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Macri enciende una vela para que Cristina siga siendo protagonista

Damián Nabot
Damián Nabot LA NACION
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1 de abril de 2018  

El peronismo, acostumbrado a resolver sus contradicciones con un líder en el poder, se desvive por estas horas en un amasijo de dudas. Las liberaciones de Carlos Zannini, Luis D'Elía y Jorge Khalil, que habían sido apresados por el pacto con Irán, tuvieron dos beneficiarios directos. La primera fue Cristina Kirchner, sobre quien pendía un pedido de desafuero por la misma causa judicial que ahora se vuelve abstracto. El segundo fue el macrismo, para quien la libertad de Cristina Kirchner y su presencia activa en la escena política aleja la amenaza de un peronismo unido.

Miguel Ángel Pichetto, como hizo saber en privado, entiende que el macrismo dejó pasar a sabiendas la oportunidad de quitarle a la senadora la protección de sus fueros. La ocasión se había presentado en diciembre, cuando el pedido del juez Claudio Bonadio ingresó al Senado. En aquel entonces, nadie de la Casa Rosada levantó el teléfono para pedirle a un gobernador que facilitara con sus votos en el Senado el desafuero de la expresidenta. No había real interés. Si algo entiende el macrismo es que cualquier recurso para demorar la unidad del PJ es un bálsamo para sus contratiempos.

Con el eslogan de mantener vivo al kirchnerismo, por ejemplo, la Casa Rosada giró más adelantos del Tesoro a los municipios de Santa Cruz que a otras comunas opositoras.

Así las cosas, en diciembre el Senado se marchó de vacaciones sin premuras, ni siquiera eligió a las autoridades de la comisión que debía resolver el pedido de Bonadio. Ahora, con el inesperado carrusel de liberaciones judiciales, el desafuero de Cristina Kirchner se convirtió en un reclamo teórico.

Es una partida donde dominan las apariencias. ¿Por qué acaso Bonadio esperó a que Cristina Kirchner asumiera y tuviera protección parlamentaria para pedir su detención? Posiblemente el jefe de los espías, Gustavo Arribas, de interlocución asidua con Bonadio, tenga en su poder la respuesta. Jugar a medias es una forma de preservación.

Ocurre lo mismo con los gobernadores con posibilidad de reelección, como el sanjuanino Sergio Uñac, que se dan el lujo de maniobrar sin urgencias. Apuestan a separar sus elecciones provinciales de las presidenciales y acampar hasta que amaine, es decir, luego de otros cuatro años de Macri, que consideran inevitables. Se guardan para 2023, en un cálculo más cercano a la ciencia ficción que a la realidad argentina. Uñac le reconoció sus prevenciones al diputado Diego Bossio. De ahí su afán por promover ahora al salteño Juan Manuel Urtubey a candidato a presidente. Impulsa a otro general para pelear una batalla que considera perdida.

A Uñac y a su colega de Salta los une la misma desazón, creen que es imposible ganarle a Cristina Kirchner en una interna abierta del peronismo. Pero Urtubey tiene vedada una nueva reelección. Alguno de sus numerosos hermanos se inclinan por una solución judicial del problema. Sacarla de la cancha, es el término en uso. "No es una variable que manejemos", lo descarta, en cambio, un antikirchnerista bonaerense en referencia a las vicisitudes judiciales que enfrenta Cristina Kirchner. Comodoro Py se convirtió en terra incógnita, sin control y donde se libran decenas de batallas cruzadas. El único motor seguro es la necesidad.

Las necesidades, por cierto, también reconciliaron a Sergio Massa y Florencio Randazzo. Integran el grupo de quienes creen que es posible ganarle a Fernández de Kirchner en una interna peronista. Pero primero intentarán fortalecer sus dominios bonaerenses. Para ello, comenzaron a trabajar juntos.

También las necesidades apremian en el kichnerismo. Wado de Pedro, Andrés Larroque, Máximo Kirchner, a todos los urge la fecha de vencimiento de sus cargos como diputados. De ahí que el hijo de la senadora, convertido en el negociador del grupo, propone racionalidad y concordia a los jefes peronistas. La resignificación de aquel todos unidos triunfaremos, lejos del tono imperativo de otros tiempos.

Desde el palco, el Presidente reza ante dos velas encendidas: en una invoca que el peronismo persista desunido y Cristina Kirchner ofuscada en perdurar.

La otra vela es para la economía, el jugador definitivo de la gran partida.

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