Cooperación internacional: el rol de la Argentina en el mundo

Alan Soria Guadalupe
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31 de marzo de 2018  • 01:11

Una plaga de langostas amenazó con destruir cientos de miles de kilómetros cuadrados de cultivos en Bolivia. Tras declarar la emergencia, el gobierno de Evo Morales pidió a la Argentina ayuda técnica para superar la crisis. Meses después, como resultado del trabajo de expertos del INTA y el Senasa que viajaron a ese país, el presidente aymara creó el Programa Nacional Boliviano de Manejo de la Langosta. El propio Morales agradeció personalmente a los enviados argentinos.

A miles de kilómetros de ahí, en el sudeste asiático, el Equipo Argentino de Antropología Forense participó de una misión histórica que buscaba cerrar un capítulo de la guerra de Vietnam. Los profesionales argentinos formaron parte del proyecto para identificar unos 700 cuerpos que yacían en los cementerios de Hanoi y Ho Chi Minh.

En Mozambique, en el sudeste de África, hay técnicos argentinos trabajando en mecanismos para lograr un mayor control de la aftosa en la producción ganadera y capacitando a productores locales para establecer campos de siembra directa de trigo.

Más allá de los avances que hubo en cuanto a la diplomacia de alto nivel, que en los últimos años reunió a Mauricio Macri con los principales líderes mundiales; de la flamante presidencia de nuestro país del G-20, y del regreso a los mercados internacionales tras años de frialdad, la reiterada "vuelta de la Argentina al mundo" tiene una faceta menos conocida que escapa de la lógica macro de la política internacional y que, lejos del primer mundo, apuesta a ayudar a Estados subdesarrollados a superar problemas de índole doméstica.

Actualmente, la Argentina cuenta con 185 proyectos de cooperación con 38 países de América Latina, África y Asia en diversas áreas en las que nuestro país tiene el expertise lo suficientemente desarrollado para transmitir capacidades técnicas a pedido -como en el caso boliviano- o de mutuo acuerdo con el Estado que la recibe. Y, contrariamente a lo que ocurrió en otras áreas del Estado tras la llegada de Cambiemos al Gobierno, en la Dirección General de Cooperación, a cargo de los proyectos en el exterior, hubo continuidad en parte de las políticas que implementó el kirchnerismo.

Según Ana Ciuti, titular de la dirección que depende de la Secretaría de Relaciones Exteriores, el país apuesta de esta manera a "mantener una presencia activa en otros escenarios globales" mediante la "ayuda que se da a otros países en desarrollo para que salgan adelante".

El tipo de cooperación, que el Gobierno llama "sur-sur", tiene su mayor participación en América Latina por una cuestión de cercanía, pero en la última década fueron ganando lugar en la lista de proyectos las naciones africanas y asiáticas. Hoy, la Cancillería está enfocada en ampliar más la presencia en los países del lejano oriente, una región a la que la Argentina se acercó con el nuevo gobierno.

En ese sentido, en febrero, por ejemplo, funcionarios del Ministerio de Modernización realizaron capacitaciones en países del sudeste asiático en asociación con Singapur sobre el uso de la tecnología para desarrollar "naciones inteligentes".

Durante el gobierno de Cristina Kirchner hubo mayores contactos con países de África, como Mozambique, Angola o Argelia. Si bien hoy los esfuerzos se reorientaron a Asia, en Cancillería aseguran que sin el trabajo previo que hizo el kirchnerismo en África hoy habría menos cooperación de nuestro país allí.

Sin embargo, según explicaron en el Gobierno, así como la gestión anterior dejó las puertas abiertas de países africanos, también dejó numerosos planes de cooperación inabordables. "Antes se preocupaban más por el número de proyectos que había sin importar si funcionaban o no," indicó Ciuti, quien detalló que hace dos años había 45 proyectos designados en Bolivia que no se podían hacer, por lo que se tuvieron que "reordenar" las prioridades en el mundo. Hoy hay 16 proyectos en ese país.

Esa participación de nuestro país en el extranjero se da, en su mayoría, en las áreas donde la Argentina es fuerte, como la agroindustria, que es el tipo de ayuda más solicitada. También se envían aportes técnicos en materia de salud, medio ambiente, tecnología productiva, seguridad o derechos humanos, entre otros puntos.

Los argentinos que viajan a otros países -en proyectos que duran al menos dos años- no perciben un salario y los costos de los operativos son asumidos por la Argentina o se comparten con otro gobierno. "Nuestros técnicos también terminan capacitados porque vuelven al país sabiendo más de políticas públicas o de cómo se trabaja en otros países", agregó Ciuti.

Aunque la Argentina no cobre por este tipo de cooperación, sí hay casos en los que la ayuda es mutua, como en México, donde hay intercambio de capacidades en materia de combate contra el narcotráfico y mecanismos de protección de testigos.

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