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Momentos de desidia: la misión humanitaria pudo haberse realizado hace décadas

El gobierno argentino demoró 35 años en colaborar con la tarea de identificación de los muertos en combate
El gobierno argentino demoró 35 años en colaborar con la tarea de identificación de los muertos en combate
Daniel Santa Cruz
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2 de abril de 2018  

Julio Aro fue combatiente de Malvinas y preside No Me Olvides, una de las fundaciones que respaldan la misión humanitaria que busca identificar a los 121 cuerpos que descansan en el cementerio de Darwin desde 1982.

La operación fue encargada a la Cruz Roja por los gobiernos de la Argentina y el Reino Unido 36 años después. Los familiares de los soldados identificados viajaron a Malvinas para participar de la ceremonia donde se colocaron las placas a las tumbas de sus seres queridos. Hasta el momento fueron identificados 90 cuerpos y siguen los trabajos, pero la pregunta recurrente es: ¿por qué más de 100 familias pasaron casi cuatro décadas sin datos de un ser querido caído en combate?

Tumbas del cementerio de Darwin
Tumbas del cementerio de Darwin Fuente: LA NACION - Crédito: Mauro V. Rizzi

Existen distintas hipótesis, pero para acercarse a una conclusión es necesario recorrer todo el trabajo realizado por las fuerzas británicas con los cuerpos de los soldados argentinos una vez culminada la guerra. Geoffrey Cardozo, un coronel británico que tuvo a su cargo la dura misión de recoger los cuerpos de los soldados argentinos esparcidos en los campos de batalla y de darles digna sepultura en el cementerio de Darwin, redactó un informe donde señala que la operación se hizo en dos partes.

Primero se hizo la exhumación, recuperación y puesta en ataúdes de todos los cuerpos ubicados alrededor de Puerto Argentino. Los ataúdes fueron llevados en un helicóptero Chinook hacia el Cementerio de Darwin, donde los féretros se bajaron a las tumbas con respeto, pero sin pompa ni ceremonia, según se afirma en el documento redactado por Cardozo. Esta tarea se hizo durante los días 7, 8 y 9 de febrero de 1983.

La segunda etapa involucró a los cuerpos ubicados en la zona oeste, en Ajax Bay, Puerto Howard, Fox Bay, Ganso Verde, Darwin y en áreas de la isla Soledad. La tarea demandó cinco días y fueron exhumados 72 cuerpos.

Cardozo redactó en el informe que el procedimiento seguido para el cuidado de los cuerpos fue el mismo para todos: "Después de la exhumación, cada cuerpo era examinado meticulosamente para su identificación. Luego era envuelto en una mortaja, puesto en una bolsa mortuoria de polietileno negro y finalmente en una bolsa mortuoria blanca de PVC".

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"Toda la información disponible fue escrita en tinta indeleble sobre las bolsas", señala el escrito. Y detalla: "Cuando el cuerpo era ubicado en el ataúd, la misma información fue transcripta con tinta indeleble en las tapas de los ataúdes. Los mismos datos fueron transferidos al registro de Tumbas Argentinas, el cual indica exactamente el lugar donde descansa cada cuerpo en el cementerio. Este sistema cruzado evitaría cualquier error si hubiera algún tipo de pedido en un futuro de reexhumar los cuerpos que están en el cementerio".

El informe británico detalla que se hicieron "grandes esfuerzos para identificar cada cuerpo, a pesar de que muchos muertos argentinos no tenían medallas identificadoras". En algunos casos, tenían las chapas, pero estaban en blanco. Algunos llevaban pequeños trozos de cartón cubiertos con adhesivo transparente. La mayoría de los efectos encontrados en los cuerpos eran fósforos, lapiceras, dulces, pañuelos, estampitas, oraciones y rosarios.

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"No había registros dentales, ni detalles de huellas dactilares ni asistencia con detalles o conocimiento local de naturaleza militar argentina. En alguna oportunidad encontré un número militar en algún cuerpo, que luego supe podía ser un número de identidad personal del soldado, pero no tenía más información al respecto", relata Cardozo. Y agrega: "Hay que recordar que las técnicas de ADN no eran conocidas en 1983, pero expertos forenses con conocimiento de los detalles ante-mortem relacionados con los caídos habrían sido muy útiles. Hice todo lo que pude en esas circunstancias".

Para Julio Aro faltó decisión y colaboración, teniendo en cuenta que se trataba de un trabajo humanitario. "Se hubiese podido identificar a todos o a gran parte de ellos en 1982, y no hacer esperar 35 años a muchos padres que no sabían dónde estaba sepultado su hijo. Algunos de ellos murieron durante la espera sin saberlo", dice.

"El caso más notorio fue el del soldado correntino Gabino Ruiz Díaz. Cuando Cardozo nos entregó el informe, en 2008, vimos que había un número de DNI como referencia de un cuerpo sin identificar. Lo cruzamos con el padrón y lo identificamos enseguida", remarca Aro.

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