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El Papa deploró un mundo que margina a los jóvenes

El papa Francisco, en el Via Crucis en el Coliseo romano
El papa Francisco, en el Via Crucis en el Coliseo romano Fuente: Reuters
Elisabetta Piqué
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30 de marzo de 2018  • 16:46

ROMA.- Francisco deploró hoy un "mundo devorado por el egoísmo, que margina a los jóvenes", al final del tradicional Vía Crucis en el Coliseo romano, rito del Viernes Santo que evoca la pasión y muerte de Jesús. En una oración que recitó al final de la celebración -marcada por fuertes medidas seguridad debido a una alerta por terrorismo en toda Italia y especialmente en esta capital-, el Papa manifestó "vergüenza porque nuestras generaciones están dejando a los jóvenes un mundo fracturado por las divisiones y las guerras, un mundo devorado por el egoísmo donde los jóvenes, los pequeños, los enfermos, los ancianos son marginados". Francisco también expresó "vergüenza por haber perdido la vergüenza".

En un año en el que decidió convocar a un sínodo de obispos dedicado a los jóvenes, que tendrá lugar en octubre y después de haber abierto la Semana Santa llamándolos a "gritar" y a no dejarse anestesiar, Francisco quiso que los jóvenes fueran protagonistas también del emblemático Vía Crucis en el Coliseo. Los textos de las meditaciones y oraciones leídas en las catorce estaciones del calvario, en efecto, fueron escritos por un grupo de jóvenes de un secundario de esta capital, coordenados por su profesor de religión, que fueron convocados por el Papa. Muchos de estos adolescentes, que reflejaron las preocupaciones de su generación, llevaron la cruz en algunas de las estaciones.

"Jesús, algunas veces nos sentimos como tú, abandonados por los que creíamos que eran nuestros amigos, bajo un peso que nos aplasta. Pero no debemos olvidar que hay un Simón de Cirene dispuesto para cargar con nuestra cruz. No debemos olvidar que no estamos solos, y esta certeza nos dará la fuerza para hacernos cargo de la cruz del que está a nuestro lado", fue una de las meditaciones, leída por locutores en la quinta estación, que evoca cuando el Cireneo ayuda a Jesús a llevar la cruz.

"Hoy estamos acostumbrados a un mundo de palabras ambiguas, una fría hipocresía oculta y filtra lo que realmente queremos decir; las advertencias se evitan cada vez más, se prefiere abandonar al otro a su propio destino, sin molestarse en exhortarlo por su propio bien", indicó en otra meditación, leída ante unos 20.000 fieles -entre los cuales turistas, varios argentinos-, que llevaban velas y antorchas en el siempre imponente escenario del Coliseo, símbolo de los cristianos perseguidos.

El Papa, en su discurso en el Coliseo
El Papa, en su discurso en el Coliseo Fuente: Reuters

"Hoy, en el mundo de Internet, estamos tan condicionados por todo lo que circula en la red que a veces dudo hasta de mis propias palabras. Pero tus palabras son distintas, son fuertes en tu debilidad. Tú nos perdonaste, no tuviste rencor, nos enseñaste a poner la otra mejilla y fuiste más allá, hasta el sacrificio total de tu propia vida", dijo la siguiente. "Miro alrededor y veo ojos fijos en las pantallas del teléfono, entregados a las redes sociales para condenar cada error de los demás sin posibilidad de perdón. Hombres que, dominados por la ira, se gritan con odio por los motivos más insignificantes", lamentó otra.

Como en las cinco ocasiones anteriores, Francisco nunca llevó la cruz. Concentrado, siguió la procesión y las meditaciones desde la terraza de la colina del Palatino, que se asoma sobre el antiguo anfiteatro Flavio. Desde ese mismo lugar, enfundado en un sobretodo blanco para protegerse de un noche húmeda y fría, terminada la procesión de la cruz, pronunció una oración final. Entonces, más allá de manifestar ante Jesús su "vergüenza" por diversos males -incluso por "algunos de tus ministros que se dejaron engañar por ambición y vanagloria"-, también expresó arrepentimiento y esperanza. "Esperanza porque tu mensaje sigue inspirando, aún hoy, a tantas personas y pueblos, porque sólo el bien puede derrotar el mal y la maldad, sólo el perdón puede abatir el rencor y la venganza, sólo el abrazo fraterno puede disperder la hostilidad y el miedo del otro".

Los jóvenes también fueron protagonistas de la celebración de la Pasión del Señor que tuvo lugar poco antes en la Basílica de San Pedro, rito en el cual el Papa se postró en el suelo en adoración. Entonces el predicador de la Casa Pontificia, el capuchino Raniero Cantalamessa, recordó que "un gran poeta creyente del siglo pasado, T.S. Eliot, escribió tres versos que dicen más que libros enteros: «En un mundo de fugitivos, la persona que toma la dirección opuesta parecerá un desertor»". Y exhortó a los jóvenes cristianos a seguir ese concepto: " ¡Sean de los que toman la dirección opuesta! ¡Tengan la valentía de ir contra corriente! La dirección opuesta, para nosotros, no es un lugar, es una persona, es Jesús nuestro amigo y redentor".

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