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Cómo hace Manu Ginóbili para que la burbuja de la NBA no condicione la vida de sus hijos

Manu Ginóbili, en entrevista exclusiva con LA NACION
Manu Ginóbili, en entrevista exclusiva con LA NACION Fuente: LA NACION - Crédito: Darren Abate
Diego Morini
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2 de abril de 2018  • 23:59

SAN ANTONIO.- "Me voy a comer un asadito". La frase queda flotando en el aire y podría formar parte del libreto de cualquier mortal que habite por estas tierras. Pero el contexto en el que aparece esta confesión es diferente: en el centro del Facility de San Antonio Spurs y de la boca de una de las leyendas de la franquicia, Emanuel Ginóbili. Lo aclara después de un poco más de media hora de charla con LA NACION, porque tiene ganas de hacerlo, porque está relajado, en un momento en el que simplemente disfruta, lo comparte porque está en familia y eso lo hace sentir todavía más contenido.

-Se habla mucho del legado que dejás acá y el que dejaste ya en la selección.

-No lo pienso. El tema del legado tiene demasiado marketing. Creemos que vamos a quedar en la memoria de todos por siempre, que nuestro paso deja una huella imborrable y nada que ver. Hay que disfrutar el camino y no pensar tanto en el qué dirán. No se puede estar atento en qué piensa otro de uno. A la larga todo queda en el olvido y todo eso es normal.

-Por más que no te interese hay una huella que se va a recordar por siempre.

-No lo tengo tan claro. Y la verdad es que no sé si quiero ser recordado, quiero ser recordado por mis hijos, ser buen padre y darles una buena educación, pero ser recordado por lo que hice en la cancha... no sé.

-Viviendo en un universo como el de la NBA, ¿podés darte cuenta de qué pasa a tu alrededor?

-Estar en la NBA es como vivir dentro de una burbuja. Y estando dentro, tu percepción de todo lo que sucede es algo relativa. No es absoluta esa mirada respecto al que está en la Argentina remándola día a día o al que lo hace acá en San Antonio. Creo que tener amigos y familia que vive el día a día de nuestros país nos da la chance de tener un poco de idea de cómo es todo lo otro. Pero mientras estás acá, esa burbuja es tremendamente gruesa, el mundo de la NBA es realmente excesivo en todo, en el trato, en los cuidados, en la concesiones, en la paga, en todo. Y cuando se rompe esa burbuja y tenés que volver a lo cotidiano, lleva un tiempo regresar a la normalidad.

-¿Cómo se hace para que el entorno, tus hijos por ejemplo, no vivan dentro de esa burbuja?

-No hay un manual de instrucciones para eso, no es fácil manejarlo. Uno no sabe cómo actuar en circunstancias tan anormales o excepcionales, trata de hacerlo como puede.

Entrevista a Manuel Ginóbili

10:14
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-Además, te ocupás porque tengan conciencia de la realidad.

-Sí, tal cual. Está bueno que vean un poco de todo. Me parece que el hecho de venir de otro contexto social y cultural nos favorece porque te permite mostrarles a tus hijos otras cosas. Cuando estamos en Bahía Blanca, por ejemplo, nos ocupamos de que sepan cómo viven otras personas. Igual no es fácil de manejar y uno siempre tiene dudas. Con Many tratamos de que nuestros hijos valoren lo que tienen y que no piensen que el mundo es este lugar en el que vivimos ahora. Lo bueno es que todavía son chiquitos y que tenemos un par de año más para trabajar en eso. Pero es algo de lo que nos ocupamos y preguntamos cuando podemos acerca del tema y cómo hacer las cosas en este sentido.

-¿Disfrutás de estar con los chicos en Bahía Blanca?

-Me encanta y a ellos también. La actividad social que tenemos en Bahía no la tenemos en San Antonio.

-¿Cómo es la actividad familiar que llevás en San Antonio?

-Los llevo al colegio siempre que puedo y participo de toda actividad que tengan. Siempre que la temporada me lo permita, estoy con ellos. Los fines de semana cuando juegan Dante y Nicola trato de estar siempre. No quiero perderme el verlos divertirse.

-¿Cómo les llegó esto de jugar al básquet? No tenían mucho registro del asunto.

-Arrancó paulatinamente. Y eso que al principio se les dio por jugar al fútbol. Después se les pasó y agarraron por el básquet. Primero preguntaban cosas y yo les contestaba, pero desde hace dos años están súper enganchados, todo el día tirando al aro y picando la pelota. Miran videos en Youtube, preguntan por Jordan [Michael], por cuántos puso hizo LaMarcus [Aldridge] o cuántos dunks (volcadas) Kawhi [Leonard]. Ahora también le pasaron la energía por el básquet al más chiquito [Luca] así que tengo a los 3 con la pelotita naranja. Igual, que primero agarren un libro y después hagan lo que quieran. Lo que tengo claro es que no voy a incentivarlos para que se dediquen a eso y que dejen los libros. Deben hacer lo que deseen y que sean felices con eso.

-¿En qué lugar de toda esta historia entra Many?

-Es fundamental en mi vida. Es quien me aislaba de la locura de todo lo que vivimos, como la NBA, los Juegos Olímpicos, de la exposición, del vértigo que se vivía en la familia. Aporta cordura y tranquilidad. Y resignó absolutamente todo para acompañarme, estar conmigo, para cambiar de ciudad, para cambiar de vida. Dejó todo lo suyo para crear esta familia. Pocas veces se menciona el esfuerzo de la otra mitad, de todo lo que deja de lado para acompañar.

-¿Es momento de ofrecerle el tiempo a la familia?

-Tal cual, es tiempo que decida ella, porque al fin y al cabo durante 20 años su única determinación fue seguirme a mí. Ahora cambia esta ecuación: si ella tiene otros planes, serán nuestra prioridad, las cosas serán de esa manera.

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