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Tiene todo: Anthony Joshua venció por puntos a Joseph Parker y reunió los títulos de los pesos pesados

Joshua, campeón olímpico en Londres 2012, se impuso por decisión unánime: 118-110, 118-110 y 119-109
Joshua, campeón olímpico en Londres 2012, se impuso por decisión unánime: 118-110, 118-110 y 119-109 Fuente: Reuters
Osvaldo Príncipi
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31 de marzo de 2018  • 20:41

Los 78.000 asistentes que colmaron las gradas del solemne Principality Stadium, de Cardiff, País de Gales, con atuendos de gala, cánticos a ritmo de coro y una conducta casi celestial, se convirtieron en el mejor sostén para la imagen creciente del inglés Anthony Joshua (109,800 kg), quien al cabo de 12 rounds retuvo sus títulos mundiales pesados (FIB-AMB), agregando el cinturón OMB que cedió su vencido, el neozelandés Joseph Parker (107,300 kg).

Sin embargo, tras la victoria por puntos del invicto británico, la euforia y la crudeza entrelazaron conceptos antagónicos. Joshua, señalado para protagonizar no mas allá de 2019 el gran combate que todos esperan en el peso de los gigantes ante el norteamericano Deontay Wilder, campeón del Consejo Mundial y ganador de sus 40 cotejos (39 por KO), brindó muy poco a la multitud que lo vivó. A modo de autómata se convirtió en un robot, generador de milésimas de puntos en el round tras round que lo llevaron a obtener claras ventajas: dos tarjetas por 118 -110, y 119-109 la restante.

Basado en un físico colosal de 1,98 metros y una musculatura tallada en ébano, no hizo más que asegurar a Parker, un oceánico torpe y limitado que cosechó su tercera derrota en 27 combates, fuera de su alcance. Esta era una faena que requería compromiso, una entrega y una ofrenda diferente ante su gente. Reafirmando uno de los principios básicos que definen a este oficio, no solo como un deporte y un trabajo, sino también como un gran espectáculo. Y Joshua olvidó activar este último eslabón.

A los 32 años, cortó su serie de 20 knock-outs seguidos y amplió su serie a 21 triunfos consecutivos. Volvió a hacer colapsar un estadio abierto, del mismo modo que lo hizo cuando batió a Wladimir Klitschko, en el Wembley Arena, en 2017. Convocó a 250.000 asistentes en sus últimas tres peleas.

Los fantasmas de los ídolos británicos pesados que alcanzaron la distinción de Caballeros (Sir), por nominación del Palacio Real, como Henry Cooper y Lennox Lewis, están todavía poco interesados en él. Sobre todo después de esta actuación. Pero regresarán a la brevedad cuando vuelvan a pronosticar sobre una futura pelea con Wilder.

Otros nombres aparecen también en su camino. El ruso Alex Povetkin -quien noqueó a David Price en el semifondo- se anota en su futuro. Y otras conjeturas se entrelazan a esta hora. Poco importan. La realidad indica que se estancó boxísticamente en sus últimas dos contiendas, ante Carlos Takan y Parker.

Su potencial y esperado oponente Wilder tiene una formación pugilística inferior. Sin embargo, sube al ring a ganar y disfrutar lo que hace. Algo que olvidó Joshua ayer, ante un marco imponente y majestuoso, pocas veces visto en la historia del boxeo.

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