Mío!: anverso y reverso de una diva en miniatura

Gran trabajo de Lucía Baya Casal y Los Matorrales
Gran trabajo de Lucía Baya Casal y Los Matorrales
Gabriel Isod
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6 de abril de 2018  

Mío! / Dramaturgia: Damián Báez, Lucía Baya Casal, Julieta Carrera / Intérpretes y músicos: Lucía Baya Casal, Damián Báez, Juan Ignacio Fariña, Pablo Sambataro, Matías Tomasetto / Vestuario: Enzo Bonardi, Rosi Bonetto / Escenografía: Gabriel Díaz / Iluminación: Lucas Lavalle / Coreografía: Valeria Narváez / Dirección: Julieta Carreras / Funciones: Viernes, a las 21 / Sala: Centro Cultural de la Cooperación / Corrientes 1543 / Duración: 70 minutos / Nuestra opinión: muy buena

Estamos ante un musical humorístico de pequeño formato, cercano al café concert, que encuentra en la sala Osvaldo Pugliese del Centro Cultural de la Cooperación su lugar ideal. En Mío!, Lucía Baya Casal hace de la diva "Martita", quien, secundada por la banda Los Matorrales, le pone simpatía y humor a un farsesco desengaño amoroso que acaba de sufrir.

Al inicio, el escenario está poblado con los instrumentos del grupo que anuncian una velada de boleros. El vestuario de camisas, tiradores y moño de los intérpretes contrasta con la explosión de color que trae Martita en sus diversos cambios para las caracterizaciones que acompañan cada canción. Rápidamente, el público comprende el juego del divismo de baja estofa, con ínfulas de grandeza que contrastan con la realidad. Martita actúa como si estuviese en una sala enorme e imagina infinitas pancartas de aliento. Ese desajuste entre las expectativas y lo que está a la vista de todos brinda la comicidad. En la misma tónica entra la otra fuente de risas: la distancia entre la Martita pública y la Martita privada. Aquí hay un acierto en el uso del espacio escénico que permite generar un camarín a vistas, donde Martita sufre por su amor no retribuido. Antes de entrar, hay una ruptura de ella con su amado Luis, que aporta la cuota de melodrama de la interpretación. Como es diva, todo en ella está rodeado por el juego del exceso. Así como considera que su talento no tiene límites, Martita también piensa que su dolor es incomparable.

La progresión de la trama es predecible y no constituye el punto fuerte de la pieza. La riqueza de la obra está en todo lo que excede a lo textual, por un lado la música. Con logrados arreglos de Damián Báez y Matías Tomasetto, se encuentran nuevas formas de clásicos festivos que aseguran la diversión de la platea. Y, por otro lado, la pieza se basa en la enorme presencia de su actriz protagónica: Lucía Baya Casal. Juega con el público, lo hace partícipe sin incomodarlo y abraza los momentos de desconcierto con rapidez física y mental. Su formación de clown y la dirección de Julieta Carrera ponen el humor en primer plano. Damián Báez también muestra su histrionismo y es el mejor partenaire de Martita en escena.

El divismo en miniatura y el dolor de la pérdida amorosa que nos propone Mío! es gracioso y resulta fácil reconocerse en él. Es, también, la ocasión para ver a una gran actriz que asegura la risa haciendo una obra a su medida. Y es, por último, una oportunidad para disfrutar de un gran momento musical. Como el mismo anverso y reverso que propone la obra, hay en esa pequeña sala un musical con grandes virtudes.

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