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Todos los campeonatos que juega Guillermo en Boca: contra Tevez, los dirigentes y los hinchas

El Mellizo se siente presionado por Tevez, los dirigentes, excompañeros y un sector de los hinchas que lo tiene en observación por haber fallado en algunos partidos claves; su continuidad, atada a la Superliga y la Copa Libertadores
El Mellizo se siente presionado por Tevez, los dirigentes, excompañeros y un sector de los hinchas que lo tiene en observación por haber fallado en algunos partidos claves; su continuidad, atada a la Superliga y la Copa Libertadores Fuente: Archivo
Franco Tossi
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3 de abril de 2018  • 07:38

Después de lo que se vivió el domingo en la Bombonera con la victoria agónica ante Talleres en el partido trascendental de la Superliga, se puede afirmar que Boca casi tiene el título en sus manos, media coronación en el bolsillo. Un recorrido sostenido, un líder constante y que pocos supieron vulnerar. Aunque con golpes dolorosos en las banquinas del camino que convirtieron el gran momento del equipo en un mar de dudas. Y, a la vez, de certezas externas: la derrota con River en la Supercopa hizo que muchos terminaran de ver a un plantel que no resulta ser el mismo en los partidos decisivos. A partir de allí, Guillermo Barros Schelotto empezó a ser el más apuntado. Ahora jugaron una final ante los cordobeses, la ganaron y él se mostró enfurecido, desahogado, fortalecido y convencido de que puede con todo y contra todos. Pero su actitud evidencia que mientras su equipo disputa un campeonato, él juega otro en paralelo.

El amanecer había sido abrumador y auspicioso. Haber obtenido el campeonato anterior les sacó una mochila pesada a muchos protagonistas y Boca logró soltarse. Ganó las primeras ocho jornadas, incluyendo el superclásico en el Monumental (2-1), en las que había anotado 21 goles y apenas recibido 2. Una verdadera fiera de equipo, con un nivel altísimo que lo puso en el pedestal del fútbol argentino: no había dudas de que era el que mejor jugaba. Guillermo estaba orgulloso y había unanimidad en que había conseguido impregnar su libreto. Sin embargo, su equipo empezó a revolucionarse a partir de pérdidas importantes y llegadas incómodas para el técnico: fue un problema del que también se descargó el domingo.

Primero, se quedó sin Darío Benedetto, el goleador implacable que muchas veces facilitaba la última "G", la de "golear", y Fernando Gago. Ambas lesiones lo afectaron mucho. El Mellizo no encontró reemplazos que disimularan las ausencias, las victorias empezaron a ser más ajustadas, algunas menos merecidas y, lógicamente, las derrotas se hicieron visibles.

Pero lo que más incomodó y desafió al DT fue el segundo retorno de Carlos Tevez. Debió lidiar contra la presencia de un futbolista que, se sabía, le traería problemas para armar el equipo debido a su obligada titularidad (por el peso de su nombre) y su inconformismo de jugar como centrodelantero, aspecto que ya había generado diferencias en el anterior ciclo de Carlitos en el xeneize. Su partida a China había sido un alivio más que una herida: Barros Schelotto tuvo a su N°9 en el Pipa y, ya sin obstáculos, pudo imponer su esquema predilecto (4-3-3). El Apache volvió y hace unos días marcó la cancha con declaraciones: "Yo quiero ser enganche, hacerme cargo del juego y que si Boca pierde o gana sea responsabilidad mía". Tras la victoria ante la T, Guillermo le hizo frente: "Soy el técnico y él sabe que el que decide soy yo. No me va a condicionar lo que diga".

Muy ligado a Tevez está la llegada de Ramón Ábila, un jugador que no está entre las prioridades del Mellizo y que llegó por una apuesta de Daniel Angelici. No obstante, Guillermo hubiera preferido tener otro tipo de delantero: ser casi campeón con algunos jugadores que no pidió también es motivo de desahogo.

Por otro lado, varios dirigentes también lo tienen bajo la lupa a Barros Schelotto. Son los que más sienten aquella sentencia de que sus jugadores se caen en los partidos fundamentales. La eliminación ante Independiente del Valle en semifinales de la Copa Libertadores 2016, las derrotas ante Rosario Central por las ediciones 2016 y 2017 de la Copa Argentina y el reciente cachetazo en el superclásico son muestras suficientes para ellos. Por eso, lo del domingo fue una mini revancha para el DT. Un punto de partida para lo que viene, ya que esas finales deberá ganarlas en la actual Libertadores: "Si le va bien, él va a seguir", supo sentenciar el presidente. Ser bicampeón dará más confianza y expectativas en la comisión directiva. Pero la Copa tendrá su valor también.

El desahogo tiene que ver también con seguir ganándose el corazón de los hinchas, que lo tienen en observación. Una cosa es lo hecho como jugador, otra distinta lo conseguido como entrenador. La gente lo hace notar en la cancha. Por un lado, a través de los murmullos que a veces causan las actuaciones del equipo, aspecto que -por ejemplo- generó la descarga equivocada de Pablo Pérez en su grito agónico. Guillermo, algunos de sus cambios y el rendimiento de sus futbolistas no terminan de convencer. Por eso, nunca se canta el clásico "que de la mano, de los Mellizos, todos la vuelta vamos a dar". Al contrario, aclaman a Tevez.

Hay un pequeño grupo que le agrega otro condimento para que el técnico juegue su propia Superliga. Los exfutbolistas que pasaron por Boca y que, incluso, fueron compañeros suyo en la época dorada de Carlos Bianchi. ¿Por qué? Hay algunos que lo critican en los medios y él les contestó sin filtro: "No me llama la atención. Me quieren dar las soluciones que ellos no tuvieron cuando dirigieron".

¿A quiénes se refiere? La semana pasada, José Basualdo fue uno de ellos: "A veces hace cosas que uno no entiende y te preguntás '¿qué partido está viendo?'. Contra River el partido pedía cambios y él no tenía reacción", lo castigó el Pepe. Guillermo habló en plural, entonces también se puede sumar a los dichos de Mauricio Serna y el Patrón Bermúdez: "Que te ganen con tan poquito duele. Es la peor derrota, la más dolorosa y baja desde que empecé a jugar en Boca. Tenía confianza con él, pero hace tiempo se terminó. Dije que no me gustaba como técnico y le molestó", reconoció Chicho luego del traspié con River.

Boca tiene casi ganada otra estrella. Barros Schelotto, ahora más fortalecido, buscará confirmar el título y convencer las miradas desconfiadas de ciertos jugadores, dirigentes, hinchas y excompañeros. Se siente presionado, la mochila es pesada, y por eso festejó como lo hizo ante Talleres.

Pérez, sin sanción y con más disculpas

Mucho revuelo trajo entre los hinchas de Boca la reacción (con insultos) de Pablo Pérez tras el 2-1 a Talleres. Primero, contra la popular baja de socios y, luego, contra los plateístas. En consecuencia, muchos fanáticos lo tomaron muy mal y en las redes sociales exigieron sanciones internas para el futbolista. Pero eso no es una opción para los dirigentes.

Pérez ayer siguió pidiendo disculpas: "Tuve un entredicho con una persona en el entretiempo, no insulté a toda la cancha. Luego me pasaron el teléfono de esa persona y nos pedimos disculpas ambos", dijo en radio La Red. El capitán agregó: "Soy de carne y hueso. Tendría que haber disfrutado del gol y di una imagen que da vergüenza. Estaba nervioso por lo mal que jugué y por el miedo de volverme a desgarrar".

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