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Televisión

La comida entra por los ojos y la TV lo sabe

Natalia Trzenko
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6 de abril de 2018  

Una mesada con los ingredientes prolijamente acomodados en recipientes sin marcas, alguna olla humeando sobre las hornallas y el cocinero mirando a cámara explicando su receta paso a paso. Durante décadas los programas de cocina tuvieron, detalles más o detalles menos, la misma estructura, el mismo contrato de lectura con su audiencia que con el paso de los años se hizo más diversa en términos de género y edad pero que no modificó sus expectativas con el género. Hasta que con la llegada de los reality shows y el auge de los ciclos dedicados al estilo de vida, algo empezó a cambiar. Las mesadas dejaron de usarse o se mudaron fuera del estudio, los cocineros se sacaron el delantal y las calles empezaron a ser más protagonistas que las ollas y las sartenes. La transformación ya lleva un tiempo y sin embargo en los últimos meses, desde que Netflix decidió subirse al tren del "lifestyle", los ciclos de cocina dejaron atrás los viejos modelos, los límites temáticos, de género y, en algunos casos, hasta su apego por el realismo.

Ahora, innovadores documentales, competencias cada vez más específicas, programas humorísticos y ficciones tienen a la cultura gastronómica como tema, centro y excusa para contar sus historias.

Uno de los mejores ejemplos de la tendencia que es global y no se detiene es el reality show Bake Off que comenzó como una competencia de pasteleros amateurs de Gran Bretaña y que pasado mañana llegará a Telefé en versión local, luego de su paso por Australia, Bélgica, Canadá, Dinamarca, Francia, Alemania, Estados Unidos, Italia y Brasil. Los conocedores que ya vieron las dos últimas y la original por la señal Home & Health y los que no conocen nada del formato ahora podrán disfrutar de la habilidad de doce reposteros argentinos que intentarán impresionar al equipo de expertos integrado por Damián Betular y Pamela Villar, referentes de la pastelería argentina actual, y el chef francés Christophe Krywonis, de sobrada experiencia en las cocinas de un lado y otro de la pantalla chica.

Una cocina en el campo

El éxito de la franquicia Bake Off está en los detalles que el equipo de producción argentino reprodujo y adaptó meticulosamente. El programa se graba en una enorme carpa blanca -en medio de un predio de verde pasto que se espía por las ventanas- equipada con estaciones de cocina para cada participante, pisos dameros, colores pasteles y, en beneficio del caluroso verano que se resiste a irse, un sistema de refrigeración que sirve para refrescar a los que cocinan, a la conductora Paula Chaves pero sobre todo a las preparaciones que deben mantenerse intactas para la evaluación de los jueces.

El backstage de Bakeoff

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Video

Mientras que los concursantes cocinan, sólo se escucha el sonido que hacen las cucharas de madera al chocar con las ollas, el ruido de las batidoras o la apertura del horno. Las cámaras, una por participante más otra que capta el plano general de la carpa, están sobre las estaciones de trabajo, no se pierden detalle y visto desde afuera exigen una concentración de los pasteleros que aspiren a quedarse con el premio. Todo tiene un ritmo sosegado incluso detrás de cámaras, muy distinto del frenesí que suelen tener los programa de televisión y tal vez en esa calma resida el secreto de su éxito. O parte de él. Para muchos tendrá más que ver con ser testigos de la confección del soufflé de chocolate perfecto o ese pionono con los exactos sabores de una torta selva negra. Lo que es seguro es que Bake Off Argentina. El gran pastelero cumple con un par de las características que se le exigen a los programas de cocina modelo siglo 21: es aspiracional y sus sabores genera un efecto evocativo. Otros ciclos de su tipo como Hell's Kitchen (la nueva temporada comenzó esta semana por Home &Health) y Masterchef ponen el acento en la habilidad de sus participantes y, sobre todo, en su espíritu competitivo.

Claro que como todo género en expansión, los ciclos de cocina más modernos-las tradicionales siguen ahí también , por supuesto- empezaron derribando paredes y descartando límites geográficos, de tono y restricciones de estilo. Entre los programas que marcaron el nuevo rumbo uno de los más logrados es Chef's Table. La serie documental de Netflix ya tiene tres temporadas disponibles con capítulos dedicados a los más destacados cocineros del mundo, entre ellos el argentino Francis Mallman. La particularidad del programa que la semana que viene estrenará una nueva temporada, Chef's Table: Pasteleros, es que más allá de mostrar la habilidad profesional de los chefs protagonistas se esfuerza por conectar los platos que crean con sus experiencias de vida convirtiendo cada episodio en una especie de documental biográfico fascinante. Un concepto que también explora Ugly Delicious, el programa creado por el cocinero David Chang y el crítico culinario Peter Meehan en el que exploran con todas las herramientas visuales y narrativas a su disposición platos populares como la pizza, los tacos, las comidas hechas en casa y los asados , entre otras comidas conocidas por todos pero no por eso menos interesantes para investigar. Con humor y bien lejos del academicismo, la serie documental de ocho episodios de Netflix es sofisticada y divertida, didáctica e irreverente, tan rebelde como dice ser su creador y conductor que viaja por el mundo buscando y encontrando espíritus afines.

Ugly Delicious: puede verse en Netflix
Ugly Delicious: puede verse en Netflix Fuente: LA NACION

Algo similar a lo que hace Paul Hollywood, pastelero estrella en Gran Bretaña, jurado del Bake Off original y figurita repetida de los tabloides de su país que despunta el vicio de los hornos y la harina leudada en el programa P aul Hollywood: panadero en la ciudad que emite la señal Food Network. Allí, el experto recorre ciudades como Nueva York, Londres, Madrid y San Petersburgo en busca de los mejores panes y derivados, presenta a los especialistas de cada lugar, mete manos en las masas y hace que el espectador desee que por fin se invite la TV con aromas.

Fuera del molde

Si muchos de los exponentes actuales del género apuestan a mostrar la excelencia y el arte de la cocina era solo cuestión de tiempo antes de que apareciera alguno ciclo que hiciera exactamente lo contrario. Tal vez por aquello de que es peligroso jugar con fuego el humor en la cocina solía reservarse a los chistes -usualmente malos-, de los cocineros estrellas. Pero un nuevo programa disponible en Netflix, Nailed It (o La intención es lo que cuenta), tira toda precaución por la venta y arma pequeños e hilarantes desastres en cada episodio al poner a pasteleros sin experiencia y pocas habilidades a imitar elaboradas preparaciones de profesionales por un premio de 10 mil dólares. Cada resultado es peor que el otro y ese es el encanto del programa que por momentos se torna un ejercicio de humor absurdo inesperadamente desopilante.

Y si se trata de estirar los límites, la adquisición más reciente e interesante del género son las ficciones dedicadas al ejercicio de comer, cocinar y vivir a través de la comida. Una de las series más delirantes y al mismo tiempo informativas es Kantaro, la historia de un oficinista de Tokio aficionado a los dulces que recorre los mejores locales-reales-, de su ciudad en busca de postres que lo hacen alucinar de placer y volcar sus poéticas impresiones en un blog que escribe anónimamente. Exagerado y diferente a cualquier cosa que se haya visto antes el programa de ocho episodios disponible en Netflix está basado en una historieta lo que explica, en parte, esas secuencias en las que el protagonista imagina a sus compañeros de trabajo como frutas parlantes y bailarinas. La fantasía también es el ingrediente principal en Samurai Gourmet otra serie japonesa disponible en Netflix, en la que un jubilado reciente descubre que la comida y la bebida son las mejores herramientas para pasar el tiempo de ocio.

Con menos realismo mágico pero igual pasión por la comida las dos temporadas de la ficción surcoreana Let's Eat (Netflix) también tienen un protagonista con una doble vida. Simpático vendedor de seguros durante el día y exigente blogger gourmet el resto del tiempo, el personaje principal pasa de empedernido solitario a conseguir un grupo de pertenencia gracias a la comida compartida. Algo muy similar a lo que ocurre con Amor culinario-también de Corea del Sur-, que en episodios de no más de doce minutos (creados originalmente como serie online para promocionar una marca de condimentos) cuenta las vicisitudes de una joven oficinista y cocinera aficionada que al final de cada capítulo da la receta del plato "del día", lo prepara y lo prueba, claro.

Finalmente, está Midnight Diner: Tokyo Stories, una serie de diez capítulos que llevan por título el nombre de un plato al que utilizan como disparador de la narración que logra la mejor combinación entre sabor y ficción. El relato comienza con imágenes de un Tokio frenético que baja de velocidad a la medianoche cuando abre un restaurant dónde se reúnen los diferente personajes frente a diferentes platos de comida que, a tono con la nueva generación de programas de cocina, son mucho más que la suma de sus sabrosos ingredientes.

Menú en once pasos

-Bake Off argentina. El gran pastelero (el domingo, desde las 22.30, por Telefé)

-Hell's Kitchen (martes, a las 21, por Home & Health)

-Chef's Table (disponible en Netflix)

-Ugly Delicious (disponible en Netflix)

-Paul Hollywood: panadero en la ciudad (martes, a las 21, por Food Network)

-Nailed It (Disponible en Netflix)

- Kantaro(Disponible en Netflix)

-Samurai Gourmet (Disponible en Netflix)

- Let's Eat (Disponible en Netflix)

- Amor culinario (Disponible en Netflix)

- Midnight Diner: Tokyo Stories (Disponible en Netflix)

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