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La mujer en la jerarquía eclesiástica

Resulta destacable la crítica hecha por L´Osservatore Romano a la discriminación que sufren muchas religiosas en el ámbito eclesiástico
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1 de abril de 2018  

El 1° del mes pasado, en el suplemento Mujeres Iglesia Mundo de L'Osservatore Romano, órgano de prensa oficial de la Santa Sede, se publicó un artículo que llamó mucho la atención. Con el título "El trabajo (casi) gratuito de las monjas" y con la firma de Marie-Lucile Kubacki, la publicación denuncia que a menudo las religiosas son consideradas empleadas domésticas de monseñores y cardenales, sin sueldo ni reconocimiento. Muchas, que proceden de África, Asia o América Latina, dicen que deben levantarse al alba para preparar el desayuno y se retiran tarde, después de haber cocinado, servido la mesa, lavado todo y dejado la ropa preparada.

Estas situaciones en la Iglesia, más comunes de lo que podría pensarse, suscitan en muchas mujeres una comprensible rebelión cuando no profundas frustraciones y activan mecanismos de gran tensión interior. Falta transparencia en los contratos de trabajo, cuando los hay, y esto se repite en parroquias, colegios, hospitales e instituciones varias. Se trata de una severa discriminación de la que, a veces, participan tanto prelados como superioras religiosas, para quienes la formación intelectual y las exigencias de las mujeres religiosas parecerían no revestir importancia.

Este fenómeno fue denunciado por el órgano de prensa de la Santa Sede, en el suplemento que dirige la periodista e intelectual italiana Lucetta Scaraffia, desde su aparición en 2012. Se creó cuando Benedicto XVI propuso mayor participación femenina en el periódico vaticano y evidentemente cuenta con la venia del papa Francisco, quien propicia los debates abiertos en el ámbito eclesial. La publicación se imprime también en castellano, junto con la revista Vida nueva de España y está traducida a siete idiomas en las redes.

Frente a la crisis de vocaciones religiosas, donde las femeninas disminuyen a paso veloz y parecen ir a contrapelo de las exigencias de la mujer moderna, la Iglesia parece no acertar a combinar los legítimos reclamos de las religiosas.

Las mujeres de valor en el campo de la teología y en otras disciplinas no encontrarían un lugar en la institución, incluso quienes provienen de órdenes antiguas o de congregaciones y movimientos actuales. Algunas religiosas dicen que sus superiores y superioras "no quieren que las monjas caigan en el pecado de la soberbia". Evidentemente, y atendiendo al sexo masculino y sus conflictos, se trata de una evidente injusticia.

El tema de fondo sigue siendo cuál es el lugar de la mujer en la Iglesia jerárquica. Por otra parte, no pocas religiosas insisten en que se trata de un asunto histórico: "La monja dicen vivió siempre como miembro de una comunidad sin poder expresar sus propias exigencias y necesidades, como si no se tuviera en cuenta la contribución personal de cada una". Aclaran que "no es solo una cuestión económica" porque, centrarse en ello, haría que el árbol escondiera el bosque.

Muchas mujeres consagradas en la Iglesia sostienen que no son valoradas ni tenidas en cuenta: "Detrás de ello, lamentablemente, persiste la idea de que la mujer vale menos que el hombre, sobre todo que el sacerdote". Y agregan que "el clericalismo está matando a la Iglesia".

Lo cierto es que la mujer en la Iglesia aparece no pocas veces como un proletariado más cercano a los siervos de la gleba que a la dignidad que les es propia. Sin ocuparnos del conflicto que significa en el ámbito católico el tema del sacerdocio de la mujer, es claro que esta podría ocupar muchos cargos de dirección y de decisión dentro de las estructuras eclesiales. Hay una distancia abismal entre la conciencia histórica de sus derechos en la mujer actual, al menos en Occidente, y cierta tradición en este campo detenida en los siglos. Incluso, en el ámbito católico desde hace años es muy diferente el mundo de las religiosas alemanas, francesas, inglesas o norteamericanas que el de las italianas, irlandesas o españolas. Señal de que los cambios sociales y culturales influyen también en la Iglesia.

Siempre a propósito de la participación de mujeres en el diario que dirige el periodista Giovanni Maria Vian, señaló el secretario de Estado, el cardenal Pietro Parolin: "Creo que puede ayudar cada vez más a apreciar lo que el papa Juan Pablo II llamaba el genio femenino, su papel y su contribución dentro de la Iglesia", al poner de manifiesto que pedirles a mujeres que escriban da cuenta del "impacto cultural femenino en la discusión teológica".

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