Combatir a los propios demonios para no quedarse atrás en el trabajo

Paula Urien
Paula Urien LA NACION
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1 de abril de 2018  

¿Cuánto de real tiene pensar que no somos buenos para esto, para aquello? ¿Cuánto de cierto tiene una mirada de un compañero que nos pareció que era de enojo? ¿Que posibilidades hay de que un jefe realmente tenga desdén por alguien que trabaja bien?

El coach y terapeuta PNL español Nacho Fernández dice: "Ya sean reales o imaginarios, del pasado, del presente o del futuro, internos o externos, tus demonios personales pueden atraparte". Recomienda entonces 6 pasos para combatirlos:

1- Reconocer lo que sucede: es decir, no convertir una situación en algo que no lo es. También se podría agregar en esta instancia, como en tantas otras, no empeorar algo que salió mal con una conversación fuera de lugar.

2- Cambiar de estado: "Si sientes pánico, si colapsas o te dejas dominar por las emociones, recuerda que no te puedes dar el lujo de no reaccionar. Utiliza la adrenalina para darte un momento a ti mismo y percibir la intensidad real de tus emociones. Esa es la necesidad de comunicación que tiene tu interior en ese preciso momento", dice Fernández. El impacto de un hecho que quizás no está interpretado del todo bien puede ser enorme. Calma, entonces.

3- Buscar el valor de las señales de los demonios personales: "Reflexiona sobre el significado especial que tienen esos demonios personales para ti. ¿Por qué un temor específico se vuelve recurrente en tu vida? ¿Por qué este?"

4- Mantener contacto con un sentido de la realidad: una frase genial del bloguero: "Los demonios personales viven en la exageración. Por lo tanto, es muy conveniente minimizarlos".

5- Abordar los aspectos específicos: y sobre todo recuperar el poder, no dejar que ellos tomen el mando.

6- Volver a la realidad: "Tu demonio personal puede ser el miedo o alguna emoción desestabilizadora, llámese rabia, remordimiento, odio, envidia celos; pero el proceso será siempre el mismo. Y, en todos los casos, el objetivo será recuperar el sentido de realidad, contigo mismo y con las circunstancias externas".

Uno de los demonios que nos aquejan en el mundo del trabajo suele ser el de la inseguridad. Por más que haya de por medio una carrera sólida, la falta de confianza en uno mismo es desestabilizadora.

Sería interesante entonces poder imaginar a quienes trabajan con nosotros también rodeados de sus propios demonios. Así se establece una suerte de cofradía endemoniada que lleva a entender que todos estamos en el mismo camino, con esta suerte de acompañantes a los que hay que hacer lo posible por burlar.

El compositor español Josele Santiago dijo hace poco en una entrevista con La Voz de Galicia: "Hay muchos tipos de felicidad. La enfermiza no me convence, pero tampoco el estar amargado todo el día. Creo que mirar hacia otro lado es más pernicioso. A mí me gusta poner nombre a los demonios, más que nada porque así pierden poder. Me gusta saber a qué me enfrento. El arte cumple esa función".

Puede ser el arte, pueden ser unas buenas sesiones de terapia con un especialista o también está la opción de recurrir a esas charlas con amigos en las cuales no hace falta demostrar nada, simplemente existe el afecto y punto.

Esos buenos amigos también están en el trabajo, con la ventaja de conocer las vueltas de la oficina y el entorno, y son un excelente "ahuyentademonios" cuando atacan (es decir, cuando nos autoexcluimos, cuando tenemos miedo, cuando no podemos avanzar), la mayoría de las veces sin razón alguna. En vez de los cazafantasmas, los cazadores de inseguridades dan una buena mano cuando se necesita.

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