El mago y payaso que fascina a los más jóvenes

Radagast se presenta hoy, por única vez, en el Gran Rex y luego hará una gira por Estados Unidos y México; reconoce a René Lavand y Alfredo Casero como referentes
Radagast se presenta hoy, por única vez, en el Gran Rex y luego hará una gira por Estados Unidos y México; reconoce a René Lavand y Alfredo Casero como referentes Crédito: PATRICIO PIDAL / AFV
Leni González
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6 de abril de 2018  

Radagast es mago pero no "el Pardo", imaginado por Tolkien. Nada tiene que ver, por más que le insistan, con Adolfo, el cineasta: su apellido es Aristarán y no Aristarain. Tampoco es youtuber y pide, por favor, ser excluído de semejante etiqueta y si es posible, de todas, porque él es, como repite cada vez que puede, Ra-da-gast: "Tengo formación en teatro, clown, malabares, humor físico, magia, música, stand up. Dejé de preocuparme por definiciones para ser Radagast, el nombre artístico que me puso mi hermano. Pero si tengo que elegir cuál es la etiqueta que mejor me define, respondería 'payaso'. Olvidate de la nariz roja y los zapatones, soy payaso porque ellos tienen herramientas diversas que ponen al servicio de la comedia", dice Agustín Aristarán, simplemente Radagast, que el viernes 6 en el Gran Rex, despide el unipersonal multicolor que presenta desde hace casi dos años.

"Empieza con stand up, muy cerca del especial que hice para Netflix en febrero; después habrá magia, dos personajes, humor, juegos más circenses, para terminar con mi banda The Colibriquis. Es un show ecléctico, donde pongo muchísima energía y me da una gran felicidad", dice Aristarán, que comenzó desde muy chico con perfomances callejeras y a la gorra en las plazas de Bahía Blanca, la ciudad de la que partió hace casi quince años para venir a Buenos Aires a estudiar magia. En el último año, convocó miles de espectadores en sus presentaciones y de seguidores en las redes, además de participar en Telefe en los programas En qué mano está, Soy Rada show y La culpa es de Colón, y filmar la película Re Loca, con Natalia Oreiro y Diego Torres, que se estrena en julio.

"Mi gran maestro de magia fue René Lavand. Me enseñó que en el arte lo más importante es el cómo y no el qué, la importancia de las pausas, de la emoción arriba del escenario. Y su filosofía de vida, mucho más que un mago, era René Lavand, un mundo en un tapete y un mazo de cartas", dice sobre una de sus principales influencias. Las otras dos que reconoce son Alfredo Casero (más que Diego Capusotto a quien, sin embargo, se parece más), porque no se perdía nunca Cha cha cha, y el payaso y artista callejero Chacovachi: "Es un revolucionario, una bestia. Cuando era chico e íbamos a Necochea de vacaciones, lo único que queria era ir a la peatonal a verlo, no me importaba la playa ni nada, todas las noches. Ahora quiere que hagamos algo juntos, ¡justo él, a quien le debo dedicarme a esto!", dice Aristarán y señala los brazos tatuados con carpas de circo, el tradicional, su preferido.

No siempre sus performances terminaron con aplausos. En un festival de magia, en Perú, fue abucheado por un grupo de colombianos por un chiste que los ofendió al punto de declararlo "persona no grata" entre los magos de Colombia. Tal vez por esa mala experiencia con la incorrección política, prefiere la práctica del humor blanco, entre naíf y absurdo. "Creo que con el humor se puede decir de todo pero no todo el mundo puede escuchar cualquier cosa. Entiendo que puede resultar ofensivo para quien lo recibe. Los ingleses, por ejemplo, son más amplios para el humor negro. Ricky Gervais hace chistes con nenes que tienen cáncer. No se ríe de los nenes que sufren, hace un chiste. Él puede. O los chistes de judíos o de gordos. Podés hacerlos si sos judío o si sos gordo; si no, caen mal. Esa vez, hace tiempo ya, improvisé y fue desafortunado, aunque me sirvió para que mi nombre hiciera ruido", dice, sin acceder a contar aquel chiste.

En los videos de humor, comparte la escena con sus "cable a tierra", la actriz y estandapera Fernanda Metilli, la actual pareja, y con Bianca, la hija nacida hace doce años gracias a Jorge Guinzburg, el primero que en Buenos Aires le abrió las puertas grandes de Mañanas informales para participar con números de magia: "Fue el Celestino, el que me presentó a la mamá de mi hija. Lo recuerdo con mucho cariño, era muy exigente y muy generoso, coherencia pura entre lo que decía y hacía".

Antes que los videos en Instagram realizaran la magia de multiplicar de manera exponencial sus seguidores en menos de tres años -sugerencia de su amigo Federico Cyrulnik (hermano de Jimena)-, trabajaba, sobre todo, en el mundo de los eventos donde la paga es segura pero al público hay que ganárselo entre cada bocado porque "no está ahí para verte sino para comer, bailar, criticar, conocer a alguien. Hay que remar, como en la calle, y eso me gusta, se aprende mucho". Sin negar que las redes sociales le han cambiado la vida, las pone en su lugar: "No me importa lo que opinan otros. Un viral es un hit pero dura poco, sube y baja si no hay otra cosa detrás. Lo mio fue muy paulatino, un largo proceso que lo sé yo y los que me conocen. No me siento un impostor y me siento bien con lo que está pasando", responde a quienes consideran que "la pegó" de un día para el otro. Después del Gran Rex, le espera una gira por México y los Estados Unidos, más el estreno de nuevo show en septiembre en el Metropolitan.

Radagast

  • Hoy, a las 20.30.
  • Gran Rex, Corrientes 857.
  • Entradas, desde $300.

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