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El Papa le lavó los pies a doce presos

Fue parte de la tradicional ceremonia del jueves Santo
Fue parte de la tradicional ceremonia del jueves Santo Crédito: Osservatore Romano
Elisabetta Piqué
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29 de marzo de 2018  • 16:49

ROMA.- Como solía hacer siendo arzobispo de Buenos Aires, en señal de servicio y evocando lo que hizo Jesús durante la Última Cena, el Papa le lavó hoy los pies a 12 detenidos de diversas nacionalidades de la cárcel romana de Regina Coeli. Durante su visita a este centro penitenciario del centro histórico de esta capital, al saludar a los detenidos y en un fiel reflejo de su espontaneidad Francisco, de 81 años, también reveló que el año próximo deberá operarse de cataratas.

"Tú hablaste de renovar la mirada y esto hace bien. A mi edad, por ejemplo, vienen las cataratas y no se ve bien la realidad. El año próximo me voy a tener que operar", confesó, sorprendiendo a todos, ya que normalmente los temas que hacen a la salud de un Pontífice suelen mantenerse en máxima reserva.

El Papa le lavó los pies a 12 presos

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Francisco, que ya le había lavado los pies a detenidos de la cárcel de menores de Casal Di Marmo (en 2013), de Rebibbia (en 2015) y de Paliano (en provincia de Frosinone, el año pasado), volvió a realizar este tradicional rito del Jueves santo con presos de diversas nacionalidades y religiones. Cuatro italianos, dos filipinos, dos marroquíes, un moldavo, un colombiano y dos africanos (de Nigeria y Sierra Leone); ocho de ellos, de religión católica, dos musulmanes, un ortodoxo y un budista.

Antes, en un sermón, explicó el por qué de este gesto de humildad y servicio, que evoca el que hizo Jesús con los 12 apóstoles y da inicio al llamado Triduo Pascual. Recordó entonces que en tiempos de Jesús eran los esclavos quienes lavaban los pies cuando alguien entraba a una casa. "En ese tiempo no había asfalto, había polvo en las calles y la gente se ensuciaba los pies. Lavar los pies era un trabajo que hacían los esclavos. Pero era un servicio, un servicio realizado por esclavos. Y Jesús quiso hacer este servicio para darnos un ejemplo de cómo nosotros debemos servirnos los unos a los otros", dijo, en una homilía que improvisó.

Francisco reveló también que deberá operarse de cataratas
Francisco reveló también que deberá operarse de cataratas Crédito: Osservatore Romano

Francisco, que por la mañana llamó a los sacerdotes a ser cercanos, también recordó que de esta manera Jesús "trastornó" la costumbre histórica, cultural, de esa época, pero también de hoy. "Quien manda, para ser bueno, esté donde esté, debe servir", dijo. "Si tantos reyes, emperadores, jefes de Estado, hubieran entendido esta enseñanza de Jesús y en lugar de mandar, de ser crueles, de matar a la gente hubieran hecho esto, cuántas guerras se hubieran evitado", clamó. "Hay gente que sufre, que es descartada por la sociedad y Jesús va y les dice 'tu eres importante para mí'. Jesús viene a servirnos y ha querido elegir a doce de ustedes para lavarles los pies. Jesús se arriesga sobre cada uno de nosotros, no se llama Poncio Pilato, no sabe lavarse las manos, sino sólo arriesgarse", indicó.

Y, claro y directo, adelantó el significado del gesto simbólico del lavado de pies: "hoy cuando yo, que soy pecador como ustedes, pero represento a Jesús, soy embajador de Jesús, me incline ante cada uno de ustedes, piensen: 'Jesús se ha arriesgado en este hombre, un pecador, para venir a mí y decirme que me ama'. Este es el servicio, este es Jesús: no nos abandona nunca, no se cansa nunca de perdonarnos", explicó.

Luego, en medio del silencio, con rostro serio, pero cálido, Francisco se arrodilló y le lavó los pies a los 12 detenidos seleccionados. En un clima muy emotivo, se los secó con una toalla blanca, luego se los besó y les dio un abrazo paterno.

En la misa, a la hora del intercambio de la paz, pidió un momento de silencio y que cada uno de los presentes pensara en sus seres queridos y, también en lo no queridos y más aún, "en quienes nosotros quisiéramos vengarnos". "Y pidamos al Señor, en silencio, la gracia de dar a todos, buenos y malos, el don de la paz", exhortó.

Antes de irse, en respuesta al saludo de la directora del penitenciario y de un detenido, al margen de revelar que el año próximo deberá operarse de cataratas, al hablar de la necesidad de renovar la mirada, volvió a enviar un mensaje de esperanza. "No se cansen nunca de renovar la mirada. De hacer esa operación de cataratas al alma, cotidiana. Siempre renovar la mirada. Es un esfuerzo grande. Todos ustedes conocen la botella de vino a medias: si yo miro la mitad vacía, es fea la vida; pero si miro la mitad llena, todavía tengo para tomar", dijo.

Finalmente, como también hizo en cada una de las visitas a cárceles de todo el mundo, durante sus viajes internacionales, volvió a reiterar la importancia de "penas abiertas a la esperanza", de la reinserción de los presos y condenó la pena de muerte "que no es humana ni cristiana".

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