Cuando el río suena

Diana Fernández Irusta
Crédito: Ravi Choudhary DPA
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2 de abril de 2018  

Ojalá fueran nubes, pero no lo son. Ni siquiera un improbable manto de nieve. Nada hay de bueno en la mansa llanura blanca que rodea a esta habitante de Nueva Delhi, India. Porque lo que hace tan bellamente enigmática a esta imagen -sí, esa sustancia quizás algodonosa, quizás nívea- es el signo de algo que anda muy mal. Mientras esta mujer se concentra en rezos y abluciones ancestrales, alrededor de ella pululan las huellas de una de las zonas más contaminadas del mundo. El mísero huequito de río que probablemente despejó con sus propias manos yace entre la espuma de los residuos industriales. Una proporción desmedida, abismal, casi inverosímil, entre lo que alguna vez existió y lo que hoy es puro desecho. ¿A quién elevará sus plegarias la mujer de la túnica roja? ¿A la enérgica Kali? ¿Al benévolo Ganesha? Y qué haremos todos nosotros, tan terrenales y básicos, con la crisis del agua que, más que avecinarse, está ahí mismo, tocando la puerta.

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