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Emprendedores

Arriesgaron sus trabajos y profesiones por un sueño que no sabían si iba a funcionar

Verónica De Martini
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6 de abril de 2018  • 00:04

Él abogado, ella Lic. en Marketing, decidieron dejar todo para poner su propio local de equipos deportivos y organizar viajes de surf.

Cualquiera que los conoce no sabría de quién hablamos si decimos Pablo Martín Pazos y María Fernanda Laborde, es que para todos son Pipi y Nani, los encargados de llevarte a surfear todo el año.

"Yo soy del palo de la nieve y Pipi del palo del surf", describe Nani cuando habla de ellos mismos, una pareja que supo juntar ambos deportes y hacer un negocio familiar.

Era 2004 y Pipi, abogado, sentía la necesidad de hacer algo que lo conecte con el deporte. Entonces se asoció con un amigo y empezaron a fabricar fundas y accesorios para surf, nieve y todo tipo de deporte. A la par, con otro conocido de Mar del Plata empezaron a fabricar tablas de skate y skimboard y empezó a distribuir accesorios de diferentes marcas.

"Yo me estaba por recibir de Lic. en Marketing, venía de hacer un intercambio laboral en Aspen y tenía ganas de hacer un proyecto laboral dedicado a eso. Quería tener algo propio, desarrollar un negocio y que esté relacionado con la nieve. Nos conocimos y nos potenciamos con sus ideas y con las mías", cuenta Nani.

El comienzo de Riders al Garage

Se la jugaron por el deporte. Pipí abandonó por completo la abogacía y Nani renunció a su trabajo para llevar sus conocimientos de Marketing a su nuevo proyecto: en el 2008 hicieron la primera feria de venta de equipos y accesorios para deportes como surf, skate, snowboard; algo así como una venta de garage. Durante tres días vaciaron una casa chorizo en Parque Patricios y la convirtieron en un local. "Salió buenísimo. La difusión fue por eventos de Facebook que era algo bastante nuevo en ese momento y generó impacto. Nos tocaron el timbre y empezó a caer gente, de repente era un local explotado de gente, algunos por ejemplo tenían escuelita de surf en Mar del Plata, venían y repartían volantes. No existía nada similar, era un nuevo concepto dentro de este mercado, fue innovador y llamó la atención de los que están en estos deportes" recuerdan los chicos.

Fue algo muy novedoso porque todo lo relacionado con el surf se encontraba en Mar del Plata o con los fabricantes directos, hace 10 años no estaba tan instalado el concepto de que en un solo punto se ofreciera una solución completa, como ahora, de encontrar todos los equipos y accesorios para realizar un deporte en un solo local.

Las ferias les llevaban muchísimo trabajo: eran tres días de armar y desarmar un local con 70 proveedores y luego devolver la mercadería. "Generó mucha atracción porque los precios eran más accesibles, antes estos deportes tenían precios inalcanzables. Nosotros le buscamos la vuelta: vendíamos usado, chicos que corrían para una marca y les pagaban con productos entonces los revendían, buscábamos marcas nacionales que no estaban en los locales y ofrecían mejores precios. Agrupamos todo lo que había en el mercado en un solo lugar. Empezaron a venir marcas a hacer presencia como si fuera un evento" cuenta Pipi mientras recuerda que después se mudaron a una casa en Núñez para seguir con las ferias, pusieron una rampa de skate en la puerta, había promotoras de Red Bull con los autos, se empezaron a sumar marcas más grandes que empezaron a ver una posibilidad de venta. Entonces confirmaron lo que pensaban: esto podía ser un negocio rentable.

Abrieron su primer local, Riders al Garage, en octubre de 2010, en Belgrano. Se casaron, tuvieron dos hijos, sumaron al papá de Nani como socio capitalista, abrieron un segundo local a la vuelta en 2013 solo de indumentaria y hoy los tienen unificados.

Ambos coinciden en que la clave del crecimiento fue la presencia y el empuje que le pusieron desde el primer día. Además le sumaron el plus de que el local cuenta con un taller para arreglos y alquileres de equipos.

Surfear todo el año

La gente se acercaba al local como un primer contacto con el deporte y querían ver de qué se trataba. Algunos querían surfear pero no sabían a dónde ir ni con quién, los chicos les aconsejaban a qué playa ir, dónde dormir, con quién tomar clases y se dieron cuenta de que era mejor llevarlos ellos mismos. "La gente estaba medio sola, si sos el único de tu grupo de amigos que le gusta surfear o querés aprender es un bajón ir solo. A fines de 2011 armamos el primer viaje a Mar del Plata, éramos 20 personas. Tardamos 4hs en cargar las tablas en el techo de la camioneta, salió buenísimo" dice Pipi entusiasmado con el primero de los casi 12 viajes que hacen por año.

Al principio eran mayoría de hombres, hoy está nivelado, incluso al último viaje fueron más mujeres. El promedio de edad es entre 24 y 35 años, pero también hay muchos de 40 e incluso 50 años que se animan a ir. El viaje está pensado para cualquiera que ame el deporte, sin importar la edad. Tampoco importa saber surfear o no, algunos tomaron una clase en el verano y se quedaron con ganas de aprender más, otros hacían deporte de chicos y ahora que sus hijos ya están grandes quieren retomar. Los grupos varían, hay gente que está desde el primer viaje y no se pierde ni uno, y están los que desaparecen porque están estudiando y en cuanto pueden vuelven a aparecer.

Una de las cosas que más lo emocionan a Pipi de los viajes son los grupos que se arman, alguno se hacen amigos más allá: "Hay un vínculo que es compartir algo que te hace bien. No es solo un deporte, es la búsqueda de algo que te haga feliz, conectas desde ese lugar y compartís un deporte que capaz con el resto de tus amigos no. Vos ya sabes que es lo que te gusta a esta edad, y con esta gente compartís lo que te gusta, capaz con tus amigos de toda la vida no tenés un gusto en común, son amigos por otras cosas. Hay grupos donde su principal amistad es la gente de los trip". Ellos mismos los motivan para que después viajen solos, que se junten tres o cuatro y se vayan un fin de semana a la playa, "los deportes necesitan continuidad, tenés que practicar y practicar", asegura Pipi que pasó su adolescencia en un club de rugby.

En los viajes se busca que también sea sostenible para el lugar al que van, todos los proveedores son gente local: se compra la comida de allá, el fotógrafo, el instructor, el bar, de esta manera buscan generar trabajo durante el año a zonas donde el fuerte es el verano.

Combinar trabajo con placer

Mientras hacemos la entrevista va entrando gente al local: un padre en busca de la rueda que se le rompió al monopatín de su hija, otro que quiere comprar un skate. Y ahí mismo ellos lo arman y arreglan, porque el negocio también tiene un taller y la atención personalizada y experimentada tanto de sus dueños como de los empleados, quienes practican los diferentes deportes, es uno de sus fuertes. Este sueño también, requiere un esfuerzo obviamente que hay que seguir empujando "Esto tiene un 99% de vocación, va más allá del resultado económico. Obvio que hay que alimentar a nuestros hijos, por más de que vendamos muchísimo no es que sea un éxito económico y seguimos poniendo plata, pero es porque nos gusta", explica Nani feliz de haber logrado su sueño y poder compartirlo en familia: sus pequeños hijos son parte de todos los viajes y a la par que aprenden a caminar aprenden a subirse a una tabla. Hoy la vida de Pipi y Nani se alterna entre el local y sus hijos, llevar a sus hijos al colegio y compartir esta pasión y estilo de vida que tanto disfrutan.

¿Qué incluyen los viajes?

Clases grupales, bus ida y vuelta, alojamiento en hostel y un asado. Todos participan de cocinar, limpiar, ordenar y se junta la plata para comprar la comida y cerveza, cada uno cumple su función. De todas maneras hay libertad para quienes quieran ir a comer solos.

Destinos: Miramar, Mar del Plata, Chapadmalal, Quequén, Punta del Diablo en Uruguay, entre otros destinos. Y una vez al año a esquiar a Las Leñas.

Equipos: podés llevar los tuyos o alquilar en el local: tablas, trajes, accesorios abrigados para el invierno.

Precios: para que te hagas una idea el viaje más costoso es de 5 días en Semana Santa a Uruguay y cuesta $7900

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