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De la arrogancia a una alarmante fragilidad

Ezequiel Fernández Moores
Mascherano y Banega, en busca de una explicación a la dura goleada sufrida en Madrid
Mascherano y Banega, en busca de una explicación a la dura goleada sufrida en Madrid Fuente: LA NACION - Crédito: Fernando Massobrio
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28 de marzo de 2018  

Hacía tiempo que no veía a una selección argentina tan superada. Individual y colectivamente. Física y técnicamente. Y que encima facilitara todo al rival cometiendo algunos errores de principiante, acaso explicables a partir de la fragilidad anímica que desnudó padecer tanta impotencia. La imagen más clara fue ese gol con un pelotazo de arco a arco, regalo a un rival que, paradójicamente, hace un culto de la salida por abajo. La selección quiso ser ayer un equipo corto. Fue tan corto que, lejos de toda audacia, como algunos suponen, llegó con muy pocos jugadores al área rival. Tan corto que también regaló espacios en los metros finales de su campo. Porque España disparó ayer solo nueve veces. Pero, en las seis que acertó, los rivales definieron casi tan cómodos como si estuvieran paseando por el living de su casa.

El problema no fue tal vez el riesgo de decidir enfrentar a una España que acrecienta ahora su chapa de candidato. ¿Acaso Brasil, hoy tan seguro de sí mismo, no jugó ayer también contra Alemania, su verdugo del 7-1 en la Copa de 2014? El 6-1 del Wanda Metropolitano me hizo acordar a ese partido. En nuestra habitual arrogancia solemos creer que no hay en el mundo jugador con mayor personalidad que el jugador argentino. Sin embargo, ayer, después de la primera adversidad, apareció otra vez esa fragilidad que ya alarma, la sensación de que ya nada podrá revertirse, ni siquiera con Messi dentro de la cancha. Acaso algunos confundan personalidad con esos golpes finales que buscaron intimidar ayer a España, algunos de los cuales dieron vergüenza, otra señal de tiempos que se creían definitivamente superados.

¿Cómo explicar errores tan infantiles como los de ayer? Por supuesto que se puede fallar cuando se elige arriesgar con la pelota. Le pasó también en aisladas ocasiones a la propia España. No se tradujeron en goles porque la selección no supo sacar provecho a esos pequeños obsequios, como ni siquiera pudo hacerlo otra vez Gonzalo Higuaín solo ante el arco tras la primera, y casi única, jugada colectiva, veloz y precisa. Porque los errores no fueron solo dentro de nuestra área. Son errores que pueden tener explicación más fácil en el caso de debutantes o semidebutantes. En una selección que, a menos de 80 días del Mundial, estrena a casi media docena de jugadores.

La explicación es más difícil en cambio en los casos de los más experimentados. Si era riesgoso jugar contra España apenas antes del Mundial, fue más riesgoso hacerlo con tantos debutantes. Sumarle además veteranos que volvían tras nula o poca competencia. Y con un sistema de juego que no parece convencer a sus ejecutantes, tanta fue la inseguridad que desnudaron ayer en el Wanda Metropolitano. Cuando el DT cambia y el cambio sale bien, surgen de inmediato los elogios a su capacidad de "reinvención". Si el cambio sale mal la derrota se atribuye entonces a su "inseguridad". El eterno dilema: morir con las botas puestas o con las botas que sirvan según la ocasión.

¿Y ahora? Porque una cosa hubiese sido el 6-1 con Argentina creando sus propias situaciones y fallando solo la definición. Pero otra cosa fue el 6-1 que, más allá de lo que dijo luego Sampaoli, pudo haber terminado peor. Asumir riesgos, se sabe, forma parte del ADN de Sampaoli. El técnico lo confirmó al decidir salir a disputarle la pelota a un rival como España, que lleva años cuidándola. Y que siguió haciéndolo aún después de haber caído en primera fase del último Mundial. Eso es cuidar un estilo. Estar convencido. La selección de Sampaoli, en cambio, lleva apenas "días" en la tarea. Queda claro que las dudas ahora no son solamente sobre la lista de 23 jugadores. ¿Pero acaso podría juzgarse a juveniles como Pavón o Lautaro Martínez por sus pocos minutos en medio de ese naufragio? Las dudas, en rigor, son sobre los once que saldrán al campo. Nunca tan claro eso de Messi y diez más.

La apuesta del Wanda Metropolitano costó cara. Si Italia amagó un inicio, la goleada de ayer desnudó toda la imagen del equipo inseguro de los últimos años. Nos hizo recordar cómo se logró la clasificación. Apelando inútilmente a la Bombonera y a La 12 como recurso mágico, logrando luego el boleto en el último partido y, tal vez, solo porque pudo volver Messi. El nuevo cambio de DT incluyó también un cambio drástico en el estilo. El equipo pasó a jugar muchos metros más adelante (su retroceso ayer fue muy malo). Del pelotazo de la gestión anterior (forzando algo la descripción) se pasó al intento de salida prolija, única posibilidad de jugar con la pelota, como le gusta a Sampaoli. Acaso los ejecutantes están todavía lejos de la idea. Pero, viejos y nuevos, son los que hay. Y, muchas veces, la propuesta termina siendo hija de la necesidad.

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