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El hombre que se puso sobre los hombros la misión de reconstruir la capital arrasada de Estado Islámico

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29 de marzo de 2018  • 20:56

MOSUL, Irak.- Sentado en la punta de un montículo de escombros, Abdelsattar al-Hibbu observa los restos de la oficina que ocupaba en el segundo piso: solo queda hierro doblado y piedras centenarias reducidas a polvo tras un ataque aéreo.

"Solía mirar el río desde mi ventana", dice con nostalgia Hibbu, mientras recuerda la batalla de nueve meses del año pasado en Mosul, que liberó a la ciudad de las tropas de Estado Islámico y causó la destrucción de decenas de miles de edificios. "Mire lo que es ahora".

Hibbu está a cargo de la Municipalidad de Mosul y enfrenta la titánica tarea de reconstruir la segunda ciudad más grande de Irak. Es un megaproyecto que podría llevar años y que requiere miles de millones de dólares, pero su administración cuenta con muy poco dinero.

"¿Qué se supone que tenemos que hacer, excavar el dinero de la tierra?", se pregunta Hibbu, un hombre alto y robusto de poco más de cuarenta años que quiere restaurar el relato del pasado de su ciudad como importante centro de cultura y de aprendizaje.

La Ciudad Vieja de Mosul, devastada después de la batalla que terminó en la expulsión de las milicias de Estado Islámico
La Ciudad Vieja de Mosul, devastada después de la batalla que terminó en la expulsión de las milicias de Estado Islámico Fuente: Reuters

Sus luchas diarias reflejan los desafíos que enfrenta una ciudad a la que se considera vital para estabilizar Irak. Mosul, que supo tener dos millones de habitantes, ha perdido unos 700.000 ciudadanos desplazados, y según estimaciones del gobierno federal, necesita por lo menos 2000 millones de dólares para su reconstrucción. Antes de la guerra, tenía un presupuesto administrativo de 80 millones de dólares por año; ahora no se sabe cómo pagará sus cuentas.

A mediados de enero, Hibbu dijo que todavía no tenía presupuesto para 2018, pero que la ciudad necesitaba 75 millones de dólares solo para mantener los servicios básicos. Hibbu creía que podría obtener 10 millones de dólares del Ministerio de Municipalidades y Trabajos Públicos, una oficina del gobierno federal en Bagdad que supervisa los gobiernos municipales.

Tampoco espera mucho del gobierno provincial, que en otra época le destinaba a Mosul cerca de 60 millones de dólares por año y donde ahora reina el desconcierto tras la suspensión del gobernador debido a una investigación por supuesta corrupción y tortura de periodistas. El gobernador niega todas las acusaciones.

Lo que atemoriza a Hibbu y a los funcionarios occidentales es que la devastación y la falta de ayuda puedan volver a encender viejas disputas sectarias.

La población de Mosul, que es mayoritariamente sunnita, se quejó durante mucho tiempo de la marginación del gobierno central liderado por chiitas, al cual acusaron de tratarlos como ciudadanos de segunda clase y de privarlos de trabajos decentes y posiciones de rango superior en las fuerzas de seguridad. Esos resentimientos hicieron que varios sunnitas de Mosul le dieran la bienvenida a Estado Islámico cuando capturó la ciudad en 2014 y le declaró la guerra a la mayoría chiita de Irak.

El primer ministro iraquí, Haider al-Abadi, lidera la facción chiita que domina el gobierno central y del que desconfían varios sectores de la minoría sunnita en Mosul
El primer ministro iraquí, Haider al-Abadi, lidera la facción chiita que domina el gobierno central y del que desconfían varios sectores de la minoría sunnita en Mosul Fuente: Reuters

Hibbu, que es sunnita, quiere evitar que se reproduzcan las condiciones para que un nuevo grupo de milicias explote la frustración con el gobierno central y ponga en riesgo nuevamente la seguridad de la ciudad.

"Si Bagdad no invierte adecuadamente en la reconstrucción de Mosul, el resultado podría ser peor que Estado Islámico", dice Hibbu. "Esa falta de previsión tendrá consecuencias muy negativas".

Lisa Grande, hasta hace poco coordinadora humanitaria de la ONU en Irak a cargo de la supervisión del programa de estabilización destinado a satisfacer las necesidades humanitarias inmediatas, tiene una visión similar. "Si no estabilizamos esas áreas rápidamente, el extremismo violento podría emerger nuevamente y se podría perder todo lo que se ganó contra Estado Islámico", dijo.

Para Hibbu, es una lucha cuesta arriba. La gente se presenta en su oficina a cualquier hora para hacer demandas interminables: empleados estatales a quienes no les pagan hace meses, trabajadores de la ciudad que necesitan más vehículos para limpiar la basura que empieza a acumularse, empleados de fábricas desesperados por combustible y hasta un pastor en busca de ayuda para transportar sus animales por el centro de la ciudad.

Millones de toneladas de escombros inundan las calles y las cuadras de Mosul, que solo cuenta con dos palas mecánicas para removerlos
Millones de toneladas de escombros inundan las calles y las cuadras de Mosul, que solo cuenta con dos palas mecánicas para removerlos Fuente: Reuters

Muchas personas de la ciudad se sienten abandonadas. En algunas áreas hay grupos de mujeres y chicos cubiertos de suciedad que exploran entre los escombros buscando chatarra para vender. En diciembre, en un basural, una anciana inspeccionaba una fétida pila de basura en busca de algo para rescatar. "Al menos con Daesh -el acrónimo en árabe de Estado Islámico- nos trataban mejor y no teníamos que andar revolviendo basura", dice.

Bazares abandonados

Hibbu se autodefine como un calculador que puede manejar casi cualquier situación después de una carrera como funcionario municipal iniciada hace 17 años bajo el gobierno de Saddam Hussein. Durante la insurgencia de Al-Qaeda, los funcionarios locales, él incluido, fueron blanco de ataques. Hibbu sobrevivió a tres intentos de asesinato y todavía siente dolor a causa de las heridas. Dice que todavía tiene dos balas alojadas en la zona lumbar.

Trabaja un promedio de 18 horas por día. Suele dormir en un colchón que guarda en la oficina y a veces el estrés le juega una mala pasada. Por momentos tiene invitados en su oficina, a quienes deleita con unas tazas de té dulce, después se lo ve gritando por teléfono a los empleados y más tarde dialoga con personas que buscan ayuda.

El río Tigris, que fluye por la ciudad, es una línea que marca un límite en las tareas de reconstrucción. Hacia el este, la zona que pudo evitar lo peor de los combates, buena parte de la vida cotidiana volvió a la normalidad: hay gente en los mercados, las aulas están llenas y el tráfico es constante.

El panorama es mucho más lúgubre hacia el oeste, donde los militantes libraron combates puerta a puerta con las fuerzas que avanzaban hacia la Ciudad Vieja, un laberinto de calles estrechas que data de hace siglos. Los funcionarios estiman que se destruyeron 40.000 hogares en Mosul Oeste. La vida civil acaba de retomar su curso a cuentagotas.

Según Hibbu, de los 200.000 residentes de la Ciudad Vieja, sólo 1000 familias han vuelto, o apenas 5000 personas. Muchos de los desplazados todavía viven en campos de refugiados o se fueron a Mosul Este, lo que también le agregó aún más presión a su ya saturada infraestructura.

Con una infraestructura llevada a la mínima expresión tras tres largos años de guerra contra Estado Islámico, los trabajadores municipales demuelen a mazazos propiedades inhabitables
Con una infraestructura llevada a la mínima expresión tras tres largos años de guerra contra Estado Islámico, los trabajadores municipales demuelen a mazazos propiedades inhabitables Fuente: Reuters

La ONU estima que en Mosul hay un total de 10 millones de toneladas de escombros, y en las calles de la Ciudad Vieja los restos llegan todavía hasta las rodillas. Ropa para niños, libros de texto universitarios y restos humanos se amontonan entre puertas machacadas y planchas de hierro corrugado, los desperdicios de la vida en una ciudad a medio destruir.

Los edificios más altos, que durante la batalla albergaron a francotiradores y fábricas de bombas improvisadas, son montones de hormigón colapsado. Los productos quemados o cubiertos de polvo de los bazares están desparramados fuera de esos negocios que una vez vendieron de todo, desde CD hasta azafrán y relojes usados.

En la plaza principal hay grúas enormes que limpian los escombros y los autos con agujeros de bala y demuelen las estructuras inestables. Hay hombres que barren el polvo y levantan la basura.

"Cada mes avanzamos unos 100 metros en la Ciudad Vieja", dice Hibbu en referencia a los trabajos de limpieza de escombros, mientras pasa por los bazares. "Vamos de a poco, pero es todo lo que podemos hacer con los recursos que tenemos ahora mismo".

Para ayudar a lugares como Mosul, el gobierno iraquí creó un órgano llamado ReFAATO, cuyas siglas en inglés significan Fondo de Reconstrucción para Áreas Afectadas por Operaciones Terroristas. Fadhel Abdel Amir, asesor del Ministerio de Municipalidades, que trabaja en asociación con el ReFAATO, dijo que el año pasado el fondo recibió 400 millones de dólares del presupuesto federal. Pero en realidad, solo se transfirieron 120 millones al fondo, y ese dinero estaba destinado a todas las áreas liberadas de Irak, no solo Mosul.

Según Hibbu, Mosul recibió el equivalente de apenas 252.000 dólares del ReFAATO para 2017. "Eso es más o menos lo que gastamos cada hora", dice Hibbu, frustrado. "No es justo para el pueblo de Mosul". El gobierno central de Bagdad se negó a emitir comentarios.

Hibbu dice que la municipalidad tiene actualmente 1500 empleados, pero necesita 10.000. Gran parte de su maquinaria fue robada o destruida por Estado Islámico. Unas 970 máquinas valuadas en aproximadamente 350 millones de dólares desaparecieron o fueron destruidas, y la ciudad se quedó solo con dos topadoras lo suficientemente pequeñas como para limpiar las calles residenciales.

Para sobrevivir, la ciudad acumula deudas y depende de la paciencia de los trabajadores. Hibbu dice que la municipalidad les debe 7 millones de dólares a los contratistas y a los trabajadores que comenzaron a trabajar en 2017. "Llevamos cuatro meses de atraso en el pago de los salarios", admite.

Las cuadrillas municipales todavía siguen hallando cadáveres entre los escombros, particularmente en zonas de la Ciudad Vieja de Mosul
Las cuadrillas municipales todavía siguen hallando cadáveres entre los escombros, particularmente en zonas de la Ciudad Vieja de Mosul Fuente: Reuters

Las reservas de combustible también son escasas. En las afueras de Mosul hay una planta que fabrica el asfalto vital para la reconstrucción. Su director, Wafar Younis Zanoon, dice que la planta necesita 5000 litros de combustible por día pero sólo consiguen 3000 litros dos veces por semana. "Tenemos que cerrar tres veces por semana", dice.

Hibbu tiene que llevarle calma a personas como Um Russil, madre de dos hijos que en octubre volvió a su hogar en el barrio de Bab al-Jadeed de la Ciudad Vieja. El jefe municipal estaba ansioso por mostrarle que su calle y las aledañas fueron limpiadas de escombros, pero no había ni agua ni electricidad en ningún lugar del barrio.

Um Russil le pidió a Hibbu que acelerara el suministro de servicios básicos para ella y otras tres otras familias que habían vuelto a su calle. "Estoy muy avergonzada de venir a pedirle algo", le dijo mientras se quitaba el polvo de su vestido. "Pero Daesh destruyó nuestras vidas. Ahora mismo solo necesitamos agua corriente". Hibbu, que llevaba un traje elegante, le pidió que revisara el caso a un delegado de su entorno de 20 personas.

Algunos apenas pueden sobrevivir mientras sufren en casas a medio demoler. En un día típico antes de la guerra, un vendedor llamado Moayad, que se negó a dar su nombre completo, solía ganar 10 dólares diarios vendiendo jeans. Ahora dice que con suerte puede ganar 1 dólar por semana.

Pese a la destrucción causada por la guerra, algunas señales de la vida cotidiana comienzan a resucitar en Mosul, como la apertura de una peluquería
Pese a la destrucción causada por la guerra, algunas señales de la vida cotidiana comienzan a resucitar en Mosul, como la apertura de una peluquería Fuente: Reuters

"¿Cómo voy a ganar plata para reconstruir mi casa?", se preguntó un día de frío de mediados de enero. Su hijo mayor murió en un ataque aéreo durante la guerra, y Moayad tuvo que hacerse cargo de su nuera y de sus cinco hijos.

Dice que tuvo que pedirle 25 dólares a su hermana solo para comprar una lona y algunos bloques de hormigón para proteger a su familia extendida de 13 miembros. Teme que aunque aparezca ayuda financiera, el dinero no le llegue a personas como él.

"La mejor solución sería que los donantes internacionales y la coalición nos dieran el dinero directamente a nosotros, que somos los residentes, para reconstruir nuestros hogares y nuestra ciudad", dice Moayad. "Porque si el dinero cae en manos del gobierno, no vamos a ver ni un dinar".

"No fue una jugada inteligente"

A comienzos del año, el gobierno central y los funcionarios de Mosul aprobaron un plan cuya intención era mejorar las tensiones sectarias y controlar la ciudad con mayor eficacia. Se suponía que la policía federal y las poderosas milicias chiitas que garantizaban la seguridad desde la liberación de la ciudad el 10 de julio pasado debían ir desapareciendo gradualmente para darle paso a una unidad del ejército liderada por Najm al-Jabouri, un general popular de la enorme tribu sunnita.

Irak y los funcionarios occidentales participaron del acuerdo para ayudar a los civiles desplazados sunnitas a sentirse lo suficientemente seguros como para volver a la ciudad. Las milicias chiitas habían sido acusadas durante la guerra de asesinatos extrajudiciales de sunnitas sospechados de apoyar a Estado Islámico. Según fuentes militares y gubernamentales, el plan fue postergado indefinidamente debido a un aumento de la violencia en las áreas liberadas.

Las tensiones sectarias todavía son evidentes en la ciudad. En enero, congregados en una plaza central de Mosul, miembros de las milicias chiitas apoyados por Irán y la policía federal mostraron pósters del líder revolucionario iraní Ayatollah Ruhollah Khomeini.

"No fue una jugada inteligente", dice Hibbu, furioso. "¡Tuvimos muchos mártires en la guerra contra Irán, y ahora levantan imágenes de Khomeini!"

Algunas calles y caminos de la ciudad están despejados, pero los escombros y desechos se apilan sobre las veredas donde se funden la roca con el metal
Algunas calles y caminos de la ciudad están despejados, pero los escombros y desechos se apilan sobre las veredas donde se funden la roca con el metal Fuente: Reuters

El desafío de crear armonía entre las sectas también es evidente en los suburbios de Mosul. En una calle que lleva a un basural, los paramilitares chiitas que la patrullan dicen que no tienen la intención de dejar la ciudad.

"Sólo me importa la seguridad", dijo uno de ellos, Jameel Khodr, que carga con un fusil AK-47. Como otros paramilitares, está convencido de que las milicias deben mantener el control de la zona. "Tenemos armas suficientes. Tenemos ametralladoras y granadas propulsadas por cohetes."

Aunque Hibbu lucha por tender un puente entre las divisiones y reconstruir la ciudad, no es ingenuo respecto a las dificultades.

"Irak es ciertamente un país dividido. La gente está dividida, aunque oficialmente no sea así", dice mientras se acomoda en su oficina, pensativo, en el comienzo de lo que sería un largo día. Hasta se preguntó si Mosul y las áreas circundantes se separarían de Bagdad y se volverían autónomas.

"Todos deberían ayudar a reconstruir las áreas liberadas, porque en Irak sufrimos ataques terroristas de todo el mundo". Hace una lista de varios países que participaron de la ruina en que se convirtió su ciudad, desde Irán hasta Estados Unidos. "Todos terminaron en Mosul, donde la coalición le hizo la guerra a los terroristas y destruyeron la ciudad".

Traducción de Jaime Arrambide

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