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1958-2018: Lecciones de un 6-1

Ezequiel Fernández Moores
Néstor Pipo Rossi, un icono de otros tiempos del fútbol argentino
Néstor Pipo Rossi, un icono de otros tiempos del fútbol argentino Fuente: LA NACION
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3 de abril de 2018  • 23:59

Verano de 1957, apenas antes del Sudamericano de Lima ganado por "Los Carasucias", una de las selecciones más brillantes que recuerda el fútbol argentino. Como si hubiese intuído que igualmente se venía "El Desastre de Suecia" (la goleada 6-1 de Checoslovaquia en el Mundial 58), Dante Panzeri debate en El Gráfico con Adolfo Pedernera, José Manuel Moreno y Enrique "el Chueco" García sobre "la decadencia del fútbol argentino". Pedernera habla de tener la pelota y jugar por abajo. Y, más importante, jugar con "alegría", pero también con "la sensación de vergüenza por la pelota tirada a cualquier parte". "¿No te da vergüenza?", reclama Néstor "Pipo" Rossi a un compañero que la rifa. La muy buena página ecosdelbalon.com cuenta otro reto de Rossi en plena práctica de River, tras un pase muy alto de Federico Vairo: "muy buena Federico, ahora alcanzame una escalera".

Suficiente, la AFA no convocó al Mundial al trío atacante Maschio-Angelillo-Sívori que había brillado en el Sudamericano de Lima, incluída la goleada 3-0 al Brasil luego campeón de Garrincha y Didí (ayer se cumplieron 61 años). Maschio (21 años), Angelillo (19) y Sívori (20) fueron vendidos a Italia. ¿La dirigencia los dejó afuera de Suecia para mostrar acaso a otros delanteros y concretar más ventas a Europa? ¿Por qué de ese fútbol "veloz" y "sin posiciones fijas" de "Los Carasucias" (textual de la prensa brasileña) se pasó, apenas un año después, al "Desastre de Suecia"? Lo peor, coinciden muchos, fueron las consecuencias. Porque no le vendimos jugadores a Europa, pero le compramos su método, su juego más físico. Los jugadores pasaron a correr más rápido que la pelota. Compramos también su concepción de "fútbol-espectáculo": diez fichajes extranjeros fueron titulares en el Boca-River de 1961.

Sesenta años después, Argentina vuelve a perder 6-1 en Europa. El amistoso reciente contra España se jugó en un estadio cuya construcción no costaría "un duro" al club, según dijo el Atlético Madrid en 2006. Pero costó 330 millones de euros y la deuda del Atlético es hoy de 515 millones. Un rojo impensable cuando en 1992 el gobierno español exigió "saneamiento" y obligó a los clubes a convertirse en Sociedades Anónimas Deportivas (SAD). El estadio ya no es el Vicente Calderón, nombre que honraba a un presidente mítico. Se llama Wanda, nombre del inversor chino que aterrizó en 2015 como nuevo Mesías, pero ya no está más. Tampoco está más el escudo histórico. "¡No se toca!", reclamaron miles de hinchas el domingo pasado en el Wanda. "Cuando a la gente le cambias tantas cosas -admitió Gabi, capitán del Atlético- al final no se identifica con nada".

El otro estadio en el que jugó la selección, Etihad, lleva nombre de la aerolínea de Abu Dhabi, patrón del Manchester City, el club que muestra hoy el gran fútbol de Pep Guardiola. Y también sus petrodólares que inflan todo. Italia, rival de la selección en el Etihad, juega este miércoles su centenario "clásico de la Madonnina". Ahora es el derby de Shanghai. Inter, se sabe, cayó en manos del grupo chino Suning. Y Silvio Berlusconi, millonario que usó al fútbol como trampolín político, vendió el Milan a Li Yonghong. El desconocido chino pagó cash la primera parte de más de 300 millones de euros. Tiene que devolverlos antes de octubre. Si no lo hace, Milan quedará en manos de su prestamista, Elliot, fondo de alto riesgo propiedad de nuestro conocido Paul Singer. Nuestros clubes de barras bravas, es cierto, desnudan en estos días que no solo pueden salvar a muchos pibes, sino también arruinarles la vida. Pero el Fútbol Buitre, el lado B del Fútbol SA, asoma hoy aquí como otra nueva "solución europea que, según cuentan, reaparecerá con fuerza apenas termine el Mundial.

España, sin urgencias económicas, y con dinero para seguir comprando nuestras joyas, nos ofrece en realidad un debate mucho más interesante que el del mero negocio. Desde hace años, sus formadores retrasan a goleadores noveles a posiciones más defensivas para que su buena técnica ayude a la idea colectiva de salir rápido y con pelota al piso desde el fondo. Como Los Carasucias del '57. Hoy, acá, al pibe que hace dos goles, le pedimos que haga cuatro. Hay que venderlo cuanto antes. Pocos cuentan que el negocio de los Clubes SA sufrió un revés reciente cuando Alemania rechazó el proyecto que pretendía cambiar la regla del "50+1", que impide a un inversor poderoso quedarse con el control del club. Bayer Leverkusen, Wolfsburgo, Hoffenheim y RB Leipzig son la excepción. Quiso sumarse Hannover 96. El país campeón mundial dijo basta. Desde Inglaterra, epicentro de los magnates globalizados de la pelota, había llegado un aviso a la Bundesliga: "Los multimillonarios destrozarán tu fútbol. Ya tienes un juego brillante, no necesitas riquezas ilimitadas, llenar tus estadios de turistas y 'clientes' que compren todo el merchandising. Lucha contra los bastardos y su explotación o te arrepentirás. Simplemente -rogaba un hincha en pleno debate-, no podemos entregarles todo".

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