Una voz de peso en la moda

Michelle Smith se convirtió en la mujer detrás de algunos de los looks de la historia política reciente. Favorita de Michelle Obama, viste a figuras del espectáculo y propone alejarse de los estereotipos
Michelle Smith se convirtió en la mujer detrás de algunos de los looks de la historia política reciente. Favorita de Michelle Obama, viste a figuras del espectáculo y propone alejarse de los estereotipos
Juana Libedinsky
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1 de abril de 2018  

Tradicionalmente, al hablar del físico de Michelle Obama , el énfasis (políticamente correcto, además) siempre estuvo en sus brazos. Fibrosos y trabajados, le gustaba mostrarlos en la ropa y las fotos oficiales. Eran, a la vez, un símbolo de fortaleza y un toque muy ligeramente sensual de piel al descubierto.

No fue ese, sin embargo, el énfasis en las fotos que Michelle Obama hizo para la revista Essence. Para el medio glamoroso y aspiracional que se define como "para y sobre mujeres de piel negra", en 2016, Obama posó con los hombros a la vista. Pero lo que el vestido oscuro marcaba mucho, eran, sobre todo, unas curvas traseras poderosas mientras se abrazaba con el presidente en la intimidad de la Casa Blanca.

Para algunos fue un gesto valiente y liberador. Para otros, reforzaba demasiado el estereotipo exuberante del cuerpo de las mujeres afroamericanas y cómo se visten para marcarlo. El debate empezó entre los lectores de la revista, pero trascendió a un fenómeno nacional, y quedó como uno de esos momentos en que la moda marcó el relato de una presidencia.

Lo curioso es que detrás del vestido estaba una diseñadora delgadita y rubia, mamá en los colegios más conservadores del Upper East Side. Con un flagship en la avenida Madison y una sucursal en East Hampton bien cerca de sus clientas originales típicas, Michelle Smith no es el estereotipo de quien uno espera sea la social warrior (guerrera social) del momento. Sin embargo, con su firma Milly, además de estar detrás de algunos de los looks más comentados de la historia política reciente, es la elegida por superestrellas como Jennifer Lopez, Emma Roberts, Taylor Swift, Milly Bob Brown, Beyoncé y hasta las Kardashian. Está haciendo el vestuario para prima ballerinas del MET. Y sin renegar de su base de "princesas de Park Avenue", Smith se volvió, a la vez, totalmente Hollywood y una voz fresca y respetada de las luchas políticas y culturales que están marcando la atmósfera.

La prueba más poderosa llegó a comienzos de 2018. Una vez concluido su mandato, los presidentes y las primeras damas quedan inmortalizados en retratos oficiales que cuelgan en las galerías del Instituto Smithsoniano de Washington. Para el suyo, Michelle Obama eligió un vestido de la colección primavera verano 2017 de Milly, que, una vez más, causó sensación por su simbolismo.

"Fue una locura -confiesa Smith a LA NACION Revista- Yo estaba en París comprando géneros cuando fue la ceremonia en la que se dio a conocer el cuadro y se supo que yo había diseñado el vestido. Empezaron los llamados de Vogue, del Washington Post. Era la una de la mañana y yo seguía atendiendo, y rogando no estar diciendo cualquier pavada porque estaba tan cansada. Pero fue un gran honor. Todavía no pude absorber del todo que voy a ser un poco parte de esa permanencia, de ese legado".

La entrevista con Smith es en el café milanés más emblemático de las señoras de la zona más conservadora de la ciudad, que envueltas en pieles corren de un acto en la escuela a una reunión para su beneficencia favorita. De manera muy apropiada, ella lleva un anillo de compromiso con el diamante de rigor (las reuniones de padres aquí a veces parecen un concurso de cuán grande es tu piedra preciosa) y el bolsito de gimnasia con el nombre del colegio de varones de la vieja guardia donde va su hijo. En la oreja, sin embargo, hay un alfiler de gancho y su camiseta dice merde.

De Upper East Side a Hollywood: Michelle Smith se convirtió en una fresca y respetada referente de las luchas políticas y culturales que están marcando la atmósfera
De Upper East Side a Hollywood: Michelle Smith se convirtió en una fresca y respetada referente de las luchas políticas y culturales que están marcando la atmósfera

¿Cómo empezó tu relación con Michelle Obama?

Muy de a poco. Durante el primer mandato su estilista me llamó y me pidió un blazer, un par de vestidos. Fue muy emocionante cuando se los vi puestos. En la segunda presidencia usó un vestido muy típico mío para la famosa tapa de Essence, ese despliegue maravilloso donde apareció muy curvilínea para una primera dama. Supongo que a partir de entonces estuve en su radar. Un año después, me llamaron para ver si la quería vestir para su retrato oficial .

¿Te dijeron por qué te habían elegido?

No, y me dio vergüenza preguntar. Tomé el tema como vino. Además, ellos ya sabían exactamente cuál era el vestido que querían. Era un solero geométrico y me sorprendió mucho, nunca lo hubiera elegido para un retrato formal en el Smithsoniano. Es más, me atreví a sugerirles hacerlo en un color sólido, o un estampado de flores, y que cubra más piel, pero querían exactamente ese. Yo ya tenía las medidas de la señora Obama de las veces anteriores que la había vestido, así que el proceso fue muy fácil. Me pidieron que no dijera nada y me olvidase del tema. Me puse a saltar. No se me ocurría nada mejor para hacer.

¿Por qué te parece que causó tanto revuelvo?

Era de poplin de algodón, el género del pueblo. No es algo aristocrático sino espartano, limpio y muy del trabajador americano. Hasta tenía bolsillos para ser funcional. La espalda y los brazos estaban al descubierto, que tiene sentido, porque ella es una mujer que quiere mostrarse haciéndose cargo de su feminidad y sin miedo a exponerse. Pero en la espalda hay cintas cruzadas que atan. Es un símbolo que recorre toda mi colección, que indica que todavía no somos del todo libres, que no hay igualdad racial y sexual plena.

¿Tuviste contacto directo con ella?

Me invitaron a la Casa Blanca un par de veces. La primera fue como parte de un Consejo de la Moda al que pertenezco, todo muy formal, pero me elogió el vestido que llevaba. La segunda vez fue en una fiesta privada. Era muy relajado y teníamos que dejar los teléfonos móviles en la entrada. Cuando salí y me lo devolvieron, me hice una selfie y aparece Bruce Springsteen detrás. Y estaban todos los artistas más increíbles: Stevie Wonder, Paul McCartney. Allí sí pude charlar y le rogué que se postulara a la presidencia.

¿La vestirías a Melania si te lo pide?

Solo puedo decir que no me siento alineada con la presidencia de Trump.

¿Cuán distinto es vestir celebridades de vestir a tus clientas habituales?

No me importa si es una Kardashian o una mamá del Upper East Side, cuando veo a alguien con mi ropa todavía me da una enorme emoción y solo quiero que se sientan atractivas, poderosas y seguras de sí mismas llevándola.

De puño y letra: Boceto de Michelle Smith, de un vestido que se lució en el New York Fashion Week, colección primavera/ verano 16-17
De puño y letra: Boceto de Michelle Smith, de un vestido que se lució en el New York Fashion Week, colección primavera/ verano 16-17

¿Cómo te volviste la diseñadora de la que todos los medios hablan?

Creo que cambié mucho en los últimos años. En vez de encarar cada colección pensando ¿quiero moños o volados o el color azul?, decidí arrancar de mis sentimientos tanto privados como respecto a lo que está pasando en la sociedad. La gente supo responder a esas emociones. Ayuda que con mi marido somos los dueños de la marca, no tenemos que responder a accionistas. Podemos tomar posiciones muy personales políticas e ideológicas que de otra forma serían más difíciles de tomar. Creemos firmemente en los derechos reproductivos de la mujer, por ejemplo, y a través de nuestra ropa y campañas apoyamos a ese tipo de organizaciones. A través de mi marca puedo tener una voz más fuerte que sola como individuo.

¿Cómo te manejás con los debates del momento?

Estamos sacando una colección en tallas grandes, especialmente de tejidos. No quiero que nadie se sienta excluido. En la pasarela no uso modelos que sean excesivamente delgadas. En cada casting vemos un centenar de chicas y hay algunas que te das cuenta inmediatamente que transmiten un problema de salud. Nunca las usamos porque no me gusta enviar mensajes negativos. También creo en la diversidad, creo que más que otras marcas. Usamos modelos afroamericanas, latinas, transgénero y de sexualidad fluida en los desfiles. Y no usamos menores de edad, sino modelos de veintipico y treinta y pico. Para chicas muy jóvenes ir a los castings puede ser cruento en términos de autoestima. No nos manejamos con leyes ni reglas al respecto. Como diseñador, como marca y como ser humano, querer ser genuinamente diverso e inclusivo es algo que nos sale de manera natural.

¿Qué opinás del #MeToo?

Yo no creo que el movimiento esté realmente ocurriendo aún. Hay demasiadas historias que circulan que todavía no han salido a la luz como para que se pueda enderezar el rumbo. Pero ojo, tampoco hubo un movimiento #MeToo en Wall Street. En cualquier industria hay gente que va a abusar de su poder y hay que acabar con eso. Igual, tanto me tocó que mi colección preotoño fue inspirada por el #MeToo. La llamé el torero. Después de leer el artículo de Ronan Farrow en The New Yorker sobre Harvey Weinstein que disparó todo, imaginé a esas mujeres como toreros, y pensé lo intimidante que les debió ser salir a la arena. Tenía la imagen de toreadores que terminaban empalados, de los riesgos que toman y del miedo que deben sentir, pero diseñé mi colección imaginándolas como matadores bellas y empoderadas.

En la Argentina, justo empieza el otoño, ¿cómo recomendarías dentro de esta línea vestir?

Monocromo de pies a cabeza, sobre todo en tonos de colorado y amarillo, acumulando el poder del color y no cortándolo innecesariamente con timidez. Es un look fresco y valiente, y muy fácil de hacer aún con prendas que ya se tienen en casa.

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