Pablo Pino de Cielo Razzo

El cantante habla de los comienzos de la banda y de su vuelta al Luna Park
Mariano Vespa
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4 de abril de 2018  • 15:14

“Quizás en aquel momento nos sorprendió un poco, fue un poco apresurado. Ahora lo tomamos con más conciencia y un poco más tranquilos”, dice Pablo Pino, frontman de Cielo Razzo, recordando la primera vez que tocaron en el Luna Park, diez años atrás, y analizando cómo llegan a su segunda presentación en el mítico estadio porteño. En ese intervalo, la banda consolidó el estilo que había anticipado en Grietas (2007), su cuarto disco de estudio: un impulso grunge, que lo alejó paulatinamente de aquella definición inicial que los catalogaba como “Los Piojos rosarinos”.

En dos letras de Pino, devenidas en himnos, como "Alma en tregua" y "Quien baja la pala" puede encontrarse la clave para pensar el devenir de la banda rosarina. “Prefiero andar así, tan tranquilo” y “nunca digas ‘el tiempo me basta’”. Esa paciencia y ambición funcionan como complementos que, a 25 años de su formación, acercaron nuevamente a Cielo Razzo al ring del rock nacional.

¿Qué recuerdos tenés de los primeros ensayos, en la terraza de Narvy [Cristian Narvaez, bajista] en Rosario?

En la terraza yo no llegué a ensayar, estaban Narvy y Nano [Fernando Aime, uno de los guitarristas], yo fui solo una vez a verlos. Sí me acuerdo que mi hermana cumplía años y me autoinvité a tocar. Después de hacer un viaje por sus quince organizó algo en el patio de mis viejos, con sus amigos. Medio que se lo arruiné. El flaco Largo [Pablo Caruso, primer baterista, fallecido en 2003 en un accidente junto a Claudio Crispín, escenógrafo] no vino porque recién lo conocíamos, medio que no tenía tanta responsabilidad de amistad para hacernos la gamba. Fue un rejunte de los que estábamos. Y esa fue la primera vez que nos juntamos para tocar para alguna gente.

¿Cuáles eran las expectativas en los comienzos?

Cuando arrancamos era más fiesta que ahora. Las expectativas eran alucinantes porque obviamente se tocaba mucho menos que ahora. Una vez por mes, y siempre eran bares y venían todos los amigos. Venían la banda mía de plaza Charlone, venía gente de todos los barrios y se armaba un fiestón, no sé si íntima pero sí de conocidos. Lo que me acuerdo es que siempre se quedaban sin porrón en los bares y veíamos siempre al dueño salir con los cajones a comprar para seguir vendiendo cerveza y hacer dinero. Estaba toda esa energía joven, universitaria.

¿Es un desafío aparte tocar en Luna Park, para tanta gente?

Sinceramente pienso que ahora no es más difícil que en aquel momento. Nos reconoce mucha más gente. Lo noto cuando estoy por Capital caminando o en el transporte público. Una vez caminando por Boedo no había nadie en la calle y de un balcón me gritan: “¡eh, polilla!”. El único miedo que tengo es el momento del orto que se está viviendo, que hay una malaria muy fuerte y creo que eso que puede tirar para atrás bastante. Influye porque hay poca guita en la calle, y el espectáculo, el entretenimiento y la cultura son los primeros que sufren.

¿Qué balance hacés en estos 25 años de recorrido?

No soy muy de balancear. Estoy conforme y muy contento con lo sucedido salvo, obviamente, la muerte del flaco y de Claudio, nuestros hermanos, una tristeza que tuvimos y que llevamos. Yo echaría para atrás todo sin pensarlo, pero uno no puede decidir lo que pasa. Hemos encontrado un lugar, algo que no es fácil. Más allá de la guita, que es un oficio que sube y baja, estoy muy contento de saber que soy cantante, de estar en una banda que me encanta -que me parece que es una gran banda-, de ser parte de una tribu junto a mis compañeros. Tengo entendido que la gente nos quiere mucho y a los que les gusta transmiten una pasión que me encanta. Esas cosas positivas me tranquilizan. Es preferible que te quieran y no que te tengan bronca. Estamos en un lugar de privilegio.

Después de esos dos Obras vertiginosos, en 2006, no apostaron a la masividad.

No sabemos hacerlo, me parece. Se nos escapa. Nuestro trabajo es hacer buenas canciones, que estemos conformes con las canciones y al estar seguros, poder transmitirlo. Quizás no nos toca ese lugar del estadio grande, de ser populares y masivos, y lo nuestro es un camino más alternativo. Estoy muy contento de saber que muchas bandas nos respetan. Que piensan que no hacemos giladas, nosotros también lo pensamos, aunque cada tanto nos mandamos alguna (risas).

Además de que van a grabar CD y DVD, ¿qué se puede contar de las preparaciones del show?

Me parece que lo principal es estar bien ensayados y lograr eso que nunca se sabe que es o no se percibe que es lo mágico. Estamos trabajando para generar un buen puente, que se escuche bien. Queremos lograr el evento mágico, con emociones fuertes y eso tiene que ver mucho que ver con las canciones y con la interpretación, con esa química. Con eso, la noche va a estar completa.

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