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Más incertidumbre para una campaña áspera y judicializada

Alberto Armendáriz
La recta final a las elecciones presidenciales se dará en un marco de incertidumbre donde nadie sabe si Lula seguirá como candidato
La recta final a las elecciones presidenciales se dará en un marco de incertidumbre donde nadie sabe si Lula seguirá como candidato Fuente: Archivo
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5 de abril de 2018  • 00:20

RÍO DE JANEIRO.- La decisión del Supremo Tribunal Federal (STF) de negar el pedido de habeas corpus preventivo a Luiz Inacio Lula da Silva deja al popular expresidente sujeto a ser enviado a la cárcel en cuanto el juez federal Sergio Moro de la orden de detención, pero no despeja las dudas sobre el impacto que la decisión de la Corte tendrá en la campaña para las elecciones de octubre. La incertidumbre continuará en Brasil en los próximos meses.

"Estamos frente a un momento inédito en la historia electoral brasileña, con un escenario totalmente desconocido. Se judicializaron aspectos de la contienda electoral que dejarían afuera a Lula, el candidato favorito", explicó a LA NACION Paulo Calmon, profesor de Ciencias Políticas de la Universidad de Brasilia.

"Gracias a las investigaciones de la Operación Lava Jato, se cambiaron las reglas de financiamiento de las campañas electorales y no habrá aportes de grandes empresas. Y el impeachment de Dilma Rousseff que permitió el ascenso a la presidencia de Michel Temer dejó como resultado una ruptura en la tradicional política de coaliciones de Brasil, con una atomización de candidaturas. Todavía es muy temprano para saber cuál será el resultado de todo este proceso", agregó.

Hasta ahora, contra viento y marea, la cúpula del Partido de los Trabajadores (PT) había machacado en que anotaría a Lula como candidato; confiaba en que podría revertir en los tribunales la condena en segunda instancia contra su máximo líder o que, al menos, Lula estaría en libertad para hacer campaña hasta los comicios. Esas posibilidades se alejaron aún más ayer. Y, aunque a los petistas le cuesta entenderlo, la legislación electoral ya era muy clara: la llamada Ley de Ficha Limpia vuelve inelegible a cualquier candidato sobre el que pese una condena en segunda instancia, como es el caso del expresidente.

En paralelo a los desesperados esfuerzos jurídicos por intentar evitar el arresto de Lula en los próximos días, la dirigencia del PT deberá empezar a tomarse en serio las alternativas que le quedan con Lula tras las rejas. Puede insistir con el grito de "elecciones sin Lula son fraude" y abstenerse de participar en unos comicios "ilegítimos", o buscar presentar una candidatura alternativa, ya sea propia o en alianza con alguna otra fuerza de izquierda. Los nombres de candidatos propios que más suenan son el exalcalde de la ciudad de San Pablo Fernando Haddad y el exgobernador del estado de Bahía Jaques Wagner, ninguno con el peso de Lula y ambos con mucho rechazo incluso en las filas petistas. Armar una candidatura de coalición con algún otro partido de izquierda parece más difícil porque sus aliados naturales han ya lanzado sus nominaciones por separado: Ciro Gomes por el Partido Democrático Laborista (PDT), Manuela D'Avila por el Partido Comunista de Brasil (PCdoB) y Guilherme Boulos por el Partido Socialismo y Libertad (PSOL).

Frente a esta fragmentación de la izquierda, el segundo candidato mejor colocado en las encuestas de intención de voto, el diputado ultraderechista Jair Bolsonaro, del Partido Social Liberal (PSL), podría intentar sacar provecho. Pero ha basado su candidatura en la confrontación con Lula y sin el exmandatario en la carrera, muchos analistas creen que perdería gran impulso, además de que también le juega muy en contra el alto grado de rechazo que genera en amplios sectores de la población por sus declaraciones machistas, racistas, homofóbicas y en defensa de la dictadura militar.

Se abriría entonces espacio de crecimiento para una candidatura de centro. Allí buscan competir -por la centroizquierda- el gobernador del estado de San Pablo, Geraldo Alckmin, del Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), y por la centroderecha el ministro de Economía Henrique Meirelles, que se lanzaría por el oficialista MDB pese a las reticencias de Temer, qun fantasea con tener alguna chance para la reelección a pesar de su impopularidad récord. Hasta ahora, Alckmin no ha logrado arrastrar grandes apoyos en el electorado y Meirelles tiene carisma cero para convertirse en un fenómeno de último momento.

En cambio, quien podría irrumpir pronto con fuerza en el panorama electoral sería el expresidente de la Corte Suprema Joaquim Barbosa, a punto de afiliarse al Partido Socialista Brasileño (PSB). Barbosa, elegido por Lula para el STF, sorprendió cuando en 2012 comandó el juicio contra la antigua cúpula del PT por el escándalo del "mensalão" de 2005. Con una clara postura anticorrupción, un carácter firme y una línea de acción independiente, se volvió un personaje sumamente respetada. Carga a sus espaldas con una historia personal de superación de la pobreza, al igual que Lula, pero en gran parte debido su voluntad por educarse, y es, además, negro, que en un país donde hoy el 54% de la población se identifica como de color, podría resultar una novedosa plataforma de lanzamiento. Considerada por muchos críticos del exmandatario como una victoria de la Operación Lava Jato frente a la búsqueda de impunidad de los políticos poderosos, la caída en desgracia de Lula no hace más que fortalecer las chances de un outsider de la política que tiene sólida experiencia en la Justicia.

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