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La conmovedora historia del chico que quiere ir al Mundial de Taekwondo a representar al país

Pablo Mascareño
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29 de marzo de 2018  • 15:38

"Es la primera vez que me sacan fotos para un diario, nunca hice esto", exclama eufórico a LA NACION Felipe Ballero, el joven deportista de 18 años que el domingo último sorprendió con un inusual pedido en Twitter. Desde esa red social, y luego en Facebook e Instagram, solicitó apoyo para poder viajar, en abril del año próximo, al Mundial de Taekwondo ITF que se disputará en Australia, para representar a la Argentina.

Todos le dicen Feli. Quienes lo conocen confirman que es un pan de Dios. Sin embargo, verlo en acción en un combate de Taekwondo inhibe. Sus saltos y patadas son realmente sorprendentes. Felipe Ballero tiene 18 años y es el Campeón Mundial de su disciplina en la categoría Juveniles Dan (cinturones negros) l a lll. Obtuvo su título el año pasado, cuando logró despertar ovaciones en el último Mundial que tuvo como sede a la provincia de Corrientes.

Felipe sabe lo que significa sacrificarse. Desde muy chico entendió que la economía familiar era escueta y que para llegar a cumplir sus sueños debía esforzarse más de lo corriente.
Felipe sabe lo que significa sacrificarse. Desde muy chico entendió que la economía familiar era escueta y que para llegar a cumplir sus sueños debía esforzarse más de lo corriente. Crédito: Victoria Gesualdi / AFV

En 2019, Australia oficiará de país anfitrión y, obviamente, los gastos de pasajes y estadía resultan onerosos para Felipe y su familia. Si no consigue costearse esas necesidades mínimas, el gran campeón perdería la posibilidad de revalidar su título y la Argentina se quedaría sin un representante de su nivel en una vidriera internacional tan destacada. "Me encanta competir, así que ir a Australia es un sueño para mí", confiesa el chico de peinado semi rapado en una soleada tarde de otoño en el Club Portugués de Parque Leloir, donde entrena rigurosamente cinco días por semana en el marco de la Escuela Hwarang Group con el instructor Fernando Terranova a la cabeza.

"Es un deporte amateur que no tiene ayuda de ninguna organización. Ni del Estado ni de privados. Todo lo hacemos a pulmón. En la escuela vendía rifas y organizamos kermeses. Ahora doy clases de defensa personal, con la idea de recaudar fondos. Mi papá puso un montón de plata para viajar a Corrientes en el Mundial anterior. Fue la primera vez que se hizo en la Argentina y no podíamos faltar", explica este flamante estudiante del profesorado de Educación Física que se dicta en el Instituto Vélez Sarsfield de Liniers.

Felipe Ballero, el chico que quiere participar del Mundial de Taekwondo

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-¿No tenés ningún tipo de ayuda del Estado? ¿Del Cenard, nadie se comunicó con vos?

-No, porque allí se desarrollan sólo los deportes olímpicos. Y el Taekwondo ITF, que es la rama pionera, la que fundó esta disciplina, no lo es.

-¿Cuál es tu solicitud concreta?

-En verdad, mi pedido es que cualquier persona, o empresa, que quiera ayudar, puede hacerlo. Ya sea con plata, con los pasajes para los viajes, con el hospedaje, y también con los mensajes.

-¿Mensajes?

-Eso me ayuda mucho, me da fuerzas. La gente me dice: «¡Felicitaciones campeón, es un orgullo que nos representes!». Es muy hermoso, me llena el alma, me alienta.

-Si surgiese un sponsor, ¿la tarea sería más sencilla?

-Me permitiría seguir entrenando, compitiendo para poder representar al país, y estudiar. Sin estudio, no hay nada, es fundamental.

La gente me dice: «¡Felicitaciones campeón, es un orgullo que nos representes!». Es muy hermoso, me llena el alma, me alienta.
La gente me dice: «¡Felicitaciones campeón, es un orgullo que nos representes!». Es muy hermoso, me llena el alma, me alienta. Crédito: Victoria Gesualdi / AFV

Como un Quijote

Felipe sabe lo que significa sacrificarse. Desde muy chico entendió que la economía familiar era escueta y que para llegar a cumplir sus sueños debía esforzarse más de lo corriente. "Por los problemas económicos, tardé en llegar al primer cinturón negro. Hubo muchos exámenes a los que no fui, pero no lo sufrí, fueron cosas que me presentó la vida. La vida es así", dice apelando a una filosófica mirada de la existencia inusual en un millennial.

-¿Cómo fue la llegada a ese anhelado primer cinturón negro?

-¡Increíble! Rendí el examen para llegar a primer Dan un mes antes de ir al Mundial, que fue, nada menos, mi primera competencia. Mi cinturón negro lo estrené en el mundial, nunca me lo había puesto. Primera competencia internacional, el debut de mi cinturón y mi primer título mundial. Todo junto. ¡Una locura!

- ¿Ha sido dura tu infancia?

-Quizás, cuando era muy bebé, la pasamos mal. Mi papá la peleó mucho para estar donde estamos hoy en día. Mi viejo trabajó de noche, en la cancha de Boca Juniors, hizo de todo. Vivíamos en La Boca, en un departamentito de 22 metros cuadrados alquilado. Pero nunca lo sufrí, porque mi papá se rompió el lomo siempre para darme todo. Tengo imágenes de estar cenando un churrasco con arroz y mi padre sin comer nada. Yo le preguntaba: «¿Papá, y vos?». Y él me decía: «No hijo, yo ya comí». ¡Mentira!. No había comido. No alcanzaba para los dos. Siempre la peleamos y pudimos salir adelante. Gracias a Dios, nunca nos faltó nada, pero con mucho sacrificio tenemos lo que tenemos. Sembramos mucho y es hora empezar a cosechar.

Crédito: Victoria Gesualdi / AFV

A Felipe se le humedecen los ojos. Se emociona al pensar en su corta e intensa historia. Otra vez el pibe de pectorales marcados y pies que acusan una talla 46 se doblega ante ese otro que es puro sentimiento. Ese "pan de Dios" como lo definen Diego y Noelia, sus padres. El orgullo de Sofía, su hermanita menor que disfruta de la sesión de fotos, algo inusual para toda la familia. "No soy de lágrima fácil, pero soy de lágrima donde corresponde. Me emociono mucho. No creo que esté mal que un hombre llore".

-¿Y vos por qué cosas llorás?

-En el Mundial anterior, cuando me subieron al podio y me trajeron la medalla dorada, miré a mi viejo, a mi entrenador, a la gente gritando en la grada «Argentina, Argentina», y me largué a llorar.

-No es para menos.

-Lo pienso y me dan ganas de volver a llorar. Es una sensación única y quiero que se repita.

Limitaciones que no se padecen

A los 18 años, Felipe Ballero tiene una madurez sorprendente y un norte muy firme. Será por eso que no padece ciertas restricciones en sus hábitos cotidianos, ni llevar una vida inusual para un chico de su edad. No toma alcohol, no sale de noche y entrena cinco días por semana con Fernando Terranova, su entrenador. "Vengo a la clase con ganas. Los viernes y domingos, que son los días que no entreno, siento que me falta algo. Tengo ganas que sea el día siguiente para entrenar".

-¿Es dura la rutina?

-El entrenamiento no es duro, es fuerte, intenso. Duro sería si no lo hiciera por voluntad propia. Me encanta que me duela, me encanta cuando me esfuerzo y me digo: «No llego, no llego». No todos los días hacemos lo mismo. Se alterna entre resistencia, combate, y formas. En verano, me levanto a las siete de la mañana para ir a correr. Y los fines de semana, repito esa rutina.

La publicación en Twitter que formalizó las necesidades de Felipe lleva más de 21.000 likes y casi 39000 retweets.
La publicación en Twitter que formalizó las necesidades de Felipe lleva más de 21.000 likes y casi 39000 retweets. Crédito: Victoria Gesualdi / AFV

-¿Vas a bailar, concurrís a fiestas?

-Si peleo un sábado, no salgo tres semanas antes. Y jamás tomo alcohol. Además, tengo que descansar mucho. Hay más probabilidades que una persona se muera por no dormir, que por no comer. Es fundamental estar descansado física y mentalmente.

-¿Te pesa llevar esa vida bastante diferente a la de un joven de tu edad?

-Para nada. Y mis amigos me entienden perfectamente.

Felipe soñaba con salvar vidas, dedicarse a la medicina quirúrgica. Pero el camino fue otro. Desde chico, su papá lo anotó en fútbol, quizás siguiendo la tradición del abuelo Raúl Ballero, quien jugó en la Primera de Boca Juniors y en América de Cali. Pero también su padre le inculcó el karate y su madre el judo. "Se fue dando naturalmente, jamás me obligaron a hacer nada que no quisiese. Cuando jugaba en Boca, sabía que no me quería dedicar a eso porque a mí siempre me gustó el arte marcial. Mi papá me fue inculcando frases, técnicas, patadas, secretos. De chiquito le pedía hacer karate.

-Con una convicción tan firme, era imposible detenerte. ¿Cómo arrancaste formalmente en la disciplina?

-Cuando nos mudamos a Parque Leloir, conocí a Facundo, el hijo de mi entrenador, con quien ahora somos muy amigos. A través suyo me enteré que su papá daba taekwondo. Así surgió esta pasión. Es el amor de mi vida. Amo hacer esto. Una vez mi papá me dijo: «Si hacés lo que te gusta, vas a sentir que no trabajarás jamás». Y es así. Desde que salí campeón, me dije: «Amo ésto, me tengo que dedicar a fondo porque es lo que me hace feliz». A la larga, si hacés algo que no te gusta, termina siendo una molestia.

-¿En qué pensás cuando competís?

-Primero pienso en mí, porque el taekwondo es un arte marcial deportivo individual. A la hora de combatir, mi pelea empieza una semana antes.

-¿Cuál es la pelea más difícil?

-La pelea más difícil es la pelea conmigo mismo. Me comen los nervios, me largo a llorar antes de combatir. El día que competí, en el Mundial anterior, vomité antes de pelear. Además, una semana antes, concentro mucho.

En redes sociales solicitó apoyo para poder viajar en abril de 2019 a Australia.
En redes sociales solicitó apoyo para poder viajar en abril de 2019 a Australia. Crédito: Victoria Gesualdi / AFV

-¿Qué técnica utilizás para concentrar?

-Escucho mucha música, y me baso en una buena alimentación. Además, miro mi película de cabecera: Retroceder nunca, rendirse jamás. ¡No me canso de verla! La veo y me veo yo.

Felipe es fanático del rap y del rock de ACDC y Metallica. Son su cable a tierra mientras se somete a un riguroso mecanismo alimenticio que lo mantiene en forma: "La alimentación es un tema muy delicado. Diez días antes de pelear como muchas verduras y frutas para limpiar los músculos. Y, también, algo de carne por las proteínas. Cuando faltan dos días para la competencia, incorporo hidratos de carbono que funcionan como un combustible. Y suelo tomar mucha agua porque te limpia la sangre y te cambia el metabolismo del cuerpo. El agua hace quemar calorías y modificar la temperatura corporal.

-¿A quiénes les dedicas los triunfos?

-A mi viejo antes que a nadie. Y también a mi vieja y a mi entrenador.

El pedido está hecho. La publicación en Twitter que formalizó las necesidades de Felipe lleva más de 21.000 likes y casi 39000 retweets. Por la calle, algunos lo paran para felicitarlo. Y en la puerta de Vélez lo esperan para saludarlo. Felipe está convencido de que viajará a Australia para representar al país. Quedó demostrado que lo que se propone, lo logra. Solo resta esperar la respuesta del Estado, algunos sponsors privados y todo aquel que, buena voluntad mediante, quiera colaborar para que este joven de madurez inusual pueda viajar junto a su padre y a su entrenador. Para ellos, la suma que hace falta para pagar los pasajes y la estadía es un dineral. Sin embargo, no es tanto. Mucho menos de lo que significará que Felipe Ballero haga flamear la bandera celeste y blanca ante la mirada del mundo en Australia 2019.

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