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De cronopios, famas y "pestes"

Daniel Gigena
Daniel Gigena LA NACION
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28 de marzo de 2018  • 01:20

Nos enteramos de la existencia del sida al leer una nota de El Porteño. Mi padre, que prefería Humor, compraba esa revista para mí. A Claudio le impresionó el uso de la palabra "peste" en el titular. Como entonces se pensaba que era una enfermedad que afectaba solo a los homosexuales, los editores decidieron que tampoco podía faltar la palabra "rosa". ¿No parece que los clichés estuvieron a mano desde siempre? En mi familia, en cambio, a la palabra peste se le daba un uso elástico. Designaba tanto la gripe o un resfrío como a una persona de mal carácter. Cuando se acercaba la hora de la visita de un tío gruñón, se decía: "Ya está por caer esa peste". Las connotaciones apocalípticas no nos turbaban.

No sin rencor, me acordaría años después de la nota de la revista que tanto había impresionado a mi amigo. Sabía que no era responsabilidad de ese anticipo periodístico que había sido escrito en Estados Unidos y que la revista argentina había traducido en los primeros años ochenta. Cuando en el hospital Muñiz le dieron el diagnóstico de VIH Positivo, también él recordó la nota, que venía acompañada con la imagen de la silueta de un hombre visto a través de un cristal esmerilado. La escasa información que circulaba sobre el sida durante esos años en la Argentina parecía editada desde una oficina del Medioevo. En lugar de testimonios de médicos, científicos y pacientes; de palabras de consuelo y de aliento, se había optado por repartir culpas y pronosticar catástrofes.

Una vez que terminó la escuela secundaria (dos años antes que yo), Claudio aprobó el ingreso a la Escuela Municipal de Arte Dramático de la ciudad de Buenos Aires con el recitado y la interpretación de uno de los relatos de Historias de cronopios y de famas de Julio Cortázar. ¿Qué otra cosa podía ser la vanguardia para mí en 1983? Sentía orgullo porque le había prestado el libro, una hermosa edición de Minotauro en la que se repetía el rostro de un hombre elegante con barba.

Claudio había copiado el texto en una de las fichas n° 5 que usábamos para resumir los libros que leíamos. "Costumbres de los famas", de principio a fin, tenía la respiración de la letra cursiva, clara y elegante, de mi amigo. Mientras él ensayaba en el fondo de la casa de sus padres, entre la ropa colgada y los canteros con flores, yo debía pasarle letra si se olvidaba de una palabra. El inicio de la fábula cortazariana era gracioso y surrealista aunque, de a poco, se cargaba de hostilidad.

"Sucedió que un fama bailaba tregua y bailaba catala delante de un almacén lleno de cronopios y esperanzas. Las más irritadas eran las esperanzas porque buscan siempre que los famas no bailen tregua ni catala sino espera, que es el baile que conocen los cronopios y las esperanzas.

Los famas se sitúan a propósito delante de los almacenes, y esta vez el fama bailaba tregua y bailaba catala para molestar a las esperanzas. Una de las esperanzas dejó en el suelo su pez de flauta -pues las esperanzas, como el Rey del Mar, están siempre asistidas de peces de flauta- y salió a imprecar al fama, diciéndole así:

-Fama, no bailes tregua ni catala delante de este almacén.

El fama seguía bailando y se reía. La esperanza llamó a otras esperanzas, y los cronopios formaron corro para ver lo que pasaría".

Amigos, docentes y novios le decían que era un príncipe. Lo atribuíamos a sus años en París, donde había vivido con una tía arpista y un tío cantante que la hacía sufrir. El régimen francés del "amantazgo", según contó cuando nos hicimos amigos en la escuela, no iba con ella.

Según él, aquella tía paraguaya que tocaba el arpa y yo éramos cronopios. Claudio se sentía un fama. Cuando íbamos en colectivo hasta el Muñiz, donde lo esperaban médicos y enfermeros amables, tratamientos imperfectos y, en ocasiones, una cama de la Sala 17 para personas infectadas con VIH, identificábamos como esperanzas a los vecinos malevolentes que murmuraban. Mi abuela materna, si hubiera estado viva en ese entonces, los hubiera llamado "pestes".

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