Edición colectiva

Soledad Simond
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1 de abril de 2018  • 11:28

“Salí trabajo, salí trabajo”, le grita Vicente, de dos años, en un mensaje de WhatsApp a Vir Gandola, su mamá y quien lleva adelante todas nuestras producciones, porque todavía está en el cierre, ya de noche. Ella lo reenvía a nuestro grupo y a cada una de nosotras nos da risa y amor. Al rato, Cande Palacios, editora, manda una foto de Iván, de un poquito más de un año, comiendo en su sillita, agradeciendo que la hayamos alentado a ir a su casa porque llegó a verlo despierto. Mientras, con Euge Castagnino, editora general, hacemos planes para los próximos días, “¿cuándo sería la próxima reunión de sumario?”, porque, aunque estemos agotadas, este cierre no termina acá. Bel Ardila, diseñadora, reniega con el sistema porque una nota no sube. Entonces, Herni Moreno, corrector, la ayuda averiguando a quién pueden llamar para resolverlo. Al lado, Sole Pérez Mendoza, diseñadora también, adelanta lo que hay que hacer para mañana así no nos agarra el cierre en pijama. Y Carmen Güiraldes, preocupada porque sus hijas preadolescentes ya se quedaron solas, organiza lo último para irse haciendo pool en el auto con Vir. Inés Auquer, editora de Fotografía, hace pase de posta con Jade, la otra editora, porque Mía, su hijita, la espera. Agus Vissani, secretaria de redacción, vino a visitarnos a pesar de estar en licencia por maternidad para darnos una mano. Ine Pujana, nuestra redactora, embarazada de más de seis meses, organiza el “catering” del cierre, porque ya a las 20 hs. nos da hambre, y Romi Salusso sube lo último a redes y prepara la subida de online de las notas del día siguiente.

Esto es OHLALÁ!, una red, un equipo. Es verdad que es un trabajo, pero amamos lo que hacemos. Si no, este número –hecho por lectoras– no hubiera sido posible,

El #takeoverdelectoras implicó llevar al equipo al límite, y cuando faltaba solo una semana para el cierre y había solo una nota diseñada, yo pensé que había sido mi peor error como líder. Me veía laburando los fines de semana (como cuando OHLALÁ! arrancó y no nos daban las 24 hs. para llegar al resultado que queríamos). Anita Pagani, jefa de Arte, sugirió pedir una prórroga a imprenta para llegar un poco mejor, y Fer Acosta, nuestra brand manager, nos ayudó.

Lo hicimos, aunque implicaba salir después de Pascua. Nos dieron tres días más. Y aquí estamos, en la recta final. Ahora que empiezo a ver lo que hicimos, descubro la osadía, la confianza de todas en nuestra intuición, el diálogo sincero entre las lectoras y nosotras, que no somos sino otra cosa que ohlaleras. Todas en el mismo círculo generando una experiencia –me atrevo a decir– única en la historia del periodismo. Decidimos abrirnos a la aventura, nos divertimos, nos peleamos, nos amigamos, probamos cosas ridículas. No sabíamos, ni sabemos, si esta edición es una genialidad o no. El chiste interno es: “esto es muy rupturista, muy ‘se cortó el audio’” (por algo que me pasó en la entrevista de “Muchas Mujeres”, ver pág. 74).

Vas a ver que esta revista aniversario no tiene nuestras típicas secciones/carátulas ni respeta la organización de contenido, y menos mantuvimos los formatos típicos de nota. Cuenta con algunos de nuestros colaboradores estrella, pero priorizamos que la mayor cantidad posible lo hiciera nuestro #takeoverdelectoras.

Y con esta velocidad en la que estamos metidas desde hace más de un mes, yo no me detuve a pensar en lo que significa cumplir 10 años. A mí, que estoy desde el número cero (el primer boceto), me hace preguntarme: ¿cómo seguir?, ¿qué me hace feliz?, ¿qué es la vida?, porque OHLALÁ! siempre nos alentó a hacernos estas preguntas. Y el “¡salí trabajo!” de Vicente nos invita a todas a balancear, a cuidar nuestros amores, recursos, descanso, placeres. Durante una década pasé por tantas cosas, y este aniversario te hace mirarlas, y también recordar lo que todavía es un anhelo.

Gracias, entonces, a Titi Elizalde, mi jefa y tantas veces mentora, a cada uno del equipo (de todas las áreas: redacción, comercial, marketing, publicidad, eventos, RR. HH.) y especialmente a cada lectora que vibra con OHLALÁ! y le da sentido al esfuerzo. •

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