Los doce mejores meses en la vida de Sergio García, el campeón del Masters de Augusta

La boda de Sergio García en julio del año pasado con Angela Akins; el saco del Masters, infaltable
La boda de Sergio García en julio del año pasado con Angela Akins; el saco del Masters, infaltable Crédito: @TheSergioGarcia
Gastón Saiz
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3 de abril de 2018  • 19:11

AUGUSTA.- Son muchos más los que no llegan. Siempre. Durante el Abierto de la República de 1998 captaba la atención ese jovencito amateur de 18 años que venía al país desde España con el rótulo de talento precoz. Un tal Sergio García visitaba el Jockey Club de San Isidro para demostrar qué tan bueno era y cuán maduro estaba para saltar pronto al profesionalismo. Concluyó segundo en la cancha Colorada y se llevó gran parte de las miradas. Pero quizás podía tratarse de una estrella fugaz, uno de esos tantísimos golfistas con raptos de inspiración que duran un suspiro y quedan en el olvido.

El tiempo demostró que el Niño -apodo que le quedó como una marca de agua- sería una de las grandes figuras del golf mundial. Llega al Masters 2018 como defensor del título y habiendo disfrutado de los 12 mejores meses de vida. Cualquier persona en sus cabales no podría pedir más si todos los frentes estuvieran cubiertos. Y García reúne todos los ítems del atleta ideal: gloria deportiva, amor, familia, dinero, estabilidad emocional y proyección. A los 38 años, aquel golfista que admiraba a Severiano Ballesteros y José María Olazábal puede afirmar que escribió su propio relato de campeón.

"Todo lo que me estuvo sucediendo fue asombroso. He contado con la suerte de tener una carrera y una vida increíbles, e incluso puede ser todavía mejor", comenta el Nº 9 del ranking mundial. La conquista de su primer Major en 2017 interrumpió una serie de 73 intentos previos en torneos grandes, algunos demasiado cerca del objetivo: 2º en el Open Británico de 2007 -su pelota mordió el hoyo por la izquierda para ganar- y otros dos segundos puestos en los PGA Championship 1999 y 2005. La última puerta que le faltaba abrir para triunfar era la mental porque el juego siempre estuvo ahí, como el gran sostén.

Después de la felicidad que vivió en Augusta National en abril de 2017, solo sintió más felicidad. En agosto pasado organizó su boda con Angela Akins en un rancho de Texas junto con 80 invitados y la música del célebre saxofonista Kenny G, amigo de la pareja. El castellonense quería que no faltara un matiz verde en la ceremonia y bailó el vals con el saco de Augusta, corbata y zapatillas al tono, además de un pantalón negro. "El día de la boda, para nosotros representaba la unión de nuestras dos familias y nuestras dos culturas, por eso mezclamos Texas y España en todo lo que hicimos", confesaban entonces los recién casados.

Pero el lazo de los García con el Masters se profundizó tanto que el 14 de marzo pasado anunciaron por las redes el nacimiento de Azalea, la primera hija del matrimonio. Es un nombre lleno de simbología para el torneo, porque es una de las flores que embellece la cancha e identifica al par 5 del hoyo 13, una de las joyas pergeñadas en la década del '30 por Alister MacKenzie. Cada vez que llaman a la pequeña por su nombre, seguramente vuelve a la memoria el logro, consumado después de un playoff con el inglés Justin Rose, su amigo de la Copa Ryder.

El saque de honor en el superclásico español de hace un año en el estadio Santiago Bernabéu
El saque de honor en el superclásico español de hace un año en el estadio Santiago Bernabéu Fuente: Reuters

Todo fue un torbellino para el Niño. En abril pasado, apenas dos semanas después de la gran gesta de su carrera, había cristalizado el saque de honor en el superclásico español en el Santiago Bernabéu. Sergio Ramos y Andrés Iniesta se unieron en sonrisas cuando el golfista -enfundado con la chaqueta- pateó de zurda para el lado de su equipo del que es hincha, Real Madrid. Ajena toda su vida a la pasión del fútbol, a su esposa Angela le quedó grabado ese momento: "Me acuerdo que cuando bajamos del auto en el estadio, la gente estaba coreando el nombre de Sergio. Ellos estaban muy emocionados porque el saco verde había vuelto a España. Y cuando salimos al campo de juego había 90.000 fans cantando por él, orgullosos de su triunfo".

El castellonense -aquel a quien se lo intentó sin éxito poner como contrapeso de Tiger Woods en la década pasada- paseó su impronta de verde por el mundo, pero ahora es tiempo de atenuar las revoluciones y probarse de que puede defender el título. Difícil, porque la agitación en el tee del 1 del jueves estarán a flor de piel. Aparece fuera del primer lote de candidatos, aunque nadie debería descartar a un jugador preparado para las presiones de un domingo del Masters, capaz de jugar un hierro 9 desde 140 metros y un hierro 4 desde la misma distancia. "Luego de ganar el Masters me di cuenta que este torneo es mucho más grande de lo que imaginaba y en qué medida la gente alrededor del mundo admira a sus campeones. Más allá de todo, no pienso que sea mejor jugador ahora que lo que era antes de adjudicarme el certamen", apunta García.

Los últimos resultados hablan de un momento sólido: 4º en el Valspar Championship, 7º en el WGC de México y 9º en el WGC Match Play de Austin, además de su triunfo en enero en Singapur, su sexta coronación en el circuito asiático. Aquel éxito fue el primero con su nueva marca de palos, Callaway, después de 15 años de vínculo con TaylorMade. Pero más que los números y los contratos, su fortaleza máxima es esa realización personal que consiguió en todos los rubros, un tesoro incalculable para redoblar la apuesta y soñar por más.

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