Argentina-Chile: A 18 años de uno de los escándalos más grandes de la historia de la Copa Davis

El momento de la agresión: Zabaleta y el capitán Gattiker intentan cubrirse de la lluvia de proyectiles en el Parque OHiggins
El momento de la agresión: Zabaleta y el capitán Gattiker intentan cubrirse de la lluvia de proyectiles en el Parque OHiggins Fuente: Archivo
José Luis Domínguez
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6 de abril de 2018  • 00:25

En sus más de cien años de trayectoria alrededor del mundo, la Copa Davis ha conocido varios momentos de tensión por enfrentamientos entre países que a veces excedían el terreno del deporte. Pero pocos como el duelo entre Argentina y Chile en 2000. Casi dos décadas después, la "serie de los sillazos" es recordada como uno de los bochornos más destacados en la historia de este certamen, y aún hoy es difícil comprender cómo se llegó tan lejos.

Desde siempre, argentinos y chilenos animaron cada duelo de la Davis como si fuera un clásico; sobre todo en los años 70, cuando Guillermo Vilas descollaba en el conjunto albiceleste y del otro lado estaban Patricio Cornejo y Jaime Fillol, abuelo de Nicolás Jarry, hoy integrante del conjunto chileno que juega en San Juan.

Pero, más allá de algunos cruces verbales, nada llegaría al extremo como aquella serie de 2000, con los ánimos exacerbados. Días antes de la serie, la selección argentina de Marcelo Bielsa había goleado por 4-1 a Chile por las eliminatorias sudamericanas, y el tenis abría la puerta del desquite deportivo del otro lado de la cordillera. Era, en principio, una serie pareja, sin favoritismos marcados. El Chino Marcelo Ríos lideraba el equipo local como número 8 del mundo, acompañado por Nicolás Massú, que recién asomaba en el circuito como 90° del ranking. Del lado argentino, los singlistas eran Mariano Zabaleta, que atravesaba su mejor momento como 21° de la clasificación, acompañado por Hernán Gumy (71°).

Sillazos en la serie de Copa Davis entre Chile y Argentina en el 2000

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El capitán argentino era Franco Davin, que desistió de viajar a Santiago de Chile para atender un problema familiar; lo reemplazó el Colorado Alejandro Gattiker, que ya había conducido el equipo con anterioridad. Guillermo Coria, con la camiseta de River, era uno de los sparrings de la formación argentina. Mariano Hood -hoy asistente de Daniel Orsanic- y Sebastián Prieto -el actual entrenador de Juan Martín del Potro- habían sido designados para el dobles.

El escenario elegido por Chile era el Parque O'Higgins, un estadio nuevo con capacidad para más de 10.000 espectadores; tan flamante que no había terminado de construirse aún para el comienzo de la serie, y por eso las sillas no estaban fijas; sólo había asientos de plástico. "Lo estaban terminando en el medio de la serie. También le daban cerveza a mucha gente, había también público del fútbol, y algunos empezaron a perder el control", recordó Massú.

Ya con un clima tenso, Ríos le dio el 1-0 a Chile al ganarle a Gumy por 6-4, 6-3, 4-6 y 6-1, un resultado lógico. En el segundo duelo del viernes 7 de abril, Zabaleta estaba en ventaja ante Massú por 7-5, 2-6, 7-6 (7-1) y 3-1, muy cerca de alcanzar el 1-1. Desde una de las cabeceras, comenzaron a arrojar monedas, naranjas y otros proyectiles hacia el lado que estaba jugando Zabaleta. El tandilense se acercó a tomar uno de los objetos para mostrárselo al umpire, pero un ball boy se anticipó, lo tomó y lo escondió. Zabaleta lo increpó, una acción que encrespó aún más los ánimos. Massú recibió un warning por no sacar a tiempo, se enojó y dejó pasar varios segundos. La tensión creció y empezaron a volar las sillas. El más lastimado fue Carlos Zabaleta, el padre de Mariano, que sufrió un severo corte en la cabeza por el que recibió 20 puntos de sutura. Como pudo, bajo una lluvia de elementos contundentes, el equipo argentino buscó refugio en el vestuario, y luego abandonó el estadio.

El escándalo en Santiago: los argentinos buscaban protegerse con lo que podían de las sillas lanzadas desde las tribunas
El escándalo en Santiago: los argentinos buscaban protegerse con lo que podían de las sillas lanzadas desde las tribunas Fuente: Archivo

En el hotel, el equipo argentino decidió retirarse de la serie, alegando falta de seguridad. Del otro lado, Chile ofreció terminar de jugar lo que faltaba a puertas cerradas, pero la determinación visitante estaba tomada. Con más picardía -o malicia, según la mirada-, los dirigentes chilenos siguieron siempre de cerca al árbitro general de la serie, el dominicano Toni Hernández, desbordado por los acontecimientos. El sábado, Hernández llegó al estadio, entró en el court y allí estaba el equipo local; los argentinos ya estaban en el aeropuerto, camino a Buenos Aires. "Chile ha ganado la serie por no presentación, pero hay que esperar pues la Argentina presentó un certificado médico en el cual expone que por razones anímicas, físicas y psicológicas no está en condiciones de continuar jugando. El resultado es 5 a 0, sujeto a una ratificación de la Federación Internacional de Tenis", anunció el árbitro general. Desde la ITF, la orden del vicepresidente Juan Marguets era la de continuar el partido sin público. El escándalo, de todos modos, ya había generado fuertes repercusiones y críticas de todo tipo, incluso en la propia prensa chilena.

La cuestión prosiguió semanas después en Londres, en la sede de la Federación Internacional. No hubo manera de darle la serie por ganada a la Argentina, pero Chile fue castigado por los incidentes protagonizados por su público. No se le permitió jugar el repechaje por el ascenso al Grupo Mundial contra Marruecos, y su localía fue suspendida por dos años. Meses después, el equipo argentino salvó la permanencia en la Zona Americana (4-1 a Colombia), y en septiembre del año siguiente consiguió el ascenso al Grupo Mundial. Desde entonces, el clásico contra los chilenos quedó guardado en el arcón de los recuerdos. Hasta este reencuentro en San Juan, con un clima diferente.

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