De los derrapes a las recuperaciones: todas las veces que el River de Gallardo salió de momentos críticos

Gallardo, y el reconocimiento del presidente Rodolfo D´Onofrio
Gallardo, y el reconocimiento del presidente Rodolfo D´Onofrio
Gustavo Yarroch
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4 de abril de 2018  • 14:00

El River de Marcelo Gallardo es un buen ejemplo de equipo exitoso, pero a la vez especialista en revertir situaciones adversas. Desde la asunción del Muñeco, a mediados de 2014, River ganó ocho títulos (cinco internacionales y tres copas nacionales). Sin embargo, en el medio del camino tuvo que dejar atrás varios momentos complejos, de esos que suelen poner en crisis a los ciclos de los entrenadores. El último de ellos fue antes de la obtención de la Supercopa Argentina ante Boca, a la que River llegó en medio de una marcada crisis futbolística. El título ante su máximo rival lo liberó de las ataduras futbolísticas y el equipo no solo mejoró su nivel de juego, sino que también se impuso en los dos encuentros siguientes de la Superliga, ante Belgrano y Defensa y Justicia, y también pisó fuerte en Santiago al ganarle 3 a 0 a la Universidad de Chile con una formación alternativa.

"La victoria contra Boca nos vino muy bien para volver a creer en nosotros mismos. El equipo mejoró mucho y ahora queremos seguir con este camino. Vamos a hacer el mayor esfuerzo posible para ver si podemos clasificar a la Copa Libertadores. Sabemos que no será sencillo, pero vamos a hacer el intento", dijo Lucas Pratto, a quien el domingo, en el 3 a 1 ante Defensa y Justicia, se lo vio en su mejor versión desde que llegó al club a principios de año.

El primer gran cimbronazo del que se recuperó River en la era Gallardo tuvo lugar en el verano de 2015, cuando cayó 5 a 0 en un amistoso ante Boca, el 31 de enero en Mendoza. Los días posteriores instalaron un clima pesimista, de críticas hacia el técnico y los jugadores, y de un supuesto mal clima interno que el propio plantel se encargó de evaporar cuatro días más tarde. En el Monumental, y con los mismos once que habían sufrido la histórica goleada ante Boca, River le ganó 1 a 0 a San Lorenzo el choque de ida de la Recopa Sudamericana y acalló todas las voces críticas. A la semana siguiente, en el Nuevo Gasómetro, se impuso por el mismo marcador y se quedó con la copa. Primera tormenta disipada.

Cuatro meses más tarde, en abril, River padeció dos cachetazos que le dolieron: perdió la final de la Supercopa Argentina ante Huracán, en San Juan, y a los cuatro días cayó ante Boca por el campeonato local, en el primer partido de una trilogía de Superclásicos que incluían los dos de la Copa Libertadores 2015. "Estoy convencido de que vamos a salir fortalecidos de esto", afirmó por entonces Gallardo, ajeno a las miradas pesimistas de muchos hinchas. A la semana siguiente, el instinto luchador del equipo dijo presente en el Monumental para ganar 1 a 0 el choque de ida de los octavos de final con un gol de penal de Carlos Sánchez. La revancha en la Bombonera se frustró por el ataque con gas pimienta que sufrió el plantel de River al volver luego del entretiempo (con el marcador en blanco) y la Conmebol le dio la serie por ganada. Esa fue la segunda resurrección.

En diciembre de 2016, River perdió 4 a 2 un Superclásico que ganaba 2 a 1 en el Monumental y dejó pasar una gran chance de frenar la marcha de Boca hacia el campeonato y de paso de prenderse en la pelea por el título. No sólo eso: aquel traspié fue en un momento muy inoportuno, apenas cuatro días antes de la final de la Copa Argentina ante Rosario Central. Sin embargo, lejos de caerse anímicamente, el gen competitivo del equipo volvió a aparecer en toda su dimensión en el choque decisivo ante Central y dio la vuelta olímpica en Córdoba tras ganar 4 a 3. "A este equipo nunca hay que darlo por muerto", sacó pecho Leonardo Ponzio, el capitán.

El último gran derrape fue el que más tiempo lo dejó trastabillando. Después de la insólita eliminación en las semifinales de la Copa Libertadores 2017 frente a Lanús, tras ir ganando 3 a 0 el global de la serie, el equipo cayó en un pozo futbolístico del que no podía emerger incluso después de las vacaciones y de la pretemporada en Miami. Perdió siete de los once partidos oficiales que le siguieron y recién logró algo de alivio al ganarle -con mucho de fortuna- 1 a 0 a Patronato, en Paraná, en la antesala de la final contra Boca en Mendoza. Y en ese Superclásico, considerado por los dos equipos más populares del país como el más importante del semestre, volvió a estar a la altura de las circunstancias a fuerza de una mentalidad ganadora y de un carácter que le permitieron festejar por 2 a 0.

"Nosotros sabíamos que iba a llegar el momento de empezar a levantar. El partido contra Boca fue bisagra para nosotros. Y de a poco se está viendo el River que Gallardo estuvo preparando durante tanto tiempo y que no se podía ver por cosas que no nos salían y por ese dolor que cada uno tenía por el partido ante Lanús. Necesitábamos un partido de mucha importancia para cortar con ese dolor. Marcelo (Gallardo) nos venía diciendo desde hace tiempo que contra Boca era un partido para no fallar y así fue. Estamos felices por haber demostrado la fortaleza de este equipo", sostuvo Javier Pinola.

Está más que claro: al River de Gallardo las heridas lo lastiman pero nunca lo derrumban definitivamente. Es tanto una realidad como un aviso para los rivales: con River deben tener la guardia alta incluso en los momentos en los que se muestra como un equipo vulnerable. Después de todo, las reivindicaciones son el estímulo preferido de este equipo al que lo doblan pero no lo quiebran.

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