, de Microsoft, que presentó al director de La lista de Schindler como "un verdadero gamer".

La relación de Steven Spielberg con los videojuegos no es nueva: en 1982 la compañía Atari fue responsable de transformar a E.T. en un juego en dos dimensiones. Considerado el peor videojuego de la historia, fue en parte responsable de la crisis financiera que casi acaba con la industria gamer en 1983. Sería el principio del fin para Atari, el gigante electrónico que perdió 536 millones de dólares solo con ese título.

Cinco semanas antes del lanzamiento del juego y la catástrofe, el propio Spielberg le preguntaba a los desarrolladores si no podían hacer "algo más parecido a Pac-Man". ¿Qué pasó con los millones de cartuchos de E.T. que no se vendieron? Terminaron sepultados en el desierto de Nuevo México, un mito urbano hasta que fueron desenterrados en 2013.

El próximo intento de incursionar en el medio fue con The Dig: un videojuego basado en una idea que Spielberg tenía para su programa de televisión Amazing Stories. El estudio encargado ya no fue Atari, sino LucasArts, de George Lucas, que explotaba otros aspectos de sus videojuegos, más enfocados en el desarrollo del guion que en la habilidad motriz requerida para jugarlos. La adaptación de Indiana Jones y la última cruzada por parte de LucasArts había impresionado a Spielberg que, no obstante, exigió al estudio que eliminara la sangre y la violencia en The Dig, preocupado por las quejas que había suscitado el estreno de su película Jurassic Park. Aunque el juego fue muy bien recibido por la prensa especializada, no consiguió alcanzar el éxito de otros títulos de la empresa como la serie Monkey Island o Full Throttle.

En 2005 Steven Spielberg comenzaría su incursión como game designer: "Mis hijos disfrutan más jugando con la Wii que con la Playstation 3", y de esta manera anunciaba su colaboración con Nintendo y Electronic Arts. La consola de Nintendo rompía con el modelo tradicional de joystick y requería que el jugador participara de manera más activa (y física) con aquello que sucedía en la televisión, casi como si fuera la antesala de Kinect (y de la realidad virtual que pregona Sony con PSVR). El juego que Spielberg diseñó era uno de puzzles que, aunque tuvo críticas muy positivas, no fue un éxito de ventas. EA canceló los siguientes proyectos junto al director de Minority Report.

En Ready Player One al villano, Nolan -el CEO de una multinacional que busca monetizar el mundo virtual-, le "soplan" las referencias sobre la cultura pop mediante un auricular para engañar a los más jóvenes y aparentar "estar en onda". En la película los guiños están a la orden del día, aunque los cameos parecen no ser tanto una celebración del medio, sino una manera de promocionar algunos productos de Warner Bros. (Goro de Mortal Kombat, el villano de Arkham Knight, la moto de Akira y las referencias a Matrix: todos proyectos presentes o futuros de Warner). Aparecen, también, otros personajes de videojuegos como Tracer, de Overwatch, o Master Chieff, de Halo. Y Spielberg es el productor de la adaptación para TV de Halo, la franquicia insignia de Microsoft. Pese a que el proyecto para hacer la serie fue anunciado en 2013 (con Neil Blomkamp, en ese entonces, como director del piloto), el rodaje recién empezaría este año.

Apenas cuatro años después de su presentación en la E3, el mercado ya no mostraba mucho interés por Kinect. El productor de las películas de Transformers de Michael Bay insistía con que para lograr la inmersión había que dejar atrás los joysticks y apostar por la tecnología de Xbox, porque los videojuegos son incapaces de generar empatía con el espectador: "Algunos hasta intentan tener una trama, pero no son Shakespeare. Por naturaleza, un partido de fútbol no puede tener trama".

En 2017 Microsoft abandonaba la producción del dispositivo, que se convertía en el pasado del futuro con el que soñaba Steven Spielberg.

Un crítico de las redes sociales

"Estoy preocupado por la gran invasión que ejercen las redes sociales en nuestra privacidad. En ese sentido me parece que estamos como en el Lejano Oeste, en medio de una sociedad sin leyes. Pero al mismo tiempo me preocupa también caer en otro peligro, el de la regulación excesiva, porque puede anular la libertad de expresión". Hace un par de días, frente a medios italianos, Steven Spielberg expresó algunas de sus inquietudes respecto del futuro, con un disparador en el presente: el conflicto por el manejo político de los datos de los usuarios de Facebook. Al mismo tiempo, Spielberg opinó que las películas producidas por Netflix no deberían participar de la competencia por el Oscar. Dijo que no corresponde nominar a ese premio a títulos que no pueden ser vistos por un tiempo razonable en la pantalla grande. "Deberían competir por los Emmy", recomendó.

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