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Apuntalar y proteger a la familia

Eduardo Amadeo
Eduardo Amadeo PARA LA NACION
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28 de marzo de 2018  

Por la trascendental decisión del Gobierno de aceptar el debate sobre el aborto, este tema ha ocupado la discusión de cuestiones que van desde la sexualidad adolescente hasta el desarrollo integral de las mujeres. Además de proponerse como una solución para comprensibles cuestiones de salud y equidad, se le atribuyen algunas propiedades cuasi mágicas por las que pareciese que, libradas de la maternidad no deseada a través de un aborto, las mujeres pudiesen estar de allí en adelante en mejores condiciones de construir su vida y sostener la relación con sus parejas actuales o futuras.

Pero desarrollar exitosamente la vida en pareja es un proceso muchísimo más complejo de lo que nos sugiere este discurso simplificador. Las cifras confirman algo que sabemos: que la familia tal como la conocíamos va reduciendo su importancia mientras crecen la cohabitación y la inestabilidad en las relaciones; y que las principales víctimas de esta fragilidad son las mujeres y los niños cuando quedan solos, en especial los más pobres. Y no se trata de eventos que suceden solo una vez en la vida de estas personas.

Las madres adolescentes separadas tienen una alta probabilidad de volver a quedar embarazadas, y es muy factible que el primer hijo, luego de 10 años, haya convivido con uno o dos nuevos padres y hermanos, lo que afecta su desarrollo afectivo y su capacidad de desarrollar habilidades para la vida posterior. Y no se trata de situaciones que puedan resolverse utilizando el aborto como reiterado método anticonceptivo. Es cierto que el embarazo no deseado es uno de los principales problemas para la sostenibilidad de las parejas jóvenes, en especial las más pobres; pero no es la única condición de su éxito o fracaso.

También la evidencia muestra que los jóvenes entran a la adolescencia muy condicionados para poder tener éxito en su vida afectiva posterior. Los más pobres, con carencias de todo tipo: en especial, una educación limitada que les impide progresar en el mercado de trabajo y un entorno donde no encuentran los apoyos y ejemplos necesarios para resolver los desafíos de la vida. Sin capacidad para ahorrar, no pueden acumular el capital que les permita mejorar sus condiciones de vida y acceder a la vivienda propia, lo que hace más difícil sostener el hogar que tratan de construir.

Ayudar a esas parejas exige intervenciones en múltiples campos, tales como un masivo programa de prevención del embarazo adolescente como el que se acaba de lanzar; contención afectiva y económica para las madres; apoyo para la vivienda; cuidado para los niños. Estas acciones son importantes porque el buen funcionamiento de la pareja es esencial para el desarrollo comunitario. Familias estables que estimulen el crecimiento de los hijos aportan no solo a su propia felicidad, sino al crecimiento los recursos humanos de la sociedad.

Resolver estos problemas no es simple porque, además de las razones mencionadas, aunque las personas mayoritariamente consideran una familia armónica como un objetivo deseable, hay muchas restricciones sociales y una corriente cultural que normaliza la sexualidad temprana y la cohabitación y no incentiva la construcción conjunta del destino en pareja.

Cualquiera que sea el resultado del tratamiento legislativo del tema aborto, sostener el funcionamiento de parejas armónicas y duraderas debe tener un lugar central entre las prioridades sociales, no solo estatales.

Diputado nacional-Cambiemos

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