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Augusta National: el club que rompió restricciones y deja que más mujeres se vistan de verde

Condoleeza Rice, la ex funcionaria de George Bush (h.) que se siente muy cómoda en su papel de socia del Augusta National
Condoleeza Rice, la ex funcionaria de George Bush (h.) que se siente muy cómoda en su papel de socia del Augusta National
Gastón Saiz
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3 de abril de 2018  • 23:59

AUGUSTA.- Quizás no haya sido un deseo real de Augusta National, sino la necesidad de que el club no viera alterada su imagen inmaculada frente al mundo. La frase del presidente Hootie Johnson empezaba a sonar a paleolítico en 2002: "Puede que algún día las mujeres sean admitidas aquí, pero jamás será a punta de bayoneta". Ese "algún día" iba a significar nunca para Johnson, al menos durante su mandato, que comprendió entre 1998 y 2006.

Pero la sociedad cambió y el golf también en función de un espacio para ellas. Billy Payne (2006-2017) fue quien asumió los eventuales costos ante la facción más tradicionalista y conservadora de la entidad organizadora del Masters. Hizo piruetas durante seis años para eludir preguntas acerca de la admisión de socias, al tiempo que la activista feminista Martha Burk ejercía una furiosa presión en su lucha por la no discriminación de sus congéneres. Hasta que en 2012, después de numerosos debates internos y especulaciones de nombres, llegó el anuncio que rompió con 80 años de hegemonía masculina: "Este es un motivo de alegría. Estas dos mujeres comparten nuestra pasión por el golf y ambas son conocidas y respetadas por nuestros socios. Es un momento significativo en la historia de nuestro club".

Payne se refería a Condoleezza Rice, la secretaria de Estado entre 2005 y 2009, y a Darla Moore, vicepresidenta de una compañía de inversiones y la primera mujer que apareció en la portada de la revista Fortune. Ellas se convirtieron en las dos socias iniciales entre los 300 y pico de miembros que hay en total en el club. En 2014 se sumó la tercera, Virginia Rometty, CEO de IBM, sponsor del Masters. Y hace un puñado de días surgió la novedad de la cuarta, tal como lo adelantaron medios ibéricos: la española Ana Patricia Botín, que preside el Banco Santander y esta semana cambiará en riguroso secreto su rojo corporativo por el verde de Augusta. Botín (57 años) es ex cuñada de Severiano Ballesteros -ganador de dos chaquetas verdes- y jugó con Angel Cabrera en febrero pasado el Pro-Am previo del AT&T Pebble Beach. Además, figuró en 2017 en el 9º puesto de las mujeres más poderosas del planeta, según la revista Forbes.

Ana Patricia Botín (Banco Santander), la última en sumarse al exclusivo club de Augusta
Ana Patricia Botín (Banco Santander), la última en sumarse al exclusivo club de Augusta Crédito: El Mundo

El poderío económico no es el elemento decisivo para ser aceptado como socio, sino la discreta influencia generada a partir de los tentáculos de poder, justamente lo que caracteriza a ellas. Vaya si lo sabe el cerebro de Microsoft, Bill Gates, que antes de ser rechazado varias veces para lograr por fin la membresía, cometió el error de promocionar su deseo de pertenecer. Es regla: si hay que pedir ser socio, la respuesta será no. Y la lista de los supuestos trescientos se desconoce; tampoco se sabe cuánto pagan por cuota. Todo es absoluto hermetismo, salvo algunos nombres sueltos, como Warren Buffett, Roger Goodell, Jack Welch y el propio Gates.

El carisma de "Condi"

El público se llena los ojos con las múltiples atracciones de una jornada del Masters. Primero, el juego de los golfistas. Después, los escenarios: el espectacular manto verde de 18 hoyos y la mini cancha de par 3. Finalmente, las zonas de hospitalidad: las tiendas de merchandising y los puestos de comida. Pero hay detalles particulares, como el grupo de socios que suele charlar en la zona de cabinas, allí donde se despliegan las mesas y sillas blancas resguardadas por sombrillas. Son fácilmente reconocibles por sus sacos verdes, una prenda que es el símbolo más certero de la exclusividad. En esa elite de personalidades, entreverada con los hombres, aparece Condoleezza Rice también con chaqueta y un pantalón beige. Sonríe, bromea, se siente cómoda. Originalmente tenía todo en contra: afroamericana -el primer socio negro de Augusta fue admitido recién en 1990- y mujer. Pero así como resultó una figura determinante en el gobierno de George W. Bush, "Condi" rompe ahora tabúes ancestrales en este deporte.

Debido a la huella que dejó como funcionaria y su condición de socia, es común que los espectadores quieran sacarse una foto con ella, pedido que responde solícita. Desprendida de su antigua imagen de Dama de Hierro, la ex mano derecha de Bush (h.) es claramente la más popular de las cuatro primeras afiliadas. "Soy del Sur y Augusta National es una grandiosa tradición sureña. Lo interesante de las tradiciones en Estados Unidos es que se abren cada vez más y más a distintos grupos de personas. Estoy orgullosa de figurar entre las primeras socias, pero también soy golfista. Veo el Masters desde mucho tiempo antes de empezar a jugar. Además, me probé en esta cancha y logré uno de mis más bajos scores durante mis vueltas de golf en general, pero lo mantengo en secreto", bromea Rice, que resalta el dato de que finalmente pudo dejar la pelota en el green desde el tee de salida en el traicionero hoyo 12.

Condoleezza es todo un cambio de paradigma para los principios del club; lo es por partida doble debido a su raza y género. Su bisabuela Julia nació en la esclavitud del estado de Alabama. En tanto, Rice creció en Birmingham, la ciudad más segregada del Sur en las décadas de 1950 y 1960 y núcleo del movimiento por los derechos civiles. El campo de golf, pergeñado por Alister Mackenzie, era antes de 1934 una finca en plena corazón de Georgia en la cual sufridos recolectores de algodón trabajaban a destajo. Pero en estos tiempos, Augusta National se animó a dar un golpe de timón, así como también lo hicieron varias entidades de golf inglesas y escocesas que hasta hace pocos años les cerraban las puertas a las chicas. El anacronismo ya dejaba en ridículo a estas entidades y carcomía cualquier vieja letra de los estatutos.

La inversionista Darla Moore, pionera entre las mujeres que fueron asociadas al Augusta National
La inversionista Darla Moore, pionera entre las mujeres que fueron asociadas al Augusta National Fuente: AP

Hasta la llegada de este cuarteto de chicas, el club solo permitía a las mujeres jugar al golf en calidad de invitadas durante algunos días, entre ellos el domingo anterior a la semana de la disputa del certamen de cada abril. Desde 2012, el horizonte se expandió para ellas: "Augusta National siempre capturó mi imaginación y es uno de los lugares más mágicos del mundo. Tengo la fortuna de ser amiga de varios socios del club y es una ocasión única en mi vida. Además, el Masters es un sinónimo de excelencia", apunta Darla Moore, la financista de Rainwater Inc. En tanto, Rometty era la máxima candidata para transformarse en la primera mujer en obtener la membresía, mucho antes que Rice y Moore, ya que los cuatro CEOs anteriores de IBM habían sido sumados durante sus gestiones. Por entonces, hace seis años, "Ginni" terminó siendo postergada y se encontró en la incómoda situación de explicarles a sus compañeras y accionistas de sexo femenino por qué la empresa debía seguir apoyando a un club que mantenía su rechazo a las mujeres. Finalmente, su incorporación se allanó.

Fred Ridley, el actual presidente del Augusta National y sucesor de Payne, comenzó su mandato en 2017 sin haber asumido el peso de un tema polémico como fue el del arribo de las mujeres. Superada la cuestión, sabe que aquel desenlace positivo con ellas significó un gran avance para ser -y parecer- el mejor club de golf que existe en el planeta. Y entonces, ya le abrió las puertas a una nueva invitada, que seguramente no será la última en vestirse de verde.

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