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Una decisión de impacto incierto para la estructura de condenas

Miriam Leitão
Miriam Leitão MEDIO: O Globo
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4 de abril de 2018  

RÍO DE JANEIRO.- Probablemente, el habeas corpus presentado por Luiz Inacio Lula da Silva sea el inicio de un nuevo entendimiento del Supremo Tribunal Federal (STF) en lo que refiere al momento de enviar a un reo a prisión. "No es un caso vinculante, pero nada impide que el propio plenario decida que el beneficio deba ser extendido", dice un ministro del STF, que está en contra del cambio. El ministro Gilmar Mendes, que está a favor, también dice que el juicio permitirá volver a cuestionar el encarcelamiento después de la segunda instancia.

Mendes llegará hoy a Brasil para la sentencia del recurso presentado por el expresidente. Señala que el habeas corpus es juzgado ahora como una acción subjetiva y no objetiva, y agrega: "En el plenario, el tribunal puede fijar una nueva orientación en cualquier proceso".

Como es sabido, hay dos posturas en el tribunal sobre esa cuestión. Pero en cuanto a la interpretación de lo que sucederá hoy, no hay tanta diferencia en la práctica. "Aunque la decisión sea proferida en este caso concreto, marcará un cambio de entendimiento del plenario", afirma otro magistrado.

Lo que se decidirá es si Lula irá preso o no, dado que ya fue juzgado en segundo grado. En el STF explican que si el plenario concede el habeas corpus, la decisión terminará valiendo para otros condenados en segunda instancia. "Si eso pasa, será apenas una formalidad discutir si tendrá repercusión general o no porque el juego estará jugado", explica un ministro.

Aun así, el grupo que pugna para que el inicio del cumplimiento de la pena pase a ser efectivo apenas agotados todos los recursos judiciales intentará asegurarse en el plenario que la decisión vaya más allá de Lula y tenga repercusión general.

Y en esta semana de gran expectativa, se puede producir un cambio de dirección de la tendencia que imperaba hasta el momento. En 2009, el STF había votado por la prisión una vez agotados todos los recursos, lo que aplaza el castigo del condenado para "las calendas griegas", según la expresión irónica de un ministro. Pero en 2016 se recurrió al STF tres veces y en esas tres dictaminó que luego del juicio de mérito, es decir, la condena en segunda instancia, el reo puede comenzar a cumplir la pena.

El primer juicio del STF en 2016 sobre el asunto fue exactamente por un habeas corpus. El resultado fue de siete contra cuatro a favor del cumplimiento de la pena inmediatamente después de la segunda instancia. En aquella época, el ministro Dias Toffoli votó en ese sentido. Después cambió de idea cuando intentó buscar un camino medio: votó para se tuviera que recurrir por lo menos al Superior Tribunal de Justicia. Enseguida se dictó una medida cautelar en la acción declarativa que fue apoyada por el ministro Marco Aurelio. Después, en un caso de repercusión general a cargo del fallecido ministro Teori Zavascki, seis votaron a favor de que la prisión tuviese lugar tras la segunda instancia. Con esos tres juicios, el asunto parecía concluido. Pero no, el debate se volvió a abrir y ahora será discutido nuevamente por el habeas corpus de Lula. Si, como todo lleva a creer, se formara una nueva mayoría, el cambio favorecerá a Lula y a cualquier otro condenado, cualquiera que sea el delito.

Los defensores de la prisión en segunda instancia tienen la expectativa de que la ministra Rosa Weber cambie de posición, pero no es más que la expresión de un deseo. Parece poco probable. Weber ya dijo que un condenado debe ir preso recién después de agotar la última instancia, exceptuando casos muy específicos.

Todo el alboroto gira en torno de una cuestión falsa, ya que los tribunales superiores no discuten el mérito. Entonces tiene mucho más sentido que la prisión sea efectiva tras la confirmación de la sentencia en segunda instancia, sin perjuicio del derecho de recurrir a puntos específicos.

Traducción de Jaime Arrambide

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