La Chata Solidaria va donde no llega nadie

Una mujer recibe un par de zapatillas de la mano de un voluntario
Una mujer recibe un par de zapatillas de la mano de un voluntario Crédito: Gentileza LCS
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3 de abril de 2018  • 09:41

No rendirse nunca y siempre llegar al que más lo necesita. Ese es el emblema que la Chata Solidaria lleva hasta el extremo. Desde hace diez años atraviesan, con camionetas cedidas por Ford, los caminos más intransitables de El Impenetrable para acercar comida, ropa, juguetes y atención médica a las familias que viven en los parajes más inhóspitos.

"Nosotros llegamos a donde no llega nadie", dice Jerónimo Chemes, fundador de esta organización que fue creciendo en equipo y en alcance. "En 2008 murió mi mamá y decidí transformar ese dolor en algo positivo. Durante ese año, junté donaciones entre conocidos y decidí viajar al Impenetrable solo en mi camioneta, sin saber con qué me iba a encontrar. Las cosas que vi en esa primera aventura cambiaron mi vida para siempre. Y ahí entendí que solo no se puede", agrega.

En el último viaje que hicieron el mes de diciembre fueron con una comitiva de veinte personas, montaron un pequeño hospital en la selva chaqueña, atendieron a cientos de personas y proveyeron a dos colegios con mercadería. "La fundación nació con el objetivo de llevar donaciones a donde realmente las valoraran, y lo que te pasa es que una vez que conocés esta realidad y a estas personas, no podés dejar de venir", agrega Chemes.

La Chata Solidaria se propone mejorar las condiciones de vida de quienes habitan el Impenetrable
La Chata Solidaria se propone mejorar las condiciones de vida de quienes habitan el Impenetrable

Al principio empezaron llevando solo donaciones, conociendo el terreno y sus necesidades. Una de las características más valiosas de esta entidad es que cada una de las donaciones que consiguen la reparten casa por casa, en las profundidades del monte y en la mano de la gente, sin intermediarios. "Todas las personas tienen que saber que lo que nos dan, llega. Con el tiempo, nos dimos cuenta de que teníamos que hacer algo más, y empezamos a llevar médicos para atender los graves problemas de salud que tienen en la zona", cuenta Chemes.

Es así que desde el año pasado, profesionales de diferentes ramas (dermatología, oftalmología, odontología, farmacéutica, clínica, psicología y pediatría) entregan cinco días de sus vidas para ir a ayudar a esta zona.

Todo el trabajo es voluntario. Son personas que dejan de lado sus obligaciones y sus familias para hacer dos viajes anuales e intentar mejorar la calidad de vida de las familias de El Impenetrable. Hace unos meses, después de infinitos trámites, consiguieron constituirse como fundación. "Hoy ya somos una ONG. Por eso, redoblamos el compromiso y ampliaremos mucho el radio de acción a más colegios abandonados", asegura Chemes.

Una de las camionetas de La Chata Solidaria, atravesando un camino repleto de barro
Una de las camionetas de La Chata Solidaria, atravesando un camino repleto de barro Crédito: Gentileza LCS

La organización ya lleva más de 20 viajes y en cada uno, recorre aproximadamente 3500 kilómetros de asfalto desde Buenos Aires, ida y vuelta, más unos 700 de barro. "No importa el clima ni el estado de los caminos, nosotros entramos igual".

El próximo viaje que están planificando es para el mes de julio. El objetivo es poder ampliar la cobertura de la atención médica que brindan y llegar a más escuelas. "Volver y que la gente te reconozca, hace que todo lo que hacemos tenga sentido", concluye Chemes.

Vecinos del Impenetrable reciben a los voluntarios que llegan en camionetas cargadas de donaciones
Vecinos del Impenetrable reciben a los voluntarios que llegan en camionetas cargadas de donaciones Crédito: Gentileza LCS

Una escuela nueva

La primera vez que la organización llegó a la escuela de Ojo de Agua en 2010, se encontró con un escenario dantesco. Una maestra rural abandonada a su suerte con ocho niños viviendo en el colegio tirados en el piso. Dormir así era mejor que hacerlo en sus casas dónde el suelo es de tierra. Las condiciones eran indescriptibles. El abandono era absoluto.

Dos chicos reciben la donación de juguetes
Dos chicos reciben la donación de juguetes Crédito: Gentileza LCS

"Rosa, la maestra no paraba de llorar, no tenía ni comida para darles a esos niños que tenía a su cargo. Ese viaje les dejamos mercadería que les salvó, literalmente, la vida", recuerda Chemes.

Golpeados por esta realidad, tomaron la decisión de ayudar a esa escuela. Además de llevarles comida, útiles, ropa y calzado, se comprometieron a construir un dormitorio para los niños y reparar el existente y equiparlo.

"Yo tengo hijos de esas edades y temblaba solo en mi casa al verlos", agrega Chemes.

Cinco meses después, ya tenían la construcción lista, con materiales nobles y duraderos, con camas y colchones nuevos. "Muchos de estos chicos se pudieron acostar por primera vez en su vida en un colchón. Sus ojos volaban. Se reían", dice Chemes.

Al año siguiente fueron por más, y le sumaron un Salón de Usos Múltiples (SUM). El colegio paso a 30 alumnos y 2 maestras. "Hoy en día los abastecemos permanentemente de comida y tal vez sea el único colegio de la zona en el que los chicos comen cuatro veces por día", dice convencido.

Pero luego vino el milagro. Un chico fue abandonado en el colegio. No estaba en edad para entrar en primer grado. La maestra ubicó al abuelo y ahí se enteró de que solo iba al colegio a comer y vivir, era su casa.

"Ahí nació la idea de inmediato. Fuimos y en tiempo record construimos una sala de jardín de infantes para él. El primero de la zona. Hoy hay casi 50 niños, tres maestras, el colegio es el doble de grande de cuando llegamos y además cada cinco meses llevamos médicos y montamos un centro de salud para toda la comunidad dónde llegamos a tender más de 300 personas en el medio de la selva", concluye Chemes.

La alegría de un nene al recibir una pelota
La alegría de un nene al recibir una pelota Crédito: Gentileza LCS

COMO AYUDAR

Las personas que quieran colaborar pueden hacerlo con donaciones, dinero u ofrecerse como voluntarios (no necesariamente tienen que ser médicos). Hay personas que se ocupan de la logística o de la parte de mecánica de las camionetas.

FB: La Chata Solidaria

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