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Revelan reclamos de Mignone a la Iglesia por su hija desaparecida en 1976

En sus respuestas, los obispos reconocen la multiplicación "excesiva" de desapariciones y la existencia de "un plan, un método" de la dictadura
En sus respuestas, los obispos reconocen la multiplicación "excesiva" de desapariciones y la existencia de "un plan, un método" de la dictadura
Mariano De Vedia
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4 de abril de 2018  • 08:00

El Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS) sacó a la luz una serie de cartas que Emilio Fermín Mignone, uno de sus dirigentes fundadores, intercambió con dignatarios de la Iglesia entre 1976 y 1983, a raíz de la desaparición de su hija Mónica, que realizaba tareas sociales en una villa de Flores.

La correspondencia incluye a los obispos ya fallecidos Antonio Quarracino, Raúl Primatesta, Eduardo Pironio, Vicente Zazpe y Jaime de Nevares, entre otros, y refleja, a lo largo de 42 mensajes, la variedad de respuestas que transmitió en ese tiempo la Iglesia: desde la imposibilidad de garantizar respuestas favorables hasta promesas de gestiones por desaparecidos que no llegaron a buen puerto y el reconocimiento de que los obispos recibieron reiteradas denuncias en ese período sobre la represión ilegal.

"Recibí tu carta y lamento lo sucedido. Dios quiera que al recibir tú estas líneas, ya Mónica haya podido ser ubicada [...] Creo que estos casos se están multiplicando excesivamente", le escribió el 28 de mayo de 1976 Quarracino, por entonces obispo de Avellaneda, en respuesta a la carta que le mandó Mignone para contarle el reclamo que le había formulado por escrito al dictador Jorge Rafael Videla .

"¡Ojalá que los visitantes de tu casa hayan sido del Ejército! No porque se justificaría el arresto, sino porque resultaría detectable y aseguraría el buen trato, según dicen", fue el comentario que añadió Quarracino.

Tres días después, Jaime de Nevares, obispo de Neuquén y comprometido con la problemática social, le planteó a Mignone que "ya no son casos aislados, sino que parece evidenciarse una táctica estudiada de persecución, amedrentamiento y humillación". Y admitió en la carta manuscrita que "la declaración de los obispos es letra muerta para muchos".

Por su parte, el entonces arzobispo de Santa Fe, Vicente Zazpe, señaló que "el arzobispado sufre un verdadero asedio de gente que viene con problemas similares. Yo trato de canalizar estas súplicas ante quien corresponde, pero le aseguro que algunos días siento el peso de tantos sufrimientos como si fueran propios".

El 2 de junio de ese año, el cardenal Primatesta acusó recibo de la comunicación de Mignone y le aseguró que "la tiene muy en cuenta dentro de sus posibilidades y que lo encomienda a Dios". El entonces arzobispo de Córdoba sucedió ese año al frente del Episcopado al vicario castrense Adolfo Tortolo, a quien el fundador del CELS había conocido en sus años de militancia en la Acción Católica de Luján, aunque luego se distanciaron. Como vicario castrense, Tortolo tuvo a su cargo en ese tiempo más de 400 capellanes de unidades militares.

La selección de cartas forma parte de las 127 cajas que integran el archivo personal de Mignone y se conservan en el CELS. Él y su mujer, Angélica Sosa, conocida como "Chela", realizaron numerosas gestiones tras la desaparición de su hija, además de escribirle una carta a Videla.

Mignone recurrió a dignatarios de la Iglesia y, a través de una gestión del entonces nuncio papal Pio Laghi pudo saber que su hija Mónica y sus compañeros fueron secuestrados por personal de la Armada y trasladados a la ESMA.

Según advierte el informe del CELS, las sucesivas respuestas de Quarracino, Nevares y Pironio indican que la Iglesia estaba recibiendo una enorme cantidad de demandas de familiares de todo el país. En junio de 1976, Nevares le transmite a Mignone que "estas arbitrariedades y actitudes inhumanas forman parte de un plan, de un método, de una política. Y ello no augura nada bueno para la pobre patria".

Desde Roma, en agosto de 1976, el cardenal Pironio comparó la "dolorosa situación en la Argentina" con los momentos fuertes de la Pascua y se comprometió a transmitirle una vez más la preocupación al nuncio Pio Laghi.

En octubre de ese año, Mignone y su mujer volvieron a escribirle a Tortolo, a quien le confiesa que leyó "con asombro y con dolor" las declaraciones del arzobispo en las que afirmaba que "no sabe ni le consta que en nuestro país se encuentran conculcados los derechos humanos"

La correspondencia prosiguió varios años y en abril de 1978, al conocerse que la conducción del Episcopado se reuniría en un almuerzo con Videla, Mignone y su mujer le escribieron "en forma urgente" a Primatesta para pedirle un cambio drástico en la posición de la Iglesia frente a la situación de los desaparecidos y que deje de justificar el accionar estatal. "El sistema consiste en haber adoptado los métodos clandestinos de la guerrilla; es decir, el secuestro, el robo, la tortura -aunque en este caso aumentada y perfeccionada de manera espantosa- el asesinato, agravado con la negativa de entregar los cadáveres a los deudos", le escriben al presidente del Episcopado los padres de la nunca aparecida Mónica.

Emilio Mignone murió en diciembre de 1998 y su mujer Chela, diez años después.

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