La misión de Ariel Holan: recuperar el juego perdido de Independiente sin Maxi Meza

Meza sufrió un desgarro en el partido del sábado pasado contra Atlético Tucumán
Meza sufrió un desgarro en el partido del sábado pasado contra Atlético Tucumán Crédito: @independiente
Rodolfo Chisleanchi
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3 de abril de 2018  • 23:59

El veterano plateísta de la Bochini baja golpeó con furia el llavero que sostenía en la mano contra su butaca y con el rostro encendido le recordó al vecino su profecía: "¡Te dije que no tenía que jugar, te lo dije!". Apenas diez segundos antes, a los 38 minutos del primer tiempo del partido que disputaban Independiente y Atlético Tucumán el sábado pasado, Maximiliano Meza había estirado en el aire su pierna derecha para bajar un largo cambio de frente de Fabricio Bustos. El resultado del gesto del número 8 fue el desgarro del isquiotibial derecho, un problema mayúsculo en el momento más candente del Rojo en este semestre.

La lesión del correntino tuvo efectos inmediatos en el encuentro. La hinchada hizo silencio, el equipo dejó de atacar y, peor aún, hasta el final no volvió a crear peligro en el área del Decano. A partir de esta noche, cuando enfrente a San Lorenzo en el cotejo postergado de la 15ª fecha de la Superliga (20 horas, dirige Patricio Loustau), Independiente comenzará a decidir su suerte en el torneo local y la clasificación para la Libertadores 2019 sin su jugador más desequilibrante.

Al margen de discutir si lo ocurrido a Meza fue producto de la casualidad o si el plateísta tenía razón en su idea de preservarlo tras el trajín físico y emocional que le produjo su excursión por Europa con la selección argentina, su ausencia en las próximas semanas es un diluvio sobre mojado para el conjunto de Ariel Holan. Por todo lo que aporta individualmente -gambeta, cambio de ritmo, capacidad de asociación, desborde, versatilidad y gol- pero también porque resiente todavía más a un equipo que desde el comienzo de 2018 no termina de encontrar su línea de juego.

Un repaso a los trece encuentros disputados por el Rojo en el año (5 victorias, 5 empates, 3 caídas) no acaba de expresar los vaivenes de un desempeño que sin duda está un par de peldaños por debajo del mostrado durante los últimos meses de 2017. Ya sea porque la marcha de Tagliafico y Barco pesa por ahora mucho más que los refuerzos llegados en verano, por las lesiones, porque algunos jugadores no logran alcanzar su máximo nivel o porque la participación en torneo y Copa se le está haciendo muy cuesta arriba, pero lo cierto es que el rendimiento está en deuda.

Basta con releer las declaraciones del propio Holan después de cada partido para darse cuenta. "Esfuerzo" es su palabra más utilizada, "eficacia" (a veces a favor, otras en contra) es la segunda, mientras que "juego" aparece poco y nada, cuando posiblemente las explicaciones a todos los altibajos pasen por ese punto.

El año pasado, Independiente dominaba sus partidos, imponía las condiciones prácticamente en todas las canchas -a excepción de la Bombonera- y a partir de ahí construía su fútbol. Por eso generaba una gran cantidad de llegadas al arco rival, más allá de que las aprovechara o no.

Ahora eso no ocurre. El equipo lleva el mando por ráfagas de tiempo variable: el primer tiempo frente a Rosario Central, el segundo en San Juan, el final del alargue contra Gremio en la Recopa, 20 minutos contra Estudiantes, un ratito ante Millonarios, Argentinos Juniors o Atlético Tucumán, nada en Venezuela. "El error fue no haber convertido un gol en el momento oportuno", explicó el técnico luego del 0-2 del sábado, y es cierto que durante un lapso de 10 minutos el Rojo desplegó un juego brillante que no supo trasladar a la red. Tan cierto como que en el arranque del partido el Decano había desperdiciado varias ocasiones o que ante Tigre, Argentinos o Millonarios el gol llegó sin mayores merecimientos previos.

Holan cree que Silvio Romero no rinde por los costados del ataque y ya no lo pondría en esa posición

¿Puede influir la doble competencia en esta falta de consistencia? "Hay que ser competitivos pero también poner los pies sobre la tierra, es muy difícil pelear para ser campeones en los dos frentes", dijo Holan tras el cotejo ante los tucumanos. Obligado a rotar de un partido a otro, la realidad es que Independiente no encuentra estabilidad. Inalterable en su vocación ofensiva aunque eso signifique arriesgarse a quedar expuesto en la retaguardia, el equipo intenta gobernar a base de intensidad y empuje, pero el primer pase de Domingo solo ocasionalmente tiene continuidad en la segunda línea de ataque; Gaibor no acaba de ser el enganche esperado; Silvio Romero y Menéndez no desbordan por afuera; Benítez, Leandro Fernández y Gigliotti alternan buenas y malas, y las subidas de los laterales carecen de definición.

En este contexto, la gambeta de Meza resultaba fundamental para abrir surcos y atemorizar a los rivales. Pero Independiente la perderá a partir de hoy y durante los 20 o 30 días en los que se jugará el futuro a corto y mediano plazo. Reemplazarlo con tanto juego como esfuerzo pasará entonces a ser el gran desafío.

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