Abrite a la aventura: guía para enfrentar nuevos desafíos

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Porque nos redefinimos cada vez que nos asomamos a la valentía de lo nuevo. Así nos gusta festejar: con el impulso del deseo, la adrenalina de lo desconocido y el disfrute del camino

28 de marzo de 2018  • 17:07

Y acá estamos, con diez años de historia transitados. Acompañándonos en esta travesía y en esta complejidad –hermosa y desafiante– del “ser mujeres hoy”. Allá por 2008, cuando OHLALÁ! nació, fue el inicio de una aventura concreta: quisimos romper moldes, cambiar el paradigma de lo que se esperaba de una revista femenina. Ser compañeras y cómplices de las transformaciones de cada una. Y así surfear lo nuevo; algo que al principio puede ser una amenaza, pero, a medida que lo vamos transitando, descubrimos que nosotras y el paisaje somos uno. Y que cuando el camino ya tiene nuestras marcas –de tanto gastarlo–, es hora de buscar uno nuevo. OHLALÁ! lo sabe bien: nos gusta salir de la zona de confort y empaparnos de nuevas experiencias. Para evolucionar y seguir dando lo mejor de nosotras en cada edición. Este número que estás leyendo encarna esta idea: nosotras nos “abrimos a la aventura” con este aniversario. Porque abrimos literalmente nuestra redacción e invitamos a nuestras lectoras a apropiarse de los textos, las fotos y las ilustraciones de cada nota. Porque la aventura hoy para nosotras es esto, es construir juntas un diálogo renovado.

Hoy te invitamos, entonces, a través de este dossier especial, a que redefinas tu propia aventura: ¿dónde resuena hoy en vos esta palabra? Puede ser cualquier vivencia que hoy sientas que cumple con tu plan de felicidad, ese que reconocemos en las acciones que nos conducen a nuestra esencia. Aceptar lo que deseás y abrazarlo es abrirse a la aventura, entregarse a los lindos instantes y surfear las dificultades para hacerlas lo más livianas posible; ser valientes para vivir de acuerdo a nuestra identidad, sin pensar en lo que tienen, hacen o piensan los demás. Emocionarte mientras bañás a tu hijo o con las palabras de una amiga es igualmente aventurero, y también lo son las grandes decisiones, como irte a vivir a otro país o enamorarte en el momento menos indicado.

Nos pasan cosas todo el tiempo, a veces demasiadas juntas, y llegamos a pensar: “No tengo más ganas de transformarme”, pero –tal como dicen los que practican surf– si el mar tiene buenas olas, aunque estés cansada, tomate un café, ponete el traje y lanzate a surfearlas igual, porque no te vas a arrepentir. De eso se trata este “abrirse”, de meterse al mar incluso cuando no tenemos más fuerza, o bien, de reconocer que te quedaste afuera porque vos lo deseaste así –y aceptar que eso tiene un costo–, en lugar de sufrir por lo perdido. De no caretearla ni tratar de vivir aventuras ajenas, porque solo las auténticas le darán sentido a tu mundo. La gran aventura es construir tu propia realidad y aprender a hacer el duelo por las ilusiones que se evaporaron o que fuiste dejando en el camino. Todas llevamos una exploradora dentro de nosotras, no tenés más que mirar hacia atrás para notarlo, así que armá una valija con tus dones y lanzate al viaje de vivir más intensa y realmente.

LA PREVIA

Es ese tiempo en el que “te pica el bichito”, cuando empezás a plantearte la posibilidad de una aventura. Generalmente lo hacemos desde una zona de confort, que no necesariamente es la mejor para vos, pero al menos te permite pensar, planificar, soñar una transformación. En esta etapa, vas a poder trabajar con vos misma, con quién sos hoy y con tus deseos, para empezar a descubrir si querés realmente domar un nuevo escenario. En esta etapa hay dos preguntas clave:

“¿Qué me sumaría?”. Antes de zambullirte a lo nuevo, que puede ser algo radical, como cambiar de trabajo, o bien el gesto de empezar a disfrutar de las cenas en familia, conviene enfocarse en lo sana –o no– que te resultaría esa aventura. Analizá si la opción que tenés entre manos te va a enriquecer o te va a alejar de tu esencia. Tené en cuenta que toda aventura presenta matices –puntos de luz y de oscuridad–, jamás una experiencia tiene todo a favor. Planteate también si lo que tenés entre manos responde a tu deseo o si es una huida de otra situación o estás copiando un modelo ajeno. Adecuá tu aventura a vos misma en la imaginación y proyectá cómo te vas a sentir si la iniciás.

“¿Quién soy YO en esta aventura?”. En cada proyecto, tiene que haber una redefinición previa de quién sos. Aprovechá esta fase para hacer un poco de introspección y volver a pensar en quién sos hoy, porque no necesariamente coincide con quien fuiste ayer, ni hace unos años, ni con lo que los otros dicen que sos. También, linkeá esta idea con lo que hacés y con cómo querés que siga tu vida de ahora en adelante. Entonces, volvé a preguntarte si te va a ser funcional la aventura.

CLAVES PARA UN BUEN CAMINO

  • No te hipnotices con los modelos de éxito de tu cultura. Modificalos y adaptalos a tu realidad porque vos misma ya sos un éxito.
  • Abrite a hacer realidad aquello que querés ser, después bancá esta decisión y vendela, hacete respetar con tu idea.
  • Poneles “mute” a las voces internas que te hablan cuando menos lo necesitás. Voces del pasado, de tu entorno, son todas voces que entorpecen el encuentro con tus deseos.
  • Recordá que no podés conformar a todo el mundo. Cada paso que des en tu vida les gustará a algunos y les desagradará a otros.

CHECK LIST

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¿Qué cosas pueden conectarte con tu “yo aventurero”? Sumalas a tu mochila.

Un traje de heroína: ponete el disfraz de mujer osada y animate a cosas que nunca antes hiciste, siempre que te parezca que responden a tus deseos y a tu esencia.

Un espejo: para mirarte y, con ese reflejo propio, liberarte de las expectativas de tu entorno y de los modelos de éxito que conociste hasta hoy, para bucear en vos más profundamente

Unos binoculares: para encontrar señales en el camino, para saber leer tu corazón y para darte cuenta de lo que te puede hacer feliz

Una luz: para iluminar las decisiones que vayas tomando y para no sentirte sola cada vez que todo se pone negro y poco claro

Un talismán: llevar un objeto de valor emotivo en el cuerpo, como puede ser una cadenita heredada de alguna mujer poderosa de la familia, muchas veces nos da confianza

Un cuaderno: para ir registrando tus procesos a modo de bitácora. La escritura puede ser una herramienta tan poderosa como el psicoanálisis para el autodescubrimiento

Una foto: puede ser una imagen tuya, en un momento feliz o con una sensación que estés deseando alcanzar, o puede ser una foto tipo “estampita” de alguien que te inspire.

Buena música: hay canciones que son empujones directos hacia la aventura. Sumalas a tu Spotify para sentir que todo lo podés.

“Conseguí el trabajo de mis sueños”

Andrea Carballo (35). Llegué a España con 27 años y con un sueño: trabajar como actriz. La vida me sorprendió porque Madrid me recibió con trabajo y con un amor a pocos días de haber llegado, que es mi pareja desde hace casi siete años. Pero todo lo que sube baja, y después de esa experiencia laboral tuve que remarla un montón para conseguir un buen trabajo. Mientras me embarcaba en castings y en proyectos chiquitos, sucedió la magia: se viralizó un corto que había protagonizado en Buenos Aires llamado Ni una sola palabra de amor, que narraba la historia de una mujer (María Teresa) que le dejaba mensajes en el contestador a su amor, Enrique, durante ocho minutos. Todo cambió a partir de ese momento, al punto de que terminé siendo parte de la serie Las chicas del cable, mi primer trabajo de ficción grande en España. Lo pienso y sucedió recién después de casi siete años de vivir acá, ¡el acento no es un tema fácil! Empezar de cero fue fascinante y también agotador, pero mudarme de país me dio la oportunidad de reinventarme. Abrirse a la aventura está buenísimo, porque te espera una nueva versión de vos misma en ese proceso. Hace poco, leyendo a Anaïs Nin, me quedé con esta frase: “Lanza tus sueños al espacio como un cometa, nunca sabes lo que van a traer de vuelta, una nueva vida, un nuevo amigo, un nuevo amor, un nuevo país”.

ME ESTOY POR LANZAR

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El salto da vértigo, despierta preguntas y también enciende ilusiones. El desafío en esta etapa es poner distancia de las fantasías y proyectar un escenario lo más realista posible.

  • 1. Desconfiá de la ilusión y tomá distancia de lo que vendrá. Muchas veces, cuando proyectamos, aparece la idea ilusoria de que no tenemos límites, de que podemos ser lo que deseamos y de que las cosas sucederán de una forma casi mágica, pero hay que tener presente que existen límites a la transformación posible. Ser conscientes de la brecha que aparecerá entre lo que querías ser y lo que pudiste ir siendo y entender que, si lo lográs, será con el tiempo. Lo sabemos de sobra: desde lejos, todo brilla más. Es imposible conocer el potencial resultado de una aventura antes de iniciarla, porque solo se encuentra la respuesta en el choque con la realidad. Está bueno tener la ilusión, pero esforzate en recordar que –como nos repite siempre nuestra psico– es una ilusión y que, como tal, tiene un buen “lejos”.
  • 2. No te frustres si te cuesta decidir. Muchas veces, la vida nos pone frente a opciones sobre las que todavía no podemos decidir con la suficiente claridad. En ese caso, podés poner en pausa este recorrido y esperar a que haya más datos, tanto dentro de vos como en el contexto. Pero, ¡ojo!, no te quedes en la comodidad de la espera pasiva si creés que en un futuro va a seguir todo en el mismo lugar. Si algo no se mueve, tampoco nada cambia.
  • 3. Aguantá el riesgo y el miedo. Sería buenísimo estar seguras de lo que va a pasar cuando te lances, pero no es posible. Nadie zafa del riesgo ni del temor que implica abrirse a lo desconocido, pero tenés que confiar y decidir sin esa seguridad. Si comparás cada avance con la deliciosa sensación de certeza del resultado, te convertís en la quejosa que destruye su vida paso a paso, con el famoso “bueno, pero podría haber sido de otra forma”. Abrazate a vos misma para poder sentir ese miedo: cuando te abrís a él y no te tensás, comienza a irse. Aguantalo con confianza y con fe.

LAS CARAS DE LA AVENTURA

Todas las áreas de la vida pueden vivirse con la épica de los sueños que se vuelven realidad.

AMOR. Abrirse a la aventura de amar es cambiar el paradigma del apuro y el rendimiento por uno que nos detenga frente a los seres que amamos. Una aventura puede ser también notar que alguien es importante para vos. Abrirse al amor es desplegar los sentidos y disfrutar a las personas, sentir aromas, degustar una comida, observar los gestos del otro y darse un abrazo, que tu presencia sea completa, ahí donde estás.

1) Cuestioná lo conocido: pensás: “Ya sé cómo va a reaccionar y lo que va a hacer”. Las personas –vos y el resto– cambian constantemente, modifican sus intereses, deseos y pensamientos, por lo tanto, hay una persona nueva cada día a quien podés volver a descubrir con fascinación.

2) Creá espacios: ¿cuánto hace que no te sentás con tu pareja a escuchar música, a tomar algo o a quedarse abrazados por unos minutos? Creá un espacio para eso, alejados de los celulares y de cualquier pantalla. No hace falta que tengan una gran charla, va a ser especial por el simple hecho de estar juntos.

3) Sumá el factor sorpresa: a veces cuesta salir de la rutina y vivir las relaciones estables como una aventura, pero probá haciendo un esfuerzo extra, cambiando el contexto donde suceden las cosas y, por qué no, sorprendiendo a la persona amada con un almuerzo inesperado, una aparición en su trabajo o una invitación a un lugar nuevo.

TRABAJO. Es esperable que aquello que elegiste en algún momento de tu vida hoy te haga ruido porque ya no sos la misma que a los 18, cuando te anotaste en una carrera universitaria, y tampoco sos la que comenzó a armar un trayecto laboral más tarde. Tus preferencias e inquietudes van cambiando, y es lógico que entres en una crisis vocacional alguna vez. También puede pasarte que se mantenga tu pasión pero a lo mejor querés cambiar un poquito el rumbo o dónde la volcás. Si tenés esa sensación, no hay que salir corriendo ni obsesionarse, pero sí aprovechar la oportunidad de este cuestionamiento para pegar un salto hacia un nuevo destino que resulte más coherente con la mujer que sos hoy. Eso sí, no sientas arrepentimiento: hay que capitalizar la experiencia y no negarla. Los recorridos pasados nos ayudan a no tener tanto miedo. Algunas preguntas disparadoras para explorarte en tu “yo laboral”:

1) Cuestionate tus intereses: ¿por qué me gusta lo que me gusta? ¿Por qué me atrae y motiva este tema de forma recurrente a lo largo de mi vida? ¿Qué de todo lo que elegí ya no me representa tanto?

2) Conocé tu potencial: ¿para qué soy buena? ¿Para qué tengo talento? ¿De qué manera podría expandir ese talento en otras áreas?

3) Ahondá un poco sobre tu personalidad hoy: ¿cómo soy hoy? ¿Quién quiero llegar a ser en un futuro?

VIDA INTERIOR. A veces el llamado a conectarte con vos viene desde afuera: tu pareja o una amiga te llaman la atención, te dicen que te notan desconectada. Otras veces, te llama tu cuerpo, porque se enferma muy seguido o te das cuenta de que estás en un estado de angustia permanente, quejosa y sin poder disfrutar de lo que te pasa. Aventurarse en la vida interior es aprender a transformar tus emociones para empezar a sentirte mejor con vos misma. Te preguntarás cómo empezar ese camino, cómo experimentar una sensación nueva, linda, que te eleve y que te motive, en medio de tu malestar. Hay algunas herramientas simples, que tenés dentro de vos y que quizás te puedan ayudar:

1) A la mañana: levantate, mirate en el espejo y decí: “Hola, acá estás presente, te acepto, te amo y te celebro”. La aceptación y el amor propio son la base fundamental para estar bien con una misma.

2) Meditá: nos hace estar más presentes, tener menos veneno cerebral y mantenernos más en paz. Entonces, las emociones ya no afectan tanto.

3) Hacé alguna actividad que libere endorfinas: o que te genere felicidad, como yoga, baile, pintura o cualquier actividad que te saque del estado mental en el que estás siempre y te conecte con tu niña interior.

4) Hacé pausas: puede ser en la ducha, mientras cocinás o en cualquier actividad de la rutina, pero en plena conciencia.

VIAJES. No solo aparece la posibilidad mental de dejar todo e irnos y poner un bar en las playas caribeñas, sino que también nos surge la fantasía de poner una pausa a la rutina, liberarnos de algunos fantasmas y cambiar el chip. Lo enriquecedor de los viajes es que también te permitís explorar tu interior, especialmente cuando te animás a hacerlo sola. Es probable que te surjan miedos y dudas, como el estrés de organizarlo y no tener con quién debatir opciones, el miedo a no comunicarte fluidamente o a no conocer gente. Pero la verdad es que, en general, estas ideas se diluyen cuando llega el momento de partir si ponés en la balanza todo lo que un viaje te puede dar. Algunos beneficios son:

1) Te abre a nuevas perspectivas: viajar te abre la cabeza, a través de otras culturas que podés saborear estando con tus sentidos abiertos.

2) Te ayuda a valorar lo que tenés: y lo que vivís habitualmente.

3) Incentiva la imaginación: son ideales para hacer planes y como un punto de partida ideal para generar ese cambio que estabas buscando.

4) Te abre a nuevos vínculos: te sensibiliza y te predispone a relacionarte con gente desconocida, que puede llegar a cambiarte la vida.

5) Te despega de la cotidianeidad: te conecta con nuevas sensaciones, nuevos sabores y nuevas experiencias.

6) Te da valentía: ayudan a hacer cosas que no imaginabas hacer.

ME MANDÉ

El cambio muchas veces te tienta..., mientras no tengas que hacerlo realidad. La angustia puede venir una vez que te lanzaste a él, por eso en esta etapa es importante mantenerse firme, cuidando lo que ya lograste.

  • Adorná el salto. Una vez que te lanzaste, apagá a tu “yo evaluador”. Adorná lo que recibiste a partir de la aventura –sea lo que sea– y minimizá lo que rechazaste. El cerebro está hecho para la supervivencia y siempre está alerta a lo que falta, en lugar de valorar lo que hay. Por lo tanto, tu propio acto de resistencia será teñir de positivismo aquello que elegiste, sabiendo que no se puede ser ni hacer todo junto.
  • Sentí, sentí todo. Todos tenemos un “yo que vivencia” y un “yo que recuerda”. El primero es el que hace las cosas y el segundo es el que responde al ego y el que nunca está contento porque su función es querer “más y mejor”. Cuidate de él y tratá de que sea compasivo con tu versión aventurera. ¿Cómo se apaga el “yo que recuerda”? Con felicidad, con amor y con emociones estéticas.
  • Cuidá el camino. No tiene que suceder todo ¡yaaa! Aguantá los baches, las partes negativas, y mantenete segura de tu decisión. Cuidá lo que vas logrando, valoralo y no lo destruyas por no ser el total de lo que querías. Si una pretende estar todo el tiempo navegando una ola, no puede hacer surf.
  • Abarcá menos. A veces sufrimos exigiéndonos más cuando, en realidad, estamos bien en el lugar en que estamos. Queremos acumular cosas, ver muchas series, ir a tres eventos el mismo día y conformar a más personas, en lugar de saborear cada una e ir al fondo de las experiencias que nos tocan. Recordalo siempre: la gran aventura es tu vida, dejar de anhelar eso que no tenés y amar todo lo que te acompaña, poder mostrar lo que sos, bancándote una mirada realista del otro y aceptando los agujeros de tu ser.

ILUSIÓN VS. REALIDAD

Hay dos tipos de aventuras: la ilusoria y la real. Está lleno de aventuras ilusorias, esas que te dicen “me voy a ir con otro” o “me separo y ya fue” cuando te peleaste con tu pareja por una pavada; o las que te sugieren sacarte un pasaje de ida a Costa Rica cuando no aguantás más tu laburo actual; pero todas consisten en una supuesta huida que no te llevará más que a un enrosque mental de pura pérdida. Construir, elegir y decidir cuál será el escenario de tu aventura de verdad es elegir un camino real. No destruyas tu hoy ni mines situaciones por no ser del todo “rosas”.

LA MIRADA DE LOS OTROS

Para quedar bien con todos, ser la más amorosa de la familia, la mejor amiga y la mujer más exitosa, tenés que callarte un montón de cosas y tomar varias decisiones que van en contra de tu esencia. ¿Estás dispuesta a seguir en la búsqueda de agradarle a todo el mundo o preferís vivir tu propia historia?

Abandoná la ideología migrante (estadounidense) de que ser ganadora depende de que otro te observe ganando. Disfrutar te deja libre y te da tu propia fuerza.

Animate a sentir la desilusión, la falta, a sentirte poca cosa, a no estar en acción todo el tiempo y a no gustarle a todo el mundo. Conformarte con lo que hay te da paz.

"Lo seguí por amor"

Jimena Winger (35). En una noche en la que tenía el corazón roto, salí con mis amigas a un bar al que nunca había ido. No me acuerdo de cuánto tiempo pasó, pero me di vuelta y lo vi a él, al mejor estilo “flechazo de cupido”, y comprobé que el amor a primera vista existe. Eso sí, flechazo unilateral porque él pasaba de la mano de una chica. Pero mi amiga, sin pensarlo ni preguntarlo, aprovechó la multitud, lo soltó de la mano de la chica y en su lugar puso la mía. Él se dio vuelta y sonrió: no parecía preocuparle mucho su hasta entonces compañera (con el tiempo supe que la había conocido hacía pocos minutos). Nos quedamos hablando y prometimos reencontrarnos. Llamó, volvimos a hablar, pero no pudimos organizar para vernos una vez más: a los pocos días él tenía que volver a Italia porque solo estaba de vacaciones. No nos volvimos a ver ese tiempo, y yo no pude ni quise tener historias importantes en todo ese año porque estuve esperando que volviera. Y un día volvió, nos vimos unas cuatro veces, y entonces me propuso viajar con él. Me fui por amor, pero amor propio, por permitirme vivir una historia que sentí que podía hacerme muy feliz. No solo fue todo amor, sino que me esforcé mucho, conseguí el trabajo de mis sueños como periodista y me sirvió para descubrir lo que quiero. Viví años increíbles en Italia. Me convertí en “la mamma” de un “piccolo siciliano” al que llamamos Tomás y así nació mi familia.

¿Qué herramientas tenés para enfrentar tus desafíos? Además te mostramos Empoderamiento sexual: conocé tu deseo y expresate

Expertos consultados: Inés Dates, nuestra psicólga. Patricia Faur, psicóloga de pareja. Dafne Schilling, Fundadora de Yoga Booty Ballet. Esteban Mosca, psicólogo y orientador vocacional. Andy Clar, creadora de @chicasennewyork y directora de ASCHENSuperWoman.