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El Brexit y la unión aduanera de la UE

Un tema que apenas fue mencionado en la campaña por el referéndum puede ser un gran obstáculo
The Economist
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5 de abril de 2018  

Salir de la Unión Europea podría tener fuertes implicaciones comerciales
Salir de la Unión Europea podría tener fuertes implicaciones comerciales Fuente: Archivo

El Brexit continúa creando sorpresas. Ahora, la cuestión de una unión aduanera con la Unión Europea (UE) se colocó en el centro de la escena. Sin embargo, esta cuestión que suena técnica apenas fue mencionada en el referéndum por el Brexit y pocos votantes o incluso parlamentarios entienden realmente de qué se trata. El concepto es antiguo. El Zollverein, que abolió los aranceles entre los estados alemanes en la década de 1830, es un ejemplo famoso. La unión aduanera de la UE data de sus inicios en 1956, aunque no se completó hasta 1968. Como un área de libre comercio, una unión aduanera elimina aranceles y cuotas internas, pero agrega aranceles externos comunes. Por definición, dejar la UE significa salir de su unión aduanera. Pero no impide formar una nueva unión aduanera con la UE, como lo han hecho Andorra, Mónaco y a mayor escala Turquía.

Al eliminar aranceles y cuotas la unión aduanera facilita el comercio. La unión aduanera de la UE es esencial para cadenas de provisión en todo Europa, con autopartes y repollos cruzando fronteras libremente de aquí para allá. A diferencia de un área de libre comercio, no hay costosas reglas respecto del origen de los productos a determinar el origen de las mercaderías. Pero una unión aduanera tiene sus aspectos negativos. Como descubrió Turquía, ser parte de la misma imposibilita hacer acuerdos de libre comercio de productos con otros países. Pero, significa que los acuerdos que la UE hace automáticamente abren el mercado turco sin dar a Turquía derechos recíprocos (las importaciones baratas de México, por ejemplo, pueden entrar a Turquía aunque no tiene ningún acuerdo de libre comercio con México). La unión aduanera de Turquía es parcial, excluyendo productos agropecuarios y no cubre servicios. Hay prolongados controles en la frontera turca con la UE.

Hace un mes, Corbyn trató de encontrarles la vuelta a estos problemas exigiendo no solo una unión aduanera general sino también el derecho de hacer acuerdos comerciales y tener voz en las futuras negociaciones de libre comercio de la UE. Es improbable que Bruselas acuerde esto formalmente; y la Corte de Justicia Europea se negaría a permitirlo. Pero Gran Bretaña, con más peso que Turquía, podría asegurarse un derecho informal de consulta en cuanto a acuerdos comerciales de la UE.

El gobierno sigue descartando cualquier unión aduanera. El 27 de febrero Liam Fox, el secretario de Comercio Exterior, sostuvo que la mera noción de ellos significa "vender" los intereses de Gran Bretaña. Pero una unión aduanera que solo cubriera bienes permitiría acuerdos de libre comercio en servicios, lo que Fox promueve enérgicamente. Y los beneficios de posibles acuerdos futuros son más pequeños y más distantes que las pérdidas inmediatas por abandonar la UE y sus acuerdos de libre comercio con terceros países. Este argumento lo esgrimió el exsecretario de Fox, sir Martin Donelly, que asemejó la posición de su antiguo jefe a rechazar una comida de tres platos ahora en favor de un paquete de papas fritas después. El Tesoro también teme que los beneficios futuros son demasiado remotos como para compensar las pérdidas del presente. Lo mismo piensa la Confederación de la Industria Británica, que quiere "una unión aduanera por ahora", es decir hasta que se materialicen acuerdos futuros. Otro lobby empresario, el Instituto de Directores, sugiere una unión aduanera que excluya la mayoría de los productos agropecuarios procesados y los servicios para que estos puedan estar en acuerdos de libre comercio.

El asunto aduanero viene unido a otro dolor de cabeza del Brexit: evitar una frontera dura con Irlanda. La Comisión Europea difundió un texto legal del acuerdo de retiro del artículo 50 cuyos principios acordó con Gran Bretaña en diciembre. El escrito define la opción para evitar una frontera, que consistiría en mantener a Irlanda del Norte en una unión aduanera y plenamente alineada con las reglas del mercado único. Esto implica que podría haber una frontera en el Mar de Irlanda, idea rechazada por los Demócratas Unionistas, que apuntalan al gobierno de Theresa May. Si no puede haber frontera en tierra o en el mar, aún se le podría imponer a la primer ministra una unión aduanera.

Gran Bretaña subestima el daño a Irlanda del Norte

El campo de batalla más sangriento de Gran Bretaña en el último medio siglo no fue en Medio Oriente, los Balcanes o el Atlántico Sur. Fue en casa. Mil soldados británicos y policías fueron asesinados en Irlanda del Norte durante tres décadas, el doble del número de muertos en Irak y Afganistán juntos. El número de muertos civiles también fue el doble.

Hace veinte años ese conflicto terminó con el Acuerdo del Viernes Santo, también llamado Acuerdo de Belfast. A medida que Gran Bretaña e Irlanda suavizaban cada vez más su reclamo por la provincia, protestantes y católicos acordaron compartir el poder en Stormont. La pregunta centenaria de a quién pertenecía Irlanda del Norte fue cuidadosamente enterrada para que las generaciones futuras la descubrieran cuando estuvieran listas.

Ahora la inminente salida de Gran Bretaña de la Unión Europea, prevista por nadie en 1998, ha planteado la cuestión nuevamente, mucho antes de que Irlanda del Norte tenga una respuesta. Los conservadores gobernantes de Gran Bretaña tratan esto como, en el mejor de los casos, un detalle y, en el peor de los casos, una irritación en el camino al Brexit. Eso es un error, posiblemente fatal.

Después de dos décadas de paz, Irlanda del Norte se transforma y no, a la vez. La violencia ha disminuido hasta el punto en que el índice de criminalidad es más bajo que el promedio británico. Sin embargo, bajo el vendaje del Acuerdo del Viernes Santo, la curación ha sido lenta. Los protestantes y los católicos aún llevan vidas segregadas. Solo el 5,8% de los niños se encuentran en escuelas primarias formalmente integradas. Stormont está atascado y ha sido suspendido por más de un año.

En Londres algunos dicen que esto muestra que el Acuerdo del Viernes Santo ha fallado. Eso es malinterpretar su propósito. Los acuerdos de paz detienen los conflictos; la reconciliación y la integración son tareas generacionales. Movilizados por los gobiernos británico e irlandés, las partes de Irlanda del Norte hasta hace poco mantenían la fe. La sociedad está cambiando muy lentamente, pero avanza poco a poco.

El Brexit ahora amenaza esta situación. Gran Bretaña e Irlanda están demasiado distraídas para prestar suficiente atención a Belfast, que se parece al niño en un amargo divorcio. Gran Bretaña desperdició su posición como árbitro neutral cuando los conservadores formaron una alianza de gobierno con el principal partido unionista de Irlanda del Norte y la oposición laborista votó a una republicana como su líder. El gobierno irlandés ha agravado las tensiones al revivir las conversaciones sobre la unificación. Ambos primeros ministros ahora deben hacer todo lo posible para demostrar que están comprometidos con la puesta en marcha de Stormont.

Sobre todo, el Brexit ha revivido las preguntas persistentes sobre la identidad. El Acuerdo del Viernes Santo y la membresía a la UE de ambos países permitieron a las personas olvidar si se sentían irlandeses o británicos. Su opción de doble ciudadanía, la frontera invisible y la creciente cooperación norte-sur, desde los mercados energéticos hasta la atención de la salud, atenuaron la distinción. Pero ahora el Brexit la agudiza de nuevo.

Esto es más claro en la frontera. Gran Bretaña dice que dejará el mercado único y la unión aduanera de la UE, y que nueva tecnología le permitirá hacerlo sin ninguna infraestructura o inspecciones nuevas en la frontera irlandesa. La UE (y muchos otros) dudan de que esto sea posible. La UE argumenta que dicha tecnología aún no existe y dice que si Gran Bretaña no puede presentar un plan más convincente, Irlanda del Norte debe mantener el alineamiento aduanero y normativo con la UE. En efecto, eso crearía una frontera entre Irlanda del Norte y Gran Bretaña.

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