La violencia sádica no aparece de un día para el otro

Laura Quiñones Urquiza
Laura Quiñones Urquiza PARA LA NACION
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28 de marzo de 2018  

David Parker Ray tenía un vagón donde sodomizaba y mataba mujeres: lo había equipado con una silla ginecológica, donde las ataba; el resto de los instrumentos de tortura que utilizó fueron diseñados y hechos con sus propias manos. Al costado de la silla colgaba, en un pizarrón blanco, las excusas "más graciosas y estúpidas" que le daban las mujeres para que las dejara ir: "Estoy embarazada", "estoy indispuesta", "soy madre soltera y mi hijo está solo en casa", "tengo una enfermedad venérea". Solo una mujer pudo escaparse de la "cajita de juguetes" de este asesino en serie. Lo que hacía no era un secreto, lo sabían su esposa y un amigo. El caso de Bahía Blanca impresiona por el nivel de maquiavelismo de los dos hombres jóvenes acusados y la aparente aprobación de su madre, manifestándose un alto nivel de sadismo y usando animales como instrumento de tortura.

Se especula que las víctimas sufrieron mordeduras de perros y, quizás, humanas. Las mordeduras son habituales en delincuentes sexuales que actúan motivados por el sadismo, como si fuese un precursor de una antropofagia inconclusa. La idea en el sadismo es presenciar y perpetuar por el mayor tiempo posible el sufrimiento y la degradación de la víctima. Es la violencia como lenguaje y regla. Aquí la maldad por inacción aparecería en su forma más cruda: el dominio psicológico para hacer sufrir y observar a quien hace sufrir a otros.

Los escrúpulos morales, la empatía por el dolor ajeno se desdibujan en un proceso de "desindividuación" y falta de cordura que encuentra estabilidad mientras más se reduce a las mujeres a esclavas sexuales sin escapatoria. Mujeres deshumanizadas hasta perder la identidad de sus cuerpos, lesionados además, según trascendió, con golpes, destornilladores y hojas de afeitar, como si esos cuerpos fuesen profanos.

Estos niveles de violencia sádica, perversión y psicopatía no aparecen de un día para el otro: se van cimentando, acentuando y haciendo crónicos con el tiempo, en una especie de ensayo-error. La tortura como "hoja de ruta" suele aparecer primero en forma silenciosa, con conocidos, y luego con víctimas vulnerables o a las que se puede controlar y que a veces son elegidas al azar, pero siempre culmina con la búsqueda de satisfacción emocional.

Los tres sospechosos detenidos no hubiesen llegado a este punto sin el conformismo, la adaptación y la cosificación que conlleva este tipo de lenguaje entre ellos.

La mayoría de las veces las fuentes de riesgo para este tipo de actos son personales y surgen de factores relacionados con el egocentrismo y la impulsividad que aparece en trastornos antisociales de personalidad graves, cuya habilidad para la depredación y la manipulación de otros forma parte de un estilo de vida que erotiza la ira y el sometimiento físico. Donde se construye el engranaje de una serie de desviaciones que se unen en una especie de armonía para un ritual de terror.

La autora es Diplomada en Criminología, Criminalística y DDHH, especializada en técnica de Perfilación Criminal

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