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Leonardo Padura: "Nadie es dueño de la verdad, pero la que aparece en mis libros es una Cuba verdadera, posible"

Leonardo Padura acaba de publicar una nueva novela de la saga de Mario Conde, su personaje y alter ego
Leonardo Padura acaba de publicar una nueva novela de la saga de Mario Conde, su personaje y alter ego Fuente: Archivo
Fabiana Scherer
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31 de marzo de 2018  

Es en la misma casa que lo vio crecer que Leonardo Padura (1955) atiende el llamado de LA NACION. La mañana está cálida en el barrio de Mantilla, en La Habana. Le preocupa la salud de su suegra y lamenta que en los próximos viajes su mujer, Lucía López Coll no podrá acompañarlo. Son pocos los tiempos libres del periodista, escritor, ensayista y guionista, pero no deja de reconocerse como un afortunado. "Me siento muy satisfecho con lo que he podido conseguir porque ha sido el resultado de mi trabajo, de un trabajo que sigo haciendo con mucha constancia, sin subirme sobre los hombros de nadie. No soy creyente, pero pienso que Dios tiene que existir -dice y deja escapar una risa contagiosa-. Hay algo que ha sido una bendición, sin duda, el hecho de que pueda vivir de mi trabajo."

Los conflictos de una sociedad y de la condición humana vuelven a estar presentes en La transparencia del tiempo (Tusquets), su última novela, en la que rescata a su emblemático detective Mario Conde, que recorre las calles de una Habana que parece derrumbarse. Veintisiete años transcurrieron desde Pasado perfecto (1991), aquella primera historia con la que el escritor cubano afianzó su recorrido por la novela negra y consagró al detective que tiene su propia miniserie en Netflix, Cuatro estaciones en La Habana, protagonizada por Jorge Perugorría ( Fresa y chocolate).

En La transparencia del tiempo, Conde, espejo del propio Padura, deberá recuperar una estatua de una virgen negra por pedido de Bobby, un antiguo amigo. En esta búsqueda el autor, que fue galardonado con el premio Princesa de Asturias se permite narrar en dos tiempos, en 2014 y en otro, con el que retrocede hasta la Guerra Civil española; y así reflexionar sobre el devenir de Cuba y el futuro del propio Conde que siente que se está poniendo viejo.

El escritor cubano Leonardo Padura
El escritor cubano Leonardo Padura Fuente: Archivo

-Preso del desencanto, Mario Conde se enfrenta a que es más la vida que ha vivido que lo que le queda por delante. ¿Lo mismo le ocurre a usted?

-Conde llega a los 60 y saca una cuenta, él lo habla en términos de aritmética elemental: si ha vivido 60 está entrando en la cuarta edad, si acaso le quedan 20 años más, es mucho, con lo que ha bebido, lo mal que ha comido y con las cosas que le han pasado. Es de esperar que tenga esa mirada bastante dramática con respecto a su propia vida. En cambio, yo he tenido la suerte de que el paso del tiempo ha sido un crecimiento en mi trabajo.

-Claramente tiene una mirada generacional, una que usted se ha propuesto mantener a lo largo de las nueve novelas que componen la saga.

-Sin duda, desde Pasado perfecto creo que he captado el espíritu de una generación a través de un personaje capaz de expresar lo que ha sido la experiencia vital de una franja generacional en la Cuba contemporánea, generación que nació en los años previo a la revolución o en los primeros años de la revolución y que ha atravesado todo lo largo de este proceso teniendo los beneficios y sufriendo las incomprensiones que nos ha tocado vivir.

-En La transparencia del tiempo usted sigue necesitando repasar lo histórico para entender el presente.

-La historia yo la entiendo, no como un libro al cual uno va a buscar información, conocimientos, sino como una experiencia vivida, como un posible espejo del presente y es lo que he tratado de hacer en todas mis novelas en las que recurro a períodos históricos diversos. En La transparencia del tiempo, quería iluminar el presente con una reflexión que nos toca a todos de manera universal, especialmente a los cubanos, que es el hombre como objeto de la historia y no como sujeto de la historia. Muchas veces tendemos a hablar del hombre como alguien que hace la historia y pocas veces vemos al hombre como una hoja en el viento de la historia, que se mueve a veces por caminos, por rumbos con velocidades que no estaban previstas, que no estaban deseadas y que terminan conformando la vida de las personas.

La nueva novela que editó Tusquets
La nueva novela que editó Tusquets Fuente: Archivo

-Conde se lamenta al ver una Habana que a veces no reconoce, una ciudad que pierde la batalla en manos de la marginalidad y lo simboliza en un pasaje donde el reguetón sirve como símbolo a la actual realidad cubana.

-Debido a los problemas económicos que la sociedad cubana atravesó en los últimos 25, 30 años se creó esa dilatación del tejido social, que en la novela se ve muy bien, en la que aparecen algunos chispazos de riqueza y bolsones de pobreza, de miseria; todo eso genera un crecimiento de la marginalidad que se manifiesta de las maneras más diversas, una de ellas es esa falta de urbanidad (buenas costumbres) en la relación entre las personas. Esa falta de comportamientos sociales, acá en Cuba se la llama indisciplina sociales y en el último tiempo tuvo un crecimiento alarmante. Hay manifestaciones que lo hacen muy visible, como es el caso del reguetón que no es una causa, sino una consecuencia. Y esto, se produce en un país que hizo una revolución que potenció la cultura, la lectura, las manifestaciones artísticas, pues ahora, este fermento social está produciendo una manifestación social como el reguetón que lamentablemente se convirtió en la banda sonora de la Cuba de los últimos años.

-El 17 de diciembre de 2014 marca el final de la novela, el mismo día que se anunció el inicio de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos, con Barack Obama a la cabeza. ¿Podemos decir que La transparencia. es un relato sobre el final de una época?

-Cierro esta novela en esa fecha porque a partir de ese momento comenzó un período que nos llenó de expectativas. Pensar que se sentaran en una misma mesa a conversar los Estados Unidos y Cuba sobre la posibilidad de restablecer relaciones era algo que nos resultaba inimaginable. La primera reacción que tuve con lo que podía ocurrir ese día me la dijo mi madre, que va a cumplir 90 años el mes próximo. Ella estaba viendo la televisión cuando oyó la noticia."Esto es un milagro de San Lázaro", porque ése era el día de San Lázaro, 17 de diciembre, un santo milagrero. No se pensó ni siquiera que podía ser algo de voluntad individual o política sino que venía del más allá. Hubo un proceso de acercamiento que lo sentimos como muy necesario. En fin, pero todo se vino a paralizar con la política de Donald Trump. Las relaciones están en un punto bajo, se ha recuperado el viejo lenguaje ofensivo de la época de la guerra fría, es como si se hubiera hecho un retroceso en el tiempo y esto lo digo en mi novela, a veces regresamos en el tiempo y repetimos las historias.

-La homosexualidad suele estar presente en sus historias, y en esta última no es la excepción. El personaje de Bobby es quien pone voz y denuncia a la "patria socialista machista de Cuba". ¿Cambió esta mirada?

-En Máscaras (1997), que está en la primea tetralogía de Conde, hablo de la marginación y de la represión que sufrieron los homosexuales en los años 70, esa fue una realidad durísima de este país, una realidad que se ha reconocido pero por la que nunca se pidió disculpas. Esas marginaciones culturales, religiosas, sexuales fueron las que provocaron que hombres como José Lezama Lima y Virgilio Piñera, dos de los escritores más grandes del siglo XX cubano murieran en el ostracismo. A partir de los años 80, esa realidad comienza a cambiar. Hoy, las preferencias sexuales ya no son un problema, al contrario, los homosexuales se expresan con mucho más libertad, creo, que otros grupos sociales en Cuba y por eso, intento de desdramatizar al personaje de Bobby, porque si bien fue víctima en determinado momento, no tengo una visión complaciente, sino compleja, polisémica, en la cual su preferencia sexual es un elemento más, pero no es el elemento que decide quién es el personaje y cuál es su catadura ética.

-Cuba es uno de los pocos países en el que existe la igualdad entre salarios de hombres y mujeres. ¿El machismo está perdiendo espacios?

-Si hay un sector de la sociedad cubana que ha sido muy beneficiado a lo largo de estos años es el de las mujeres. Por muchos años ocupó un lugar secundario como en toda sociedad machista y Cuba lo es. A partir de los años 60 cambió de manera radical y se accedió al derecho al aborto, a la planificación familiar, la igualdad salarial, la posibilidad de estudios. Todas fueron ganancias indiscutibles de las mujeres. Hoy, los profesionales universitarios en Cuba en su mayoría son mujeres. Lo cual no quiere decir que sea haya superado el machismo y la discriminación de género. Las mujeres en Cuba, como en muchas partes del mundo suelen tener doble jornada laboral, una doctora trabaja en un hospital y cuando llega a su casa tiene que ponerse a cocinar o limpiar porque además, con su salario no puede buscar a una empleada que lo haga. Hay casos de violencia, también por razones de carácter cultural y por culpa de ese machismo lo casos aún no se denuncian. No estamos en el mejor de los mundos posibles, pero estamos en un mundo en el que las mujeres han ganado un espacio social y económico importante.

-Un cronista de la Cuba contemporánea, así han llegado a bautizarlo. Hay quienes aseguran que a través de sus libros conocieron buena parte de la historia de su país de los últimos 25 años. ¿Siente cierta responsabilidad que así sea?

-Sobre todo una responsabilidad con la sociedad y con la verdad, el hecho de que mucha gente trate de entender o tener una visión de Cuba a partir de mis novelas por supuesto que crea un compromiso. Puedo decir que la verdad absoluta no existe, creo que nadie es dueño de la verdad aunque haya personas que se adueñen de ella y digan que la tienen en sus manos. Eso es imposible. No pretendo y jamás he pretendido eso, pero sí creo que la Cuba que aparece en mis libros es una Cuba verdadera, posible. Lo que puedo garantizar es que en mis novelas no hay una sola mentira sobre la realidad cubana, hay una visión personal, generacional, la visión de un escritor que trata de ser lo más independiente posible. Uno de mis propósito al escribir estas novelas ha sido hacer una crónica posible de la historia reciente y pasada de Cuba pero por sobre todo la historia que hemos vivido en estas últimas décadas.

-¿Pronto volverá a visitarnos?

-En agosto estaré por Buenos Aires y aprovecharé para investigar para mi próxima novela que tiene que ver con la dispersión de los cubanos por el mundo, sobre todo los de mi generación. Esto me va a obligar a estudiar bastante. La historia va a tener, entre otros personajes, a una pareja de cubanos viviendo en Buenos Aires. Así que cuando vaya por allá no sólo voy a hacer presentaciones y visitar librerías, sino voy a tratar de hablar y de entender cómo ha sido el proceso de adecuación a la vida y a un contexto en una ciudad tan dura como la de ustedes. Me gusta tomarme el tiempo que necesito para hacer el mejor trabajo posible. Cada novela que he escrito es la mejor novela que he sido capaz de escribir, en el momento en el que la he escrito, y si no es mejor ha sido por incapacidad, pero no por falta de esfuerzo.

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