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Para muchos jóvenes, manejar alcoholizado no es un riesgo

Los jóvenes creen que ellos pueden controlar la cantidad de alcohol para manejar y no sufrir accidentes
Los jóvenes creen que ellos pueden controlar la cantidad de alcohol para manejar y no sufrir accidentes Fuente: Archivo
José María Costa
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29 de marzo de 2018  • 20:02

En el ideario de los jóvenes, tomar alcohol y conducir "representa puro beneficio con un bajo costo". Esta es una de las conclusiones que arrojó un estudio de la Agencia Nacional de Seguridad Vial (ANSV), al que accedió LA NACION, que demuestra que las personas entre 18 y 30 años saben que beber y estar frente al volante aumenta el riesgo de accidente, pero la mitad de ellos asume que "el que maneja lo hace bien".

En el documento elaborado por el Observatorio Nacional Vial se detalló: "Para los jóvenes manejar representa sentimientos positivos como de mayor libertad, independencia y adultez, a la vez que tomar alcohol implica mayor sociabilidad, disfrute y compañía con amigos" y luego se agregó: "A su vez, al tomar la decisión de consumir alcohol y manejar, los jóvenes no perciben costos. Por un lado, porque muestran una baja percepción del riesgo de sufrir un siniestro vial al conducir en esas circunstancias y, por el otro, porque no sienten la probabilidad de ser controlados y sancionados por el Estado".

Para llegar a estas conclusiones, María Eugenia Keller, Jésica Azar y Carolina Naftal tuvieron en cuenta un estudio previo que había lanzado datos alarmantes, según los cuales el 50% de los jóvenes de entre 16 y 30 años asegura que sus amigos conducirían después de tomar alcohol, a pesar de que el 93% sabe que esto aumenta el riesgo de morir en un accidente.

Con esa evaluación, se realizaron 12 grupos focales con jóvenes conductores de vehículos de ambos sexos y diferentes niveles socio-económicos en el area metropolitana de Buenos Aires (AMBA), Jujuy , Córdoba , Comodoro Rivadavia, Corrientes y Mendoza .

Conclusiones

De los encuentros con los jóvenes se pudo determinar que no todos conocen cuál es la cantidad legal de alcohol permitido ni a qué cantidad de bebida equivale ese límite, pero todos saben que su consumo está por encima de lo que establece la norma.

"A pesar de declarar ser transgresores de la norma, señalan estar a favor del límite que impone la ley. El argumento bajo el cual justifican esta aparente contradicción reside en que la norma debe ser aplicada para aquella mayoría de la gente que no saben cuánto tomar y, por lo tanto, representan un peligro", detalló el documento en su página 14.

En diálogo con LA NACION, el titular de la ANSV, Carlos Pérez, dijo: "Hay una situación en la modernidad que hacen que los jóvenes tengan relacionada la diversión con el alcohol", y agregó: "La reunión en la casa de algún amigo, conocido como 'la previa' donde no hay participación de adultos o padres ayuda a que esto aumente. En esos casos cada uno lleva una bebida y, además del consumo, se produce una diversidad de consumo de bebidas y es el caldo de cultivo para estos niveles de alcohol que, al momento de trasladarse de un lugar al otro, pueden generan los accidentes".

En esto coincidió Azar, la directora del estudio: "En las pruebas se focalizó mucho en 'la previa', donde el consumo de alcohol es bastante frecuente. En los últimos años, se volvió episódico y excesivo que, en el 47% de los casos, se da en las casas de los jóvenes donde se toma más de lo habitual. Sabemos que los jóvenes tienen mayor prevalencia de consumo de alcohol que los adultos. La estrategia es tratar de explicarles que no tienen que consumir alcohol".

Otros de los resultados que se detectaron fueron que "los jóvenes mantienen en su discurso el sesgo del 'autocontrol' y conocimiento del propio límite al consumir alcohol, tal como le sucede a un adicto, en cuyo caso existe presencia de un hábito fuertemente instalado que se cree poder controlar pero que en definitiva termina por minimizar el riesgo".

"Ellos conocen las penalidades pero no temen la sanción ya que saben cómo evitarlos. Por un lado, los ven a la distancia, lo que les permite esquivarlos, y por otro, cuentan con canales de alerta que les informan dónde se encuentran los controles, como por ejemplo, grupos de Whatsapp. Los conductores justifican la evasión de los controles ya que, como se ha señalado anteriormente, la ley está para controlar a otros", detalló el relevamiento, y concluyó: "Tanto manejar un vehículo como consumir alcohol son percibidas como acciones que expanden la potencialidad individual. El alcohol los predispone a mejorar el disfrute y los desinhibe, permitiéndoles hacer cosas que de otra forma no harían. Por su parte, manejar un vehículo les provee independencia y libertad. En un contexto de baja o nula percepción de controles y sanción, la sensación de empoderamiento que reciben de ambas actividades es absoluta.

Facundo Moyano, quien presidió la comisión de Transporte en Diputados hasta febrero pasado, dijo a LA NACION: "Los siniestros viales son la principal causa de muerte en jóvenes en la Argentina, y la mayoría de estos accidentes son consecuencia de conductores que manejan alcoholizados. Realmente nos cuesta como sociedad darnos cuenta de la gravedad de estos temas, que en el mundo han mejorado mucho con políticas específicas. Cuando presidí la comisión de Transportes en la cámara de Diputados presenté varios proyectos para unificar y bajar la cantidad de alcohol permitido a la hora de manejar y sobre todo penalizar a quienes se nieguen a realizarse los controles. Hoy existe un vacío legal en el que muchos infractores suelen ampararse para evitar penas".

"Considero que para prevenir los siniestros debemos educar, pero esto es complementario a ejercer las penalizaciones. Por eso también, entre mis proyectos está la idea de que la educación vial sea una materia obligatoria en las escuelas", concluyó el diputado del Frente Renovador.

Los tres temas a trabajar, según el informe

Falta de percepción de riesgo: predomina en los jóvenes el sentimiento individual de excepción ("a mí no me va a pasar") que provee la creencia de "autocontrol" y conocimiento del propio límite. En este sentido, el riesgo no es la conducta individual sino la del "otro" que transita y por esto no se visualiza el costo de la integridad física ante la eventualidad.

Ausencia del Estado: el Estado está prácticamente ausente en la toma de decisión, tanto en su faceta de formación como de control. Es por esto que se minimiza el costo de tener que experimentar el control o la sanción.

Sobre este punto, Pérez dijo: "Hemos entregado 1200 alcoholímetros en comodato a provincias y municipios. Con los resultados de los controles, vamos teniendo los primeros informes estadísticos de cuánto consumen los conductores. No hay una sola estrategia para mejorar la situación, hay que atacarlo de varios frentes por ello trabajamos con la Sedronar".

Cultura del alcohol: el alcohol es un medio para la sociabilidad y se instaló como un hábito que deviene de la adolescencia y es parte esencial del ritual de las salidas nocturnas. En este sentido, tomar representa un beneficio muy alto para ellos.

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