Las gracias perdidas

Sergio Sinay
Sergio Sinay PARA LA NACION
(0)
1 de abril de 2018  

Fuente: LA NACION - Crédito: Enriquez

¿Qué es una virtud?, se pregunta el filósofo francés André Comte-Sponville en su Pequeño tratado de las grandes virtudes. Y, tras repasar el tema desde Aristóteles en adelante, se responde que una virtud es el esfuerzo por comportarse bien. Moralmente bien, es decir, hacia y con el otro, el prójimo, el próximo. Una virtud, concluye, es un valor moral encarnado, vivido, convertido en acto. Y subraya que las virtudes no se enseñan por los libros, sino por el ejemplo.

Si las virtudes se verifican en los actos cotidianos y se aprenden por el ejemplo, estamos ante un panorama preocupante. La gratitud (llamémosla también agradecimiento) es una virtud cuya desaparición progresiva y galopante es fácilmente verificable en la vida cotidiana. Pequeños y sencillos actos como abrir una puerta para que pase otra persona, esperar con el ascensor detenido a que llegue el vecino que acaba de entrar al edificio, ceder un asiento, alcanzar un salero o un servilletero parecen no merecer un gracias para muchas personas beneficiadas por esos gestos. Tampoco decirle esa breve palabra de siete letras a un mozo que sirvió el café, a alguien que cedió el paso en un molinete o, en fin, expresarla en las numerosas oportunidades que se presentan a lo largo de un día.

Las virtudes, dice Comte-Sponville, no caen por su peso. Se aprenden y se practican. Por lo tanto, es posible desconocerlas. Basta con no haber tenido ejemplos o con haberlos olvidado. Basta con haber perdido el hábito de practicarlas. Y eso es lo que parece estar ocurriendo. El desconocimiento de la palabra gracias y de lo que ella significa. Porque gracias indica que hemos recibido algo. Que se nos dio. Que se nos vio. Que se nos reconoció. Que alguien, a través de un mínimo gesto, nos dijo que existimos. Por todas estas razones, dar las gracias es un acto cuya profundidad y trascendencia va mucho más allá de una simple cuestión de urbanidad o de buenas costumbres, aunque también tenga que ver con esto.

El filósofo austríaco Josef Seifert, fundador de la Academia Internacional de Filosofía, con sede en Liechtenstein, enunció en unas jornadas pedagógicas los valores que considera esenciales para la exploración del sentido de nuestras vidas. El respeto, la gratitud, la paciencia, la humildad, el arrepentimiento y el perdón (juntos), la esperanza y el amor (juntos). De la gratitud dice que es fuente esencial para el conocimiento del sentido y de lo que hay de bueno en nuestras vidas. Lo cierto es que cualquiera de esos actos y gestos nombrados en el principio de esta columna, que en apariencia son nimios e intrascendentes, mejoran las vidas. Agradecer, dice Comte-Sponville, es recordar que algo ha sucedido. Y es recordarlo con alegría. Es que, en efecto, algo ha sucedido. Nos sirvieron un café, nos abrieron una puerta, esperaron a que llegáramos, nos cedieron el paso, nos ofrecieron un asiento, nos sonrieron, nos preguntaron si necesitábamos algo, levantaron y nos entregaron algo que se nos cayó. No son tonterías. Se trata del hilo invisible con que está bordada la convivencia humana.

¿Cuesta tanto, ante esa evidencia, decir simple y sencillamente gracias? Pareciera que sí, que cada vez más personas han extraviado esa palabra en sus vocabularios. Y como las palabras no son solo letras o sonidos, sino que también representan y crean, la pérdida de una de ellas, sobre todo de una que la escritora y terapeuta austríaca Elisabeth Lukas considera "un bálsamo para el alma", no solo empobrece a quien la extravió, sino que lastima a quien no la recibe. Mientras aún sea tiempo habrá que buscar las gracias perdidas hasta reencontrarlas. Sobran las oportunidades para hacerlo.

temas en esta nota

0 Comentarios Ver

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.