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Con la muerte de Ernesto Romero, el turf pierde un notable entrenador clásico

Ernesto Romero, cuidador de caballos .
Ernesto Romero, cuidador de caballos . Fuente: LA NACION - Crédito: Carlos Lares
Gustavo González
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29 de marzo de 2018  • 00:34

Ernesto Romero fue un entrenador de tanto éxito, clásico, de los que sabían llevar un caballo a las distancias de las carreras más importantes, que uno mismo se sorprende porque al saber de su muerte, a los 75 años, lo primero que le viene a la mente es su amabilidad de pocas palabras pero sonrisa infaltable, su "¿cómo le va?" respetuoso, por el cual el tuteo se volvía imposible, el respeto que le hacía sentir al que se lo cruzaba.

Después sí, claro, surgen los nombres que muestra su historia, los que lo hicieron eficaz y dieron testimonio de lo seguro que el correntino era cuando tenía una herramienta valiosa. Acaso Algenib fue su obra cumbre. Ganador del Jockey Club y el Carlos Pellegrini. El caballo de Horacio Bauer, que crió Comalal y montó Miguel Sarati, fue un prodigio en 1990, un año de notables caballos.

Cuatro veces ganó el República Argentina, Ernesto: Maipo Fitz (2001), Mr. Redford (2004), Lingote de Oro (2010) y Star Runner (2011). "Me gusta la distancia, las carreras largas. Siempre trato de no obligar al caballo con un debut temprano. No todos pueden debutar a los 2 años, muchos quedan en el camino. Suelo decirles a los patrones que es mejor esperar, porque tienen más futuro", comentó alguna vez. Un credo.

Quiso ser jockey en el hipódromo San Martín, en Corrientes, a los 15 años, mientras empezaba como peón. "Había que ganarse la vida". Ramón Núñez lo trajo a Buenos Aires, cuando ya el peso le había puesto una barrera al jinete. Después fue capataz de Felipe Costa, en San Isidro . "Fue duro, tuve que pelearla, pero no puedo quejarme de la suerte, porque me ayudó a estar donde estoy". Cuando soltó aquella frase sus ojos se cristalizaron. Ese rasgo es el que primero resaltó en este momento.

Por eso no extrañaba que junto con los buenos caballos siempre destacara a los propietarios que confiaron en él. Jorge Steimberg-Lord Card; Carlos Monayer- Todo un Amiguito y Mi Amiguito; Carlos Felice-Lingote de Oro, entre otros. He Runs Away, ganó el Nacional y le dio la última gran victoria a Romero, cuando la enfermedad ya lo estaba estaba acorralando. Formar a sus hijos Gustavo y Mariano en la profesión "desde abajo", fue su orgullo, solía decir. Tal vez su mejor legado.

El GP Joaquín de Anchorena 2014 fue uno de los mejores triunfos de Todo Un Amiguito

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