Jamie Hewlett, la mente detrás de Gorillaz

Delfina Krüsemann
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8 de abril de 2018  

El cocreador de la banda junto a Damon Albarn, habla de su flamante libro retrospectivo y del proyecto de una serie de televisión protagonizada por 2-D, Noodle, Murdoc y Russel
El cocreador de la banda junto a Damon Albarn, habla de su flamante libro retrospectivo y del proyecto de una serie de televisión protagonizada por 2-D, Noodle, Murdoc y Russel Crédito: Jamie Hewlett/Gentileza Taschen

De todas las noticias musicales de 2017, puede que el regreso de Gorillaz (con nuevo álbum, Humanz, y el tour mundial homónimo) haya sido una de las más resonantes. Y, con toda seguridad, era la más esperada por los fans. Es que, con aquel anuncio, sus fundadores, los ingleses Damon Albarn y Jamie Hewlett, daban por concluido un período de silencio creativo y distanciamiento personal de siete años. La gira, con unas 75 fechas, llevó a los artistas reconciliados por más de 25 países, de Corea del Sur y Japón a los Emiratos Árabes, de Francia y Rusia a Brasil y la Argentina; entre más de una veintena de músicos invitados, dijeron presente la mítica Carly Simon, el rapero Mos Def y el exarchienemigo de Albarn, Noel Gallagher, de Oasis. "Lo que pasó fue realmente impresionante. Para que te des una idea, en solo 24 horas, se agotaron las entradas para nuestros 17 shows en los Estados Unidos. Se ve que estos chicos nos estaban esperando", dice Hewlett, con esa típica seguridad en sí mismo que a fines de los 80 lo convirtió en uno de los niños terribles británicos más desfachatados.

La génesis de la banda, aunque conocida, no pierde su encanto: a fines de los 90, Albarn y Hewlett, por entonces dos treintañeros que ya sabían de qué se trataba el éxito (Damon era líder de Blur desde 1989, mientras que Jamie había rechazado un trabajo en DC Comics tras su consagración con la serie en formato cómic Tank Girl, publicada por primera vez en 1988), compartían un departamento en Notting Hill. Ambos acababan de separarse de sus novias y, por más aburrimiento que duelo, mataban las horas frente a la pantalla de televisión. "Si ves MTV por demasiado tiempo, es un poco como el infierno: no hay nada de sustancia ahí. Así nos surgió la idea de una banda virtual que fuera una crítica a eso", explica Hewlett en el documental Bananaz, de 2008.

De esa mezcla de tedio, indignación y ganas de sacudir el status quo de la industria musical nacieron las dos formas de arte que forman Gorillaz. Por un lado, la música compuesta por Albarn, que es, a su vez, un mix de géneros, desde el rock alternativo hasta el hip hop, la electrónica y el dub, y con influencias -árabes, africanas, latinas- tan variadas como los artistas invitados que suele convocar Damon. Por el otro, los entrañables personajes creados por el lápiz audaz y la imaginación delirante de Hewlett: 2-D, Noodle, Russel y Murdoc, quienes fueron, durante años, los protagonistas indiscutidos del show, al punto que Damon y la banda de carne y hueso tenía que tocar detrás de una pantalla en la que se proyectaban los músicos virtuales.

Crédito: Jamie Hewlett/Gentileza Taschen

A 18 años del lanzamiento de su primer single (el inolvidable Clint Eastwood, cuyo videoclip animado tenía referencias al western El bueno, el feo y el malo, pero también al cómic Resident Evil y a la coreografía de Thriller de Michael Jackson), Gorillaz está de vuelta. La sorpresa, tal como se vio en su show en Tecnópolis, es que 2-D, Noodle, Russel y Murdoc no brillan como antes en el escenario, aunque sí cobran nueva vida en otros formatos: historias multimedia, una app de realidad aumentada, cuentas propias en Instagram y hasta un contrato exclusivo con Jaguar para Noodle, la joven guitarrista japonesa que, según la marca automotriz, es la embajadora global que "inspirará a la próxima generación de ingenieros a sumarse a la revolución de los autos eléctricos".

Hewlett es experto en darles vida a personajes de ficción que impactan en sus seguidores, tanto visual como emocionalmente. Desde sus explosivos tiempos de Tank Girl hasta ser elegido mejor diseñador del año en 2006 por el Museo de Diseño de Londres y convocado por la prestigiosa galería Saatchi para una exposición retrospectiva en 2015, él está acostumbrado a que su trabajo llame la atención. Por eso, suena lógico que la editorial Taschen haya decidido publicar En la mente de Jamie Hewlett: 25 años de creatividad, de Gorillaz a The Suggestionists, un libro que recopila más de 400 obras del dibujante. Y, aunque no suele ser amigo de los reportajes, este lanzamiento editorial lo pone de buen humor para someterse a una entrevista telefónica con LA NACION revista.

-¿Cómo surgió la idea del libro?

-Durante los últimos años, varias editoriales importantes se me acercaron a decirme que tenía que hacer un libro, pero yo no estaba listo. Sinceramente, la idea me parecía demasiado trabajo (risas). Hasta que, hace unos tres años, sentí que era el momento. Entonces, fui a ver a todos los que me habían hecho una propuesta antes, pero nadie estaba muy emocionado ahora. "Los libros se están muriendo, es un proyecto muy caro", me respondían. Excepto por Taschen, que para mí tiene los libros más hermosos del mundo. Así empezó un trabajo de dos años superintenso, porque recién durante los últimos diez años vengo digitalizando mis ilustraciones; antes, daba mis obras a quien iba a publicarlas y, claro, ambos nos olvidábamos de la devolución. Tuve que convertirme en una especie de detective-arqueólogo para recuperar mis cosas y, de todos modos, creo que en el libro solo hay un 5% de lo que hice en los últimos 25 años. Igual, está lo mejor y, obviamente, hay mucha basura que no puse. Hice algunas cosas realmente horribles y está bien que eso se haya perdido (risas).

Crédito: Jamie Hewlett/Gentileza Taschen

-¿Cómo fue la experiencia de reencontrarte con tu trabajo?

-Fue bastante catártico ir atrás en el tiempo y redescubrir todo lo que había hecho. Esas ilustraciones son como un diario de mi vida, dicen mucho de mí. Las veo y me recuerdan la época en las que las dibujé: dónde estaba, con quiénes salía, qué música escuchaba. Así que todo fue bastante conmovedor. Pero el proceso también me hizo dar cuenta de cuánto tiempo pasó y lo viejo que estoy. Todavía me consideraba bastante joven, casi como un chico, pero de repente caí: ¡este año voy a cumplir 50! Fue una cachetada en la cara (risas). A pesar de todo, es un mimo enorme al ego pasar días y meses enteros mirando el propio trabajo. De repente, me quedaba absorto en un dibujo por horas, recordando cosas. Uno no puede hacer eso muchas veces en la vida. Con suerte, voy a poder hacer otro libro en 25 años.

-En ese proceso, ¿te sorprendió más encontrar una misma esencia que no cambió, o te llamó más la atención tu evolución como artista?

-Diría que vi más la evolución de mi trabajo, pero muchos amigos que vieron el libro me dijeron, por ejemplo, de unos dibujos de pinos que hice cuando era muy joven: "Esto es tan vos". Para mí, es algo muy diferente de lo que hice después en mi carrera, pero ellos identifican el mismo espíritu. Igual, pienso de una manera muy particular en mi trabajo. No es que veo una obra y rememoro qué éxito tuvo, o cómo repercutió en el público, sino que estoy más enfocado en recordar la parte técnica. Soy bastante nerd, pienso cosas como: "Ah, acá estaba usando un lápiz modelo HB". Esas son las cosas que me obsesionan y fascinan: ver la técnica que estaba usando en ese momento y si la logré dominar, o si me cansé y pasé a otra cosa.

-¿Te considerás un adicto al trabajo?

-Definitivamente. Tengo una relación intensa con mi arte. Dibujo todos los días: es mi droga, me eleva. Aunque no siempre es un trabajo que disfruto, porque puede ser muy duro. Cuando la cosa va bien, estoy feliz como nunca. Pero, cuando va mal, es un sentimiento espantoso. El trabajo controla bastante mi estado de ánimo. Hay días en los que salgo del estudio con cara larga, gritando: "¡Es horrible!". Ahí, mi esposa me mira, me sirve un vaso de vino y me reconforta como a un nene: "Todo va a estar bien" (risas).

Crédito: Jamie Hewlett/Gentileza Taschen

-¿Cómo es ser un artista visual que trabaja en la industria musical?

-Mucho más difícil todavía. Porque los demás no entienden cuánto tiempo lleva crear y animar todo un videoclip, por ejemplo. Entonces, se pueden pasar dos semanas enteras discutiendo intensamente sobre qué single lanzar, y una vez que lo deciden, me dicen: "Bueno, ¿para la semana que viene tenés todo, no?". Están locos. Pero bueno, le hago frente al desafío.

-Trabajar con Damon también debe ser un enorme desafío.

-Mi relación con Damon es muy intensa. De todas las personas que conozco en el mundo, es la única con la que puedo ser 100% honesto, y a él le pasa lo mismo conmigo. Creo que es algo genial porque, si a él no le gusta algo mío, me lo puede decir sin rodeos ni eufemismos, y yo puedo hacer lo mismo. De esa manera, no perdemos tiempo, vamos al grano. La dinámica es más o menos así: uno sugiere algo, el otro dice que es una pésima idea, entonces nos mandamos a la mierda mutuamente y, en medio de la pelea, eventualmente llegamos a una gran solución juntos. Así nos pasamos 13 años, todos los días, así que ambos necesitábamos un recreo después de Plastic Beach. Ahora estamos de vuelta y está buenísimo. Tengo muchísima suerte: Damon siempre hace música fantástica, es muy fácil inspirarse para dibujar con sus canciones.

-Crearon Gorillaz porque, mirando MTV a fines de los 90, se sentían asqueados con la música y el ambiente de ese momento. ¿Qué puntualmente los llevó a volver?

-Lanzamos Demon Days después del 11 de septiembre de 2001, cuando el mundo cambió. Ahora, sentíamos que el mundo había cambiado de vuelta, que estaban pasando algunas cosas terribles y que había algo que nosotros podíamos decir sobre todo eso. Además, extrañaba a Damon, el proceso creativo que teníamos juntos y a los personajes. Es como que podíamos, a través de ellos, decir cosas que queríamos poner ahí afuera, pero sin dar sermones: casi como mandar mensajes subliminales a través de las canciones y las imágenes.

Crédito: Jamie Hewlett/Gentileza Taschen

-En los siete años sin Gorillaz, la tecnología cambió mucho. ¿Esos avances te permitieron resucitar a los personajes de una manera diferente?

-Bueno, lo que nos pasó es que la tecnología finalmente llegó al mismo nivel de las ideas que teníamos cuando empezamos Gorillaz. O sea, ahora podíamos lograr todo lo que hubiésemos querido hacer en nuestro primer álbum. Pero entonces nos dimos cuenta de que queremos ir en reversa: hacer todo más a la vieja usanza, no usar tanta parafernalia. No hay que dejar que la tecnología tome el control de todo. Por eso, creo que el próximo paso será volvernos más análogos, retro. O hacer videoclips malos, sin dirección, sin edición: simplemente pésimos (risas).

-¿Dibujaste alguna vez a 2-D, Noodle, Murdoc y Russel durante la pausa con Damon?

-¡No, para nada! (risas) Los puse en un cajón en mi cabeza, lo cerré y me focalicé en otras cosas. No quiero hacer Gorillaz todos los días de mi vida. Los amo, pero también necesito cada tanto un recreo de ellos. Me tomé unas vacaciones creativas, experimenté mucho y me vino muy bien. A Damon le pasó lo mismo. Así te mantenés fresco, con ganas de seguir. Siempre fuimos apasionados cuando estuvimos abocados a Gorillaz. Desde ya que hubo trabajo duro, pero siempre estuvimos completamente metidos en el proyecto. Sin tomar atajos, sin hacer las cosas de la manera fácil, sino buscando la mejor manera. Eso solo es posible si trabajás con amor; de lo contrario, la obra no va a ser buena y a la gente no la va a disfrutar. Por eso, los recreos son tan necesarios.

-Ahora que volvieron con todo, ¿qué nuevos proyectos tienen en mente?

-Escribimos una serie para televisión, de diez episodios, y estamos en el proceso de hablar con las personas correctas para hacer algo con eso este año. Y hay otro proyecto, pero está demasiado verde todavía, hay que esperar para poder contarlo.

-¿Tendrá algo que ver con poner a los personajes de vuelta sobre el escenario?

-Bueno, con Humanz, vamos a estar de tour todo este año, y siempre estamos actualizando el show. Por ejemplo, Damon compone canciones todo el tiempo, y se irán sumando al set en vivo... Pero no puedo decir nada más por ahora. Es un secreto. Suena intrigante, ¿no? (risas)

-Siempre te jactaste de dibujar mujeres fuertes, que poco tienen que ver con las clásicas heroínas de pechos enormes y calzas apretadas. ¿Qué pensás del movimiento feminista?

-Bueno, espero que mis dibujos hayan ayudado a cambiar la imagen de las mujeres que suelen tener los típicos hombres jóvenes lectores de cómics que no salen de su casa y se pasan la vida mirando historietas con esas heroínas que describiste. Y siempre estuve muy orgulloso de que Tank Girl tuviera un 65% de lectoras femeninas, porque ese es el público que quiero: mujeres fuertes. En cuanto a lo que está pasando ahora en la industria del entretenimiento, me tocó de manera muy personal. Mi esposa, Emma de Caunes, fue una de las primeras actrices en alzar la voz contra Harvey Weinstein. Fue en la investigación del periodista Ronan Farrow para la revista The New Yorker. La acompañé durante todo el proceso y, obviamente, ella tenía mucho miedo. Pero pudo encontrar el coraje necesario para salir a la luz y estuve superorgulloso. Esa nota abrió el juego a que muchas otras mujeres hablaran, y creo que todas las que se animaron son increíblemente fuertes y valientes. Es un momento histórico: en el futuro, vamos a mirar para atrás y vamos a identificar todo esto como el origen del cambio. Es, probablemente, lo mejor que nos pasó en los últimos dos años. Todo lo demás es pura mierda, empezando por la Casa Blanca plagada de fascistas. Hoy por hoy, el movimiento feminista es el único evento político que me da esperanzas en la humanidad.

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