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La larga marcha de la cámara extraviada

Mariano Donadío
Mariano Donadío LA NACION
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1 de abril de 2018  

¿Puede haber un objeto más perdido que una cámara fotográfica que se hundió en el fondo del mar? La japonesa Serina Tsubakihara la dejó caer cuando estaba buceando en la isla de Ishigaki, Japón, para socorrer a un amigo que se había quedado sin aire. Dos años después, un niño de once años encontró la cámara en una playa de Taiwán, a cientos de kilómetros.

"Algunos niños creían que teníamos el derecho de quedarnos con la cámara, otros sugirieron que deberíamos buscar al dueño, todos nos sentamos a pensar sobre eso". El artefacto parecía una extraña piedra. Estaba cubierta de crustáceos, pero aún funcionaba y todavía tenía carga. Ni una sola gota de agua pudo entrar en su interior. El niño y sus compañeros decidieron subir las fotos a Facebook, para ver si encontraban al dueño de la cámara. En menos de un día localizaron a Tsubakihara.

"Estas fotos me traen recuerdos antiguos, me transportan a esos momentos", se emociona Serina. Son aquellas pequeñas cosas a las que cantó Serrat; es la asombrosa fidelidad de algunos objetos.

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