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España trituró a la Argentina y le dio una paliza estructural

Cristian Grosso
Cristian Grosso LA NACION
Maxi Meza, en su estreno, rodeado de rivales; España le propinó un sonoro cachetazo al seleccionado
Maxi Meza, en su estreno, rodeado de rivales; España le propinó un sonoro cachetazo al seleccionado Fuente: LA NACION - Crédito: Fernando Massobrio
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27 de marzo de 2018  • 18:39

España trituró a la Argentina, la hundió en su realidad. Ni Messi hubiese podido disimular la paliza porque en 90 minutos explotaron años de descuidos. Una escuela arquitectónica contra el desafinado fútbol argentino. Como una alegoría. Un vendaval que, en la antesala de la Copa del Mundo, apagó las titilantes luces del ciclo de Sampaoli. El equipo quedó a oscuras frente al resplandor de España."Lo que nosotros buscamos, España lo tiene consolidado", aceptaba Sampaoli en la antesala del amistoso. La improvisación colectiva de la Argentina desnudó su presente. Golpeó contra el fondo, porque los seis azotes sirvieron para calibrar su agobiante regresión estructural.

Los jugadores de Lopetegui someten a sus adversarios, acorralándolos contra límites que prácticamente solo ellos consiguen. Pero estos son los rivales que marcan el destino en un Mundial. Ellos son la bisagra entre participar, competir o ir por el título. Quedó a la vista que habitan en galaxias distintas. Por si hacían falta nuevas comprobaciones, únicamente por Messi la Argentina puede recibir un barniz de candidato. La selección ni se acerca a la talla de España, porque aunque ofreció valentía para intentarlo, le faltó circuito y jerarquía. Fuelle, variantes, agresividad, posición. Contra España podría ser el cruce en los cuartos de final del Mundial si ambos ganan sus respectivos grupos. Una cima casi inaccesible para una selección a la que se le notaron demasiado las costuras.

Sampaoli busca y revuelve detrás de un armazón táctico. Le cuesta afirmar alguno, pero más allá de sus cavilaciones, tampoco hay respuestas individuales que le permitan atornillar un dibujo. Más, un estilo. El entrenador soñaba con el reencuentro de los Cuatro Fantásticos en esta gira. Mascherano y Biglia volvieron a compartir el mediocampo. Registros algo sepia, pero habrá que aceptar que no hay mejores. O, al menos, en los instantes trascendentes, no lo demuestran. Fallan los viejos y desentonan los nuevos, un círculo decepcionante.

España o Alemania siguieron un patrón y alumbraron un recambio. Se rejuvenecieron. Buscaron opciones y cosecharon respuestas. A la Argentina le falta entendimiento, hábitos, sincronía, coberturas. Contra algunos rivales se puede maquillar, pero España es cruel. Demasiada tarea hasta para Messi, el restaurador más iluminado. Rusia le puede cobrar a la Argentina sus últimos años de abandono y desquicio en materia de selecciones.

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