‘Ready Player One’: La apabullante película de Spielberg adora los 80

La versión del icónico realizador de un emblema de la literatura geek sobre realidad virtual te va a enceguecer hasta someterte, o morir en el intento
Peter Travers
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29 de marzo de 2018  • 15:10

‘Ready Player One’

Tye Sheridan, Lena Waithe, Ben Mendelsohn. Dirigida por Steven Spielberg/Tres estrellas

El niño gamer que lleva adentro Steven Spielberg hace flamear su bandera de freak de la realidad virtual en Ready Player One, un viaje mental que te enchufa a una fantasía plagada de maravillas generadas por computadora, ciber-paisajes deslumbrantes mezclados con actores reales, huevos de Pascua escondidos e infinitos homenajes a la cultura pop de los ochenta. (Va a ser mejor que refresques tu memoria acerca de todo, desde Alien hasta Zemeckis, si no querés quedarte afuera). El objetivo del legendario director en esta arriesgada adaptación de la novela de ciencia ficción de Ernest Cline de 2011, un emblema geek, es meterte en el juego, y es una película taquillera que se esfuerza por ser interactiva. Pero olvidate de los auriculares: Spielberg tiene el control. ¿Y por qué no? Es el maestro de este tipo de cosas.

Primero, algo de dura realidad: es el año 2045. El mundo se fue al infierno. El huérfano Wade Watts (Tye Sheridan) está atrapado en el nido de ratas en que el tiempo transformó a Columbus, Ohio, donde la gente vive en containers apilados uno arriba del otro. Los habitantes persiguen sus sueños en OASIS, una plataforma de realidad virtual creada por el genio loco James Halliday (el gran Mark Rylance) y su socio Ogden Morrow (un astuto y sorprendente Simon Pegg). El legado salvaje estilo Willy Wonka de Halliday, que vemos a través de numerosos flashbacks, es un último juego a todo o nada para que jueguen sus seguidores. El ganador que encuentre tres llaves ocultas, que llevarán al afortunado campeón hacia el último huevo de Pascua, heredará la fortuna del fallecido creador y un control total de OASIS.

¡Y así empezamos! Cuando Wade se pone el visor digital, se transforma en Parzival, avatar perfecto del chico más cool. Su mejor amiga Aech (Lena Waithe, absolutamente genial, que debería estar en todas las películas) es una genia tecnológica cuyo avatar está orgulloso de exponer la competencia. Tanto Wade como Aech tienen el ojo puesto en Art3mis (Olivia Cooke), una diva de pelo rosado que compite en el primer desafío de la película- una impresionante persecución de autos-. Los obstáculos de Wade, que viaja en una máquina del tiempo estilo DeLorean (hola, Volver al futuro), incluyen a King Kong, un Tiranosaurio Rex hambriento y un montón de otras referencias demasiado lindas como para arruinar la sorpresa.

Wade pasa su primera prueba, junto con Aech, Art3mis y el dúo japonés formado por Daito (Win Morisaki) y Shoto (Philip Zhao) -gunters, es decir, cazadores de huevos de Pascua, que él sólo conoce en OASIS-. Pero hay un villano merodeando: Nolan Sorrento (Ben Mendelsohn), un tipo blanco corporativo que está decidido a ganarles a los chicos en su propio juego. Cuenta con un monstruo llamado i-Rok (cuya desenfrenada voz es de T.J. Miller, como si nunca se hubiera ido de Silicon Valley), quien, por supuesto, no le llega a la suela de los zapatos a este muchacho que lucha contra el mundo, un clásico de Spielberg desde la época dorada de E.T. En un desafío de preguntas y respuestas basado en películas de John Hughes, Wade le da a Nolan la paliza de su vida, y trabajando con un guión del autor Cline y Zak Penn, Spielberg prepara la suficiente cantidad de batallas y confrontaciones como para llenar una docena de películas -aunque presten atención a una secuencia sobre El resplandor que por sí sola justifica el precio de la entrada-.

¿Es un exceso? Claro. Pero la creatividad visual de Spielberg es incansable. Sólo trastabilla cuando trata de darle calidez al aparataje tecnológico con un toque personal, como cuando Wade y sus amigos, conocidos como los High 5, finalmente se conectan en una realidad que hace que la fantasía baje de nuevo a la tierra. Sheridan y Cooke aportan un anhelo romántico genuino a sus pocas escenas juntos. Pero los segmentos con actores son más aguafiestas que vigorizantes.

Quienes quieran que Ready Player One condene el universo digital como una fuerza destructiva contra la conexión humana, búsquense otra película. El guión es demasiado superficial para eso, y no le pidan a este realizador -un hijo de un matrimonio divorciado que encontró un escape (y eventualmente una carrera) perdiéndose felizmente en la televisión, las películas y los primeros videojuegos- que les dé una lección. El espectáculo constante no se detiene ni siquiera cuando la carga sensorial se vuelve excesiva; si tiene la oportunidad de mostrar al Iron Giant luchando contra Mechagodzilla, la va a aprovechar. A los 71 años, este icónico director apenas se esfuerza por construir una moraleja contra todo lo que pueda ayudar a un chico alienado a construir un oasis con su propia imaginación. Como siempre, Spielberg está listo para jugar. ¿Y vos? Empezó el juego.

(Referencia de puntaje: 4 estrellas - Clásico / Tres estrellas y media - Excelente / Tres estrellas - Bueno / Dos estrellas - Regular / Una estrella - Malo)

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