Champions League: Algo de Messi siempre es mejor que no tenerlo

Claudio Mauri
Claudio Mauri LA NACION
Aun con poca participación, Messi es siempre una preocupación extra para el rival
Aun con poca participación, Messi es siempre una preocupación extra para el rival Fuente: LA NACION - Crédito: Adrián Quiroga
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4 de abril de 2018  • 18:19

Que Barcelona dependa de Lionel Messi no es ninguna novedad, pero sí causa sorpresa que cuando el rosarino no es la llave del gol la eficacia esté muy ligada a los goles en contra de los rivales del Barça, que se puso en ventaja con tantos en el propio arco de De Rossi y Manolas.

Aun sin marcar en el 4-1 sobre Roma (resultado exagerado porque Barcelona pasó por apuros a causa de los desajustes defensivos), Messi es el goleador de Barcelona en esta Champions , con seis -14 tiene Cristiano Ronaldo-, y la peculiaridad de que en la lista le sigue "gol en contra", con cinco. En la historia de la competencia nunca un equipo salió tan beneficiado por esta circunstancia, que refleja un mérito del conjunto catalán porque exige al adversario, pero también le quita lucimiento al juego. Hay mucho festejo por carambolas, rebotes y hasta por otro tipo de regalos, como el defectuoso despeje de Kolarov, que le dejó servida la pelota dentro del área a Luis Suárez para una definición liberadora. El uruguayo había pasado más de un año sin marcar por la Champions, desde el 8 de marzo de 2017, cuando convirtió el primero del histórico repunte por 6-1 sobre París Saint Germain.

No saben qué hacer los rivales para destruir una pared entre Messi e Iniesta, quienes hace más de una década que vienen entendiéndose con una pelota. Si no interrumpen la conexión, la probabilidad de que termine en gol es muy alta. Y si alcanzan a interceptar la pelota puede ocurrir lo que le sucedió al emblema de Roma, Daniele De Rossi, la desgracia de convertir un gol en contra como corolario a un corte desesperado.

Volvió Messi a disputar 90 minutos después de la sobrecarga en el aductor derecho que lo había marginado de los dos amistosos del seleccionado argentino. El sábado había ingresado en la última media hora del partido que Barcelona perdía 2-0 ante Sevilla. Ningún partido es igual con Leo dentro o fuera de la cancha. Su influencia es inevitable. Por la preocupación que genera en el adversario y la confianza que irradia hacia sus compañeros. De esa combinación llegó primero el descuento de Suárez y después el empate de Messi.

A Leo se lo vio más activo y participativo que preciso. Sin rastros de la molestia muscular. Con un ritmo de menor a mayor, su conducción y repertorio de pases hicieron más daño en el segundo tiempo a la defensa de Roma. De sus siete remates, tres fueron al arco y dos con la pierna derecha, lo cual facilitó las atajadas de Alisson.

Con más practicidad que continuidad en el juego, Barcelona encarriló esta serie por los cuartos de final, que el martes tendrá el desquite en el Olímpico de Roma. Sin alcanzar la dimensión estelar que Cristiano Ronaldo desplegó ante Juventus, Messi, en una versión más terrenal, igual demostró que es indispensable para Barcelona. Sampaoli y la AFA lo cuidaron durante la gira y el seleccionado acusó su ausencia. El club catalán lo tiene entero para el tramo decisivo de la temporada. Así lo necesitará la Argentina para el Mundial.

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